Quince días después de mi egreso fui, llevado a la consulta de la doctora Anais. Por supuesto que mi mami y yo fuimos acompañados por mi hermano mayor Edward. Parecíamos en verdad gente adinerada, cuando nos bajamos en la hermosa camioneta de mi amigo. La especialista quería verificar mi estado general. Ya se había cumplido el ciclo completo de mi tratamiento y era necesario realizar un monitoreo mediante un nuevo aspirado de médula ósea. Ya me habían practicado varios y sabía que se trataba de un procedimiento inocuo. Los resultados serían determinantes para tratar de proceder a realizar el tan ansiado trasplante medular que de ser posible, terminaría con aquella pesadilla. Ya Edward se había encargado, a solicitud de Mercedes, de verificar el sitio donde se analizaría la mue

