Aarón
— Imaginaba algo así, por eso no puedo confiar en ella y por más que te lo digo no me tomas en serio — le reclamé, abriendo la puerta de mi coche y tomando mi laptop — de todos modos enviaré mañana la muestra de sangre para el ADN y espero que seas honesto con el listado genético de tu familia para confirmar de quién es la sangre porque el pañuelo es de ella, pero la sangre estoy seguro que no. No peleé con una mujer.
Cortó la llamada sin responder. Guardé el móvil en mi bermuda y me recosté contra el maletero, apoyando la laptop y los puños en mi coche.
Jodido y muy jodido estaba.
Había dejado que un pequeño hilo de confianza sostuviera mi relación con ella, y la muy zorra me engaña, a sabiendas que era el pañuelo de su tía, encima tratando de hacerme ver cómo un estúpido que no sabe que volteó la tela para esconder la inscripción bordada.
¡Maldita seas Samantha Morrison!
Tomé mi móvil nuevamente, perdido en la furia que sentía por su puta culpa y llamé a la única persona que calmaba mi ira.
Dos timbres, tres, cuatro y al fin contestó...
— Hola muñeco — incluso con lo mucho que odiaba que me llamara así, su voz solamente me calmaba.
— No me gusta que me digas así y tú insistes en hacerlo — justo por lo mucho que significaba esa palabra para mí, es que le decía así a Samantha, aunque ahora mismo la quisiera matar por mentirosa y por estropear lo que podía haber surjido entre los dos con sus mentiras. Era tan importante para mí, que se me hacía raro que a mí mujer le molestara justo como me pasaba a mí que usara ese apelativo, y sin embargo amaba en demasía a la persona que me lo decía. Menuda incongruencia.
— No seas gruñón.¿Cómo está ella? — preguntó haciéndome suspirar y me llevé la mano al puente de mi nariz, deslizandolos por ella y cerrando los ojos antes de contestar.
— Mintiendo, que se le da muy bien— dije con sarcasmo.
—¡ Aarón! — su tono de voz indicaba reprimenda — ya sabes que las cosas no siempre son lo que parecen. No la juzgues tan pronto.
— No la defiendas — protesté exaltado — sabes que estoy aquí porque no confío en ella. Su maldita familia destruyó la mía y ahora que tengo la posibilidad de acabar con la suya y quitarle lo que es nuestro... no puedes decirme que las cosas pueden ser distintas. Porque no pueden serlo.
— Ella no tiene la culpa — me recordó una maldita vez más como si fuera parapléjico mental y no me supiera de memoria su argumento santurrón — ni siquiera había nacido. Tienes que superarlo y volver a casa conmigo. Deja a esa chica en paz. No es tu batalla y ya lo hemos multiplicado todo con creces, por favor razona y deja que Caleb haga el resto del trabajo. Es su familia, su abuelo y su interés demostrar su punto. Vuelve conmigo. Esto acabará destruyendote y ya supe que te está gustando esa chica. Sufrirás y la harás sufrir, hasta su primo confía en ella. Vuelve a casa conmigo por lo que más quieras.
Me dolía que implorara. Ella sabía que era muy fuerte el amor que le tenía y generalmente hacía cualquier cosa que pidiera, pero esta vez no. Por fin tenía el imperio Morrison en mi poder y no iba a renunciar a mis planes.
— Te amo mucho, iré pronto. Lo prometo — ella suspiró profundamente y supe que era en plan resignación — adiós mamá.
Samantha
Haber sentido lo que sentí cuando me tocó en el baño, me descolocaba.
¿Cómo lidiaría con él sintiéndome así?
Sacudí mi cabeza y me intenté centrar en el libro electrónico que me había comprado para pasar la tarde, ajena a su presencia... Si es que lo conseguía, pues no se me estaba dando muy bien.
Lo escuchaba hasta respirar fuerte y me volvía loca su aroma varonil, impregnada en mis cosas nasales.
En este corto tiempo me había acostumbrado a él, tanto que hasta lo olía en mis ropas.
Crucé mis piernas a la altura de mía tobillos y me acomodé en la tumbona, cuando sentí que la puerta se abría y evidentemente el regresaba de donde sea que hubiese ido.
Dejé mi libro a un costado y me giré sobre mi cuerpo para mirar hacia adentro de la habitación, a pesar de que las cortinas que volaban un poco al viento me cortaban la vista en rosa su extensión.
Allí lo ví, poniendo una laptop bruscamente sobre la cama y lanzando si móvil con molestia al colchón.
Miró hacia a mí, se llevó las manos a su cintura y entrecerró los ojos pensativo.
Me sentí intimidada por su postura semi agresiva debo decir y me levanté de inmediato para acercarme a él.
Su vista volvió a recorrer mi cuerpo haciéndome sentir una tensión s****l no resuelta que era a ratos molesta.
Entré descalza y lo continué mirando, a ver si cambiaba su postura pero un animal como ese, no cedía.
— ¿Que te pasa?¿Dónde estabas? — dos preguntas que no sé porqué le había hecho, pues no sé si quería saber qué le pasaba, ni de dónde venía.
— ¿Por qué me mientes Samantha? — bajó sus manos hasta los bolsillos de su bermuda y nervioso las volvió a sacar para revolver su cabello con ambas — y por favor — se detuvo respirando profundo y me perdí en el tono de sus ojos — no lo niegues.
Me quedé quieta en el sitio, porque a pesar de que sabía que no me haría una pregunta como esa si no fuera retórica, su actitud me hacía esperar un poco más para saber exactamente a qué se refería.
Caminó un poco hasta mí, y yo recorrí la misma distancia que él.
Nos detuvimos uno frente el otro y joder... cómo me gustaba ese hombre.
— ¿Por qué dijiste que no reconocías el pañuelo cuando sabes que es de tu tía Salime?
Su actitud y la mía ante aquella pregunta, estaban en zonas polares distintas... Él en el norte y yo en el sur.
Sabía que me había pillado, pero noe gustaba sentirme cuestionada y él por su parte, lucía dolido con mi engaño.
Sin previo aviso, me tomó de la mano y tiró de mí haciendo que chocara con su pecho.
Llevé mis manos a sus antebrazos rápidamente para recuperar mi equilibrio y él la suyas a mis caderas.
Nuestras bocas tan cerca que éramos pura chipa tentadora.
— ¿No sientes nada cuando te toco así? — dijo despacio y con la voz medio ronca, bajando sus manos por las curvas de mía nalgas, pegándome a él — ¿Podrías negarme que entre nosotros hay algo? — apretó su agarre y subí mis manos a su cuello, rozando los pelos de su nuca y sin apartar la mirada de sus ojos, no responder sus preguntas.
Se inclinó un poco más, metió sus manos por dentro de mi vestido que tenía una abertura en cada lado de mis piernas y acarició la piel de mis nalgas directamente con la suya.
— ¡Contéstame! — gruñó apartando mi ropa interior y saboreando más piel expuesta por el mismo.
— Hay demasiado entre nosotros Aaron y no sé que más decir o hacer al respecto — tenía que ser sincera en esto porque de todos modos mi cuerpo hablaba por mí.
— Estoy tratando de confiar en tí — sacó sus manos y las llevó por mis muslos hacia arriba, tomando el vestido y comenzado a elevarlo — pero me mientes y eso me hace retroceder y endurecerme, pero cuando quiero reclamarte y me miras, así de hermosa, con esos ojos azules que me pueden y tu piel me súplica que la toque, me desarmas maldita seas.
Todo lo que decía era al tiempo que subía y subía mi vestido y no sabía por qué demonios lo dejaba.
— También me desconciertas Aarón — me miró ladeando su cabeza y perdido en mis labios, mis manos bajando a las esquinas de su poulover y comenzado a subirlo.
Era uno de esos momentos en los que todo lo que sucede a tu alrededor es invisible porque estás tan comprometido en otras cosas, que no puedes abstraerte.
Era ese momento, el momento en el que verlo me ponía la piel de gallina. En el que éramos dos adultos que se deseaban muchísimo y que se odiaban a ratos, además de todo lo que se escondían pero nada les impedía el desearse y era uno de esos momentos, en los que quieres que gane la cordura, pero se impone la locura.
— Me muero por hacerte mía y dios — se mordió la boca furioso consigo mismo, sacando los brazos del poulover que le había quitado poco a poco — sé que no debería desearte tanto, pero es que no puedo evitarlo Samantha, me fascinas, me seduces, me enloqueces y todo los argumentos que tenía para tí, listos para reclamarte, se hacen polvo ante el placer de sentirte contra mí.
Sacó mi vestido y mis senos quedaron delante de su rostro, importandome nada, lo que teníamos que hablar y lo que me iba a revelar, porque yo solo quería que en aquel justo momento, se hundiera en mi centro latente por él.
— Yendo completamente en contra de mis principios, lo que pensé y todo lo que acostumbro a hacer — lo comencé a empujar hacia atrás — tengo que reconocer que me muero porque me hagas tuya — mi mano en su pecho, el retrocediendo y yo avanzando, las suyas tomando mi rostro y mis ojos perdidos en sus labios jugosos — después te haré una propuesta pero ahora — cayó sobre el sofá esquinado y me subí sobre sus piernas, colocando las mías a sus costados y sintiendo sus manos apretando mandíbula listo para llevarme hasta su boca — rompe mis propios esquemas y manda al demonio lo que había asegurado que no pasaría y hazme el amor Aarón, como si no hubiera un mañana.
El sonrió, adelantó un pulgar hasta recorrer mis labios y lo chupé como una ninfómana hambrienta y gruñó con los ojos perdidos en los míos antes de decir seductor...
— El problema es que sí hay mañana y lo quiero contigo otra vez...