Capítulo XVI

1627 Palabras
Llegó el sábado. Me encontraba en la cocina haciendo el almuerzo. Estaba preparando Linguini en Salsa Alfredo. __ Cariño ya llegué. Ven un momento por favor - me pidió Helena desde la sala - Vic, ve con Sara a jugar a tu cuarto. Yo las llamo cuando esté lista la comida. Salí y Helena me presentó. __ Señores Santana, les presento a mi esposa Juliana. Estaban sentados en el sofá. La mirada de los señores fue de estupefacción, de sorpresa total. __ Juliana Vargas - dije tímidamente mientras estrechaba la mano de cada uno. __ ¿Es usted Vargas de Ensueños Vargas? - me preguntó el Señor. - Si, Señor. Mi abuelo Orlando fue el fundador. En la actualidad lo manejamos entre mi madre y yo. Con su permiso, voy a servir la comida. Helena puso a comer a las niñas en la mesita de Victoria y los adultos nos sentamos a la mesa del comedor. __ Qué pequeño es el mundo, su padre y yo fuimos compañeros de escuela - Dijo el Señor, refiriéndose a papá - Buen hombre, buenas personas. Es una familia muy respetable y gentil. - Es Usted muy amable, Señor - asentí. __ Vamos a hacer un ejercicio - intervino Helena. Comenzó a hacer preguntas casuales respecto a la familia, religión y sus creencias. Sobre los valores humanos y cómo influye la crianza en el individuo. Terminamos de almorzar, recogimos la mesa para llevarlos a su casa. Fuimos todos porque Helena no sabía conducir. __ Gracias por el almuerzo Doctora Cabral - dijo el Señor - Y gracias por lo que ha hecho por nuestra hija. Me ha mostrado una realidad muy distinta a lo que yo creía. __ Dígame algo, Señor Santana. ¿Pondrá sus creencias por encima del bienestar de su hija? __ No, Doctora - dijo con seguridad - Nunca más. __ Lo más importante en la vida es ser buena persona. Amor es amor - puntualizó. Nos despedimos y regresamos a casa. ... Hoy es el día más triste de mi vida. Siento que mi pecho aprisiona mi corazón, y mis ganas de vivir se van fugazmente. No puedo soportar el dolor que me causa ver a Helena, a mi Helena allí metida, en ese ataúd. No puedo evitar llorar desconsoladamente y musitar «Helena mi vida, no me dejes. Llévame contigo mi cielo». La gente me miraba, pero eso a mí no me importaba. Yo sólo quería ver a mi pelirroja preciosa, oír esa risa, sentir esos labios y ver esos ojos verdes grisáceos que me miraban con amor. Su madre tenía más compostura que yo. Ahora tengo miedo. ¿Qué voy a hacer sin mi Helena? ¿Qué será de mi vida sin ella?. Mi madre y mi amiga Victoria estaban consolándome, pero yo sentía morir. Me enloquecí cuando vi como metían el ataúd a la fosa, Vic tuvo que sostenerme. Victoria se fue antes porque le tocaba trabajar al día siguiente temprano. Natalia se fue con la Señora Indira a ordenar el piso de Helena. Yo me fui con mamá y la niña a casa. Le pedí que se encagara de ella, tomé una botella de Ron y me fui a mi antiguo cuarto. Bebí y lloré hasta quedarme dormida. FLASH BACK Cuando Victoria cumplió cuatro años, decidimos viajar todos los fines de semana al piso de Helena para que la Señora Indira y mi mamá compartieran con ella, ya que sus ocupaciones no les permitían viajar a Galicia. Les resultaba más accesible verla en Madrid. Ese sábado salimos las cinco a comer helados al Centro Comercial Las Garzas. Montamos a Vic en el carrussel mientras las adultas estábamos en una mesa al frente conversando. Mi mamá y la Señora Indira lograron fraternizar, nos volvimos una sola familia practicamente. ... Esa noche terminamos de cenar temprano. Helena ordenó la cocina mientras fui a acostar a Vic. Se quedó dormida al instante, ya que había jugado mucho en el día. Bajé a la cocina a tomar agua y luego fui al cuarto. Helena no estaba en la cama, me pareció raro. Entré al cuarto de baño, cuando oí una voz advirtiéndome. __ Cariño, no entres. Pero ya era tarde. Me encontraba dentro y lo que vi, me perturbó. Simplemente me congelé. El lavamanos estaba ensangrentado y habían unas cuantas gotas de sangre en el piso. __ Te dije que no entraras - me reprendió bajando la cabeza - No quería que me vieras así. Tomó varias toallas de papel para manos, se presionó contra la nariz y alzó la cara hacia el techo. __ Yo, lo... siento. Tú ve al recostarte. Yo me encargo, yo lo limpio - le pedí. Limpié todo y me fui al cuarto. Helena me esperaba, acariciando mi lado de la cama. Me incorporé y adoptamos la posición de siempre: Yo con la espalda apoyada en la cama con un brazo rodeando su espalda. Ella con su cabeza apoyada en mi pecho y su brazo descansando en mi abdomen. Con mi mano libre acariciaba su cabello o su cara. Estábamos atrapadas en un silencio ensordecedor. Ambas con ganas de quebrarnos y a la vez haciéndonos las fuertes. __ Juliana, necesito pedirte dos cosas - finalmente dijo en tono serio, poniendo fin al silencio incómodo - No dejes que Victoria me olvide. __ Lo prometo - dije sin pensar. ¿Cuál es la segunda cosa? __ Que me hagas el amor como si no existiera un mañana. No me hice de rogar. Comencé con besos y terminé amándola. La tomé con suavidad, como una muñequita de porcelana. No hubo milímetro de piel sin acariciar, le dije que la amaba más veces de las que pude contar. Finalmente se quedó dormida en mis brazos. Yo sacrifiqué un poco de mi sueño para contemplarla una vez más. ... __ Helena cariño, despierta. Te traje el desayuno. No hubo respuesta. Dejé la bandeja a un lado y me acerqué con temor a la cama. Jugué con su cabello, acaricié sus mejillas y besé sus labios, pero éstos no me respondieron. Me atemoricé al verla allí, inmóvil y en mi desesperación la moví bruscamente para despertarla. Nada. «no, no, no» me dije a mí misma cuando caí en cuenta de la realidad. Tomé mi celular y le llamé a mi mamá. __ Mamá ven pronto, es Helena… No pude decir nada más. Se me hizo un maldito nudo en la garganta, sentía que no podía respirar. Dolía como un cuchillo atravesándome el pecho. __ ¿Qué pasó hija? ¿Dónde está Helena? ¿Y por qué lloras? Voy para allá… No sé cuánto tiempo transcurrió, pero me pareció una eternidad. Mamá llegó con la Señora Indira y me encontraron inmóvil junto a Helena. Mi mamá se acercó para tomarle el pulso, negó con la cabeza y la Señora Indira comenzó a llorar. Hicieron las llamadas pertinentes. El forense llegó y se la llevaron, para estudiar las causas de su muerte y prepararla para el velatorio. Mamá les avisó a Victoria y a Natalia. Al cabo de un rato estaban ellas, Demetrio y Nicolás en el piso. ... En un par de horas nos informaron que todo estaba listo. Me bañé y me arreglé mientras mamá alimentaba a mi hija. Nos fuimos todos juntos a la funeraria. FIN DEL FLASH BACK Han pasado dos semanas y sigo en casa de mamá. No me atrevo a ir al piso de Helena, mucho menos a la casa en Galicia. En ambos lugares vivimos juntas y no soportaría estar allí, sabiendo que no estará conmigo. En mi cuarto fue nuestra primera vez. Todo me la recuerda, es una tortura cada lugar: la Plaza de Mayo, El Centro Comercial Las Garzas, El Centro Comercial Llano Mall. Se me rompía el corazón cada vez que Victoria me preguntaba cuándo volvería su mamá Helena. «Mamá se fue al cielo, dulzura» le repetía, aun sabiendo que no lo entendería. Cinco años después... __ Mamá estoy muy nerviosa. __ No te preocupes Vic, lo harás bien. __ ¿Y si no me eligen? __ Da tu mejor esfuerzo, cariño. Eso es lo que más importa. __ Me gustaría que mi mamá Helena estuviera aquí. La extraño. __ También la extraño, mi amor. Ella nos mira desde el cielo. Le di un fuerte abrazo antes de que subiera al auditorium. Victoria estaba por participar en una audición de piano. Había practicado por meses. Nuestra preciosa niña ya tenía nueve años y era más alta y robusta que las niñas de su edad. Pecosa y pelirroja como Helena, ojos azules y personalidad arrolladora como yo. Si me preguntan como defino el amor en una palabra, para mí sería Victoria. Ella es la prueba irrefutable del amor tan grande que tenía Helena en su corazón. Aunque me resentí al principio, ella me dio el mayor regalo de amor de la vida. En una oportunidad le asomé la posibilidad de la quimioterapia, pero la rechazó. Dijo que no iba a postergar el dolor, ya que no había garantías. Ya había aceptado su destino, por eso luchó para alcanzar sus sueños. Y entregó su vida para dar vida. De vez en cuándo me reunía con Natalia y mi amiga Vic. Ellas insistían en que debía rehacer mi vida, pero por mi parte no pasaba por mi cabeza estar con nadie. Helena formaba parte de mi mente y corazón, nunca me quité el anillo de matrimonio. Me costaba tanto hablar de ella en verbo pretérito. Dolía tanto, pero por nuestra hija debía seguir luchando. __ Mamá ¡Quedé, quedé! - Dijo mi hija pegando brincos de felicidad. __ Estuviste fantástica, mi amor, tienes el talento de tu mami Helena. Vamos a visitarla para darle la buena noticia ¿De acuerdo? __ Sí mami.
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