Capítulo 43 Siniestros

2387 Palabras

El plan debía continuar. Nuestro siguiente destino era San Petersburgo, una ciudad tejida con hilos de hielo y sombras, el escenario perfecto para nuestra próxima jugada. Kemal Popov nos recibiría; el hombre sabía perfectamente que tenernos como aliados le conferiría un poder incalculable. Él sería el cebo para atraer a James, el anzuelo que haría que ese bastardo mordiera con desesperación. Así tenía que ser. Tras mi reunión con Mario, salí del despacho y me detuve en seco al vislumbrar una escena que hizo hervir mi sangre. Vittoria, mi Vittoria, estaba abrazada a Marco. Sus cuerpos estaban demasiado cerca, sus sonrisas demasiado cómplices. Una ira primitiva, negra y familiar, se enroscó en mis entrañas. Tenía que dejarle claros algunos puntos, y uno de ellos era que se habían acabado es

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