Miré hacia el suelo, levanté la mirada y recorrí su cuerpo desde sus pies desnudos hasta su boca. La boca de Eva me erotizaba demasiado. No hay nada más erótico que unos labios prominentes y apetitosos. -Eva, tú sabes que me atraes, y aunque me encantaría hacer lo que crees que quiero, no puedo ser infiel a mi mujer en mi propia casa y con ella durmiendo. -¿En tu propia casa? Joder, no tenía esa intención al decir aquellas palabras, pero era cierto que podría tener un doble sentido -esto… -¿tu crees que yo traicionaría así a una de mis mejores amigas?- no lo dijo de forma indignada. -Así que una de tus mejores eh. No dijo nada. Yo bajé la cabeza. No se iba. Si esperara que yo diera el primer paso iba lista. Si no se iba es porque quería, no creo que mi mujer fuera tan retorcida como

