Stefan La confesión había quedado flotando en el aire de la habitación, tan tangible como el calor de sus cuerpos entrelazados. Mis palabras eran demasiado sinceras: Vittoria es la mujer que deseo que lleve en su vientre a mis hijos. La idea me da terror, pero solo así puedo asegurar que estará a mi lado para siempre. Es obsesivo, lo sé, y patológico, pero no me importa. En mi mundo, el amor no se mendiga; se secuestra, se posee y se perpetúa. Tenerla así, desnuda y exhausta entre mis brazos, era una verdad tan dolorosa como hermosa. Su cabello, un caos de seda oscura, se esparcía sobre su rostro, dándole una apariencia angelical que contrastaba con la pecaminosa pasión que acabábamos de compartir. Deslicé mi mano por la suave geografía de su espalda, sintiendo el ligero temblor que segu

