La chiquilla gemía ahogadamente por la mordaza de su boca, pero sin duda lo estaba disfrutando como la que más. Aproveché un momento en el que mi polla salió de su coñito, para meterla en la boca de Alejandra, que la recibió con gusto. En ese momento, me di cuenta que no me había puesto condón, la situación me había superado, y aunque me preocupé ligeramente, no podía parar para colocármelo. —¡Hijo de puta!, tu mujercita ya me tiene a 4 patas y con el culo en pompa. ¿contento? En ese momento estaba en la gloria, mirando hacia el techo, con la polla metida en la boca de Alejandra, e imaginando como la amiguita de mi mujer estaba a 4 patas y expuesta. Y lo mejor de todo, mi propia mujer allí. Para que aquello fuera perfecto solo faltaría que ellas estuvieran presente en carne y hueso, y ha

