Stefan El tiempo se había estirado hasta volverse una sustancia elástica y agónica. ¿Por qué demonios tardaba tanto? Vittoria se había encerrado en el baño hacía una eternidad, y el silencio al otro lado de la puerta era más ensordecedor que cualquier explosión. Ya era la tercera vez que llamaba con los nudillos, con una suavidad que me resultaba ajena, y solo recibía un susurro de "un momento" que no calmaba los demonios danzantes en mi pecho. Quería ser racional, mantener el control que siempre había sido mi escudo, pero una parte de mí, nueva y temblorosa, se negaba. Las palabras de Liam Black resonaban en mi memoria como una profecía absurda: "Deberás armarte de paciencia, Volkov. Te despertará a las tres de la mañana anhelando fresas con chocolate amargo, llorará porque le duelen lo

