Luisanna se convirtió en mi maldición. Era mi verdugo, mi fantasma y si no la sacaba (de raíz) pronto de mi vida acabaría con mi relación. Jeannette estaba furiosa, dolida, delante de mí, por más que le insistiera en que confiara en mí, no aceptó. La entiendo, yo tampoco viviría con una mujer que tiene a su ex de fantasma respirándole en la nuca. La dejé ir, ella cerró la puerta con fuerza, tanto que el golpe al cerrar hizo eco en la casa. Recordé, inevitablemente, Llamé a Leonard, le pedí que trajera dos botellas de whisky, pasaría las penas hundiéndome en el licor, aparte, le pedí de manera explícita que llegara solo. No quería a Kevin en mi casa, él aseguró que así sería y colgó. Mientras mi mejor amigo llegaba, llamé a Emma. Hablamos de todo y nada a la vez, me contó que ya Mason hab

