—Buenos días— saludo Benjamin cuando despertó. —Buenos días, pequeño dormilón— León sonrió y depositó un beso en los labios de su omega. Después ambos se pusieron de pie. Benjamín tenía que alistar a la pequeña Natalie para que estuviera presentable y fuera a la escuela. León, por su parte, simplemente se alistó para ir al trabajo. Una vez listos los tres, bajaron al primer piso y se sentaron a la mesa para disfrutar de su desayuno. Al término del mismo, los tres se pusieron de pie y cada uno fue a hacer sus labores. —¿Que quieres para la cena?— precinto León a la pequeña. —Pizza— respondió sin pensárselo. —Eso no es nutritivo, comimos pizza hace dos días— dijo Benjamin. —Es una petición de mi hija— León miró a Benjamín. —Está bien— Benjamín accedió —Pero será la última vez

