Patricia desde el primer día de su ingreso fue consentida por todos. Verdaderamente que era una niña muy linda. Sus ojos de intenso negror y brillo divino, expresaban lo que no, sus palabras. Yo la conocí hacía ya más de un año. En esa oportunidad, estaba yo atacado por una de las infecciones que nunca dejaron de acosarme. Ella por su parte, era sometida por una nueva sesión de quimioterapia y de cuando en cuando mi mami me llevaba a que platicara con ella, mientras ella lo hacía con Josefina, su madre y con Mauricio, su padre. Nació una bonita amistad de inmediato, tal como ya la teníamos con varios de los pacientes que frecuentaban al igual que yo, aquella ala del hospital. Los padres de Paty eran maestros en la escuela rural de la misma comunidad donde habitaban. En un princip

