Capitulo 10

1338 Palabras
No conté jamás sentir lo que sentía cuando estaba entre sus brazos. Me había hecho suya durante toda la bendita noche. Sus manos subieron por mis piernas, acariciaron mis rodillas abrieron mis muslos y se perdieron entre los pliegues de mi sexo. Sin permitir que su boca, explorara hasta el cansancio la mía. Sus audibles gruñidos se unían a mis gemidos y mis uñas, conectaron más de una vez con su piel. — Tómame más. Hazme tuya otra vez ... Le suplicaba cada vez que terminaba de hacerme tocar el cielo. No me daba vergüenza el deseo y no podía negarme el placer. Sentirlo entrando en mí, era puro fuego, llamas rojas candentes que derretían mis sentidos y me hacían gritar su nombre y a veces repetirlo por las sensaciones que me producía y que me hacían perder la cabeza y aullar poseída por más. Mis piernas lo empujaban contra mí y mis muslos lo ayudaban a penetrarme profundo, haciendo presión para que no saliera. Cuando sentía sus dientes en mi piel, su lengua en la mía, sus yemas perfectas apretando mis carnes, me hacía gemir una y otra vez por más. Todas y cada una de las veces que besó mis pechos, que chupó sus picos y los estiró con los dientes, atrapó mi pelo entre sus manos y me dijo lo mucho que le gustaba y lo bien que se sentía estar conmigo. Era un amante desenfrenado pero no era egoísta en la cama. Me daba todos mis tiempos y parecía sentir placer de buscar todos los orgasmos que fuera capaz de darle. No usamos protección. La locura nos impidió pensar y cuando lo hicimos, ya habíamos iniciado un peligroso juego que decidimos seguir jugando, bajo la confianza en sus palabras que aseguraban que nunca jamás se había permitido esas libertades con ninguna otra mujer y mi absoluta certeza que no tenía nada más que lujuria entre mis piernas. Yo tomaba la píldora y eso tenía que ser suficiente. Agotado, se tiró sobre mí y cuando protesté por su peso pesado, sonreímos juntos y se retiró llevándome con él. — No me vuelvo a hundir en tí — dijo con la respiración afectada — porque me tiemblan las piernas y no soy un mediocre en nada de lo que hago, pero joder Samantha, lo haría mil noches con sus mil días, más y más, sin detenerme — me besó los ojos y puse un brazo en su pecho, para apoyar mi barbilla en él y escucharlo decir viendonos a los ojos — ni para hidratarme me detendría muñeca, bebería de tí y comería entre tus muslos pero no pararía y ese, sería mi verdadero paraíso. Escondí mi rostro con pena en el hueco de su cuello y me subí un poco sobre él. Ese hombre me gustaba. Estaba casada con él y sería una locura si me dejaba enamorar con todo lo que teníamos en el medio de los dos, sobre todo lo turbio. — ¡¿Aarón?! — llamé su atención enseguida, bajó la vista hasta mí, retirando pelo húmedo que ni sabía que había sobre mi frente, redondeando mi cabeza con su brazo — dime — dijo buscando mis labios y le dejé entrar a mi boca gimiendo un poco — vamos a hablar ahora o mañana pero tenemos que hacerlo después de lo que ha pasado. Un suspiro demasiado largo escapó de sus labios y me sopló el rostro. — No me mientas Samantha — acotó despacio — sé que tenemos mucho escondido entre los dos pero no le mientas cuando te haga una pregunta y prometo no mentirte si las haces.¿Podemos aceptar esa norma a partir de ahora? Me despegué de su cuerpo y me senté contra el cabezal de la cama. El imitó mi postura, inclinándose un poco hacia mí y tomando mi mano derecha para besar mis nudillos con sus labios húmedos. — ¿Y que pasará con esto? — señalé nuestra desnudez — tenemos mucho por delante y por detrás y quiero confiar en que podremos llevarnos bien, más allá del sexo mal pensado — le dí un manotazo en la pierna porque reía descaradamente al oír mis palabras serías que podían tomarse con doble sentido, que era exactamente lo que él había hecho. — Somos dos adultos, sexualmente activos y sanos. Que se gustan, se desean y están casados — tapó su m*****o con una almohada cuando vió dónde estaba perdiendose mi vista — céntrate porque a mí me cuesta — ambos reímos y el continuó — podemos intentar ser una pareja normal y conocernos poco a poco, además de ir descubriendo juntos a dónde nos lleva esto pero puedo asegurarte que me encantas y me desestabiliza tu belleza. Que me vuelvo un loco posesivo ni siquiera sé por qué, cuando otros te miran y si logramos crear una buena relación más allá del obvio buen sexo que podemos darnos, te contaré mi verdad y espero que tu puedas hacer lo mismo. En cuanto al pañuelo ya sé y siempre supe que sabías, que es de tu tía Salime. Cerré los ojos vencida y apenada. En el fondo siempre existió en mi mente la posibilidad de que lo descubriera eventualmente y pasara esto, pero justo ahora, que estábamos tratando de sentar unas bases para el futuro de nuestra relación, no era plato de buen gusto y mucho menos quería crear un precedente se mentirosa. — Lo siento — pronuncié resbalando por mi propio cuerpo y tapándome con las sábanas de manera inmadura — no quería que asociaras a Coleen con esto Aarón, sé que lo odias y sé que mi tía no estaba allí porque sabrías que estabas luchando con una mujer. Yo solo quería proteger a mi primo. — Independientemente de que me hierva la sangre que defiendas a tu primo que está enamorado de tí y tú eres mía — me arrancó las sábanas del cuerpo y se acomodó sobre mi desnudez — debes entender que es sumamente importante saber quién nos vigilaba y nos atacó en aquella casa. Alguien trató de matar a tu abuelo y me gustaría saber quién fue. — No trató Aarón — rectifiqué para él — alguien lo mató. Sentirlo entre mis piernas otra vez, me erotizaba completamente. Era demasiado atrayente como hombre y demasiado caliente su contacto. — Lo sé muñeca, es una manera de hablar cariño. — Mmm cariño — bromeé riendo y tirando de su pelo hacia mi boca — te perdono el muñeca por el cariño que me has dicho. Me miró serio. Él era tan raro. Y de pronto, se me vino encima, a mi boca, mis labios mi lengua y dios, a mi deseo sobre todo, haciendo que su beso se volviera porfundo y suspirado por los dos. — Aunque no lo creas, te digo muñeca porque es importante para mí ese término — me sorprendió su confesión y su rodilla intentado que abriera más las piernas también lo hizo — y si te gusta que te llame cariño, lo haré cuando estemos en público o enfadados.¿Te parece? Estaba en un momento con él, que me sentía como con un simple chico que me atraía físicamente, tenía buen sexo y una cita increíble en un hotel de lujo. En ese momento no me sentía la esposa de nadie. La prima acosada de Coleen. La dueña de un imperio que no quería pero que no podía rechazar, ni la razón de algunas envidias familiares. Sencillamente era una mujer jóven, con un escultural y sensual hombre, tremendamente viril entre las piernas, dejándome hacer y haciendo sentir, que el placer es algo sublime y que todos merecemos darnos la oportunidad de saborearlo. — Me parece que quiero que me hagas el amor. — Lo que mi muñeca solicite es un mandato para mí... Y así, entre risas y rodando entre las sábanas, Aarón y yo empezamos una historia de pareja juntos, que luego desembocaría en otros ríos, pero de momento le hacía muy feliz.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR