Clemente el padre de Elena, la mejor amiga de Nayara Alcántara, decidió salir de aquella lejana ciudad que tantos malos recuerdos le traía, luego de la repentina muerte de su esposa y madre de su pequeña hija, ya la veía y la sentía ajena a él, con la ausencia del amor de su vida nunca vio aquel sitio con los mismos ojos, tomando a su pequeña niña y sus pocas pertenencias, se aventuró a irse a la gran ciudad. Luego de varios días durmiendo en una pensión y comiendo una sola vez al día, pues era lo único que se podía costear para ambos, con lo poco que tenía ahorrado, había escuchado que un empresario importante estaba buscando personal de seguridad, él averiguó todo al respecto, dirección, fecha y hora, para presentarse en la selección para el cargo ofrecido y corrió con la suerte de que ese día el mismo Don Octavio Alcántara, quiso hacerse cargo de las entrevistas para sus propios guardaespaldas, Clemente no hizo más que hablarle con la verdad, con el corazón en la mano y explicarle sus necesidades y su mayor preocupación que era su hijita Elena, Don Octavio al escuchar todo el relato del hombre que tenía frente a él, no pudo evitar sentir pena por él y por su pequeña, pero lo que más le agrado fue la sinceridad de Clemente al decirle humildemente todo esto. Para el señor Alcántara, esto fue razón suficiente para ayudarlos desde ese mismo día, dándoles una oportunidad, proporcionándoles una casa segura, junto a la suya, la cual había sido dispuesta desde el principio para el personal de confianza de la familia, por suerte para ese momento estaba desocupada y el personal que laboraba dentro de la casa Alcántara, dormía en la casa principal, también les proporciono comida y un empleo estable para que pudieran salir adelante.
Elena y Nayara se hicieron amigas de inmediato, compartían gustos similares, en comida, colores, ropa, grupos musicales, películas. Por suerte en cuanto a chicos si tenían gustos diferentes, Octavio Alcántara, al ver la afinidad entre las dos jovencitas, comenzó a inmiscuirse más en la vida de Elena, por supuesto de buena manera, ya que como ayuda para su futuro y para colaborar con Clemente, la inscribió en los mismos colegios que estudio su hija Nayara, haciéndose cargo él de los gastos. Para él llego a ser como su segunda hija y le encantaba la idea de que se acompañaran y se apoyaran la una a la otra tal como lo hacían. Fue así como al pasar el tiempo, Elena decidió hacer una carrera técnica, todo con el fin de terminar más rápido, ya luego sacaría la licenciatura, luego de graduarse en informática a los tres años que era el tiempo reglamentario, el señor Alcántara le ofreció empleo en uno de los departamentos de Inversiones Miller y Asociados, lo cual la morena acepto de inmediato y muy emocionada, agradeciendo siempre las oportunidades de vida que le brindo la familia Alcántara, al cobijarlos a ella y a su padre bajo su seno, llenándola de cariño sincero, la hermosa morena demostró que podía llevar a cabo perfectamente cualquier trabajo que le fuera asignado. Es por eso que hoy por hoy es uno de los valores agregados de la compañía y gratamente compañera de trabajo de su gran amiga Nayara.
― ¿Entonces Naya? ― Elena siempre la había llamado por ese diminutivo, muy a pesar de que a la aludida no le agrada en lo más mínimo― ¿Cómo va lo de la boda? ¿Lograste conseguir la fecha para el salón ese que tanto te gusta? ― le pregunta la morena con curiosidad a su mejor amiga.
―Que va, nada que ver, todas las fechas están ocupadas, casi que tengo que esperar dos años si quiero que sea ahí. ―manifestó con desgano Nayara a su amiga.
―Pero busca otra alternativa…no puedes complicarte por eso. Además, lo importante es con quien te casas ¿no? Digo que es el amor de tu vida, el hombre al que amas, el lugar es lo de menos. — Quiso hacer ver Elena a su amiga casi hermana Naya.
―Sí, tienes mucha razón, Elena, la organizadora que me consiguió la mamá de Alejandro, me ha presentado varias alternativas, solo tenemos que decidir, pero con Alejandro, viajando tanto, resolviendo ese asunto legal de la empresa de su tío allá en Italia, nos ha quitado mucho tiempo para decidir cosas juntos sobre eso. ― expuso la castaña con un dejo de tristeza en su voz, como respuesta al comentario de su amiga.
― ¿Cuánto tiempo lleva allá? — averigua Elena.
―Ya lleva mes y medio, la cosa parece que se extiende porque son cuestiones sucesorales por el tema de la herencia. No sabes la falta que me ha hecho. — le comenta Naya a su amiga Elena.
―Me imagino, pero levanta ese ánimo, ya vendrá y te recompensará con creces su estadía tan larga por allá ―acotó Elena, elevando ambas cejas con gesto coqueto. Haciendo reír a Nayara.
―Eso espero, aunque te confieso algo… ―expresa Naya viendo a los ojos a su amiga, con gesto serio―Estoy algo preocupada, porque desde hace aproximadamente como dos semanas, siento Alejandro no sé, algo extraño.
― ¿Extraño cómo? ―inquirió la morena extrañada al ver la obvia preocupación de Nayara.
―Así como lejano ―Elena blanqueo los ojos al escuchar aquello y sin poderlo evitar bromeo por el comentario de su amiga.
―Es que está lejos, Naya, por favor ― respondió Elena jocosa, soltando luego una carcajada.
― ¡Necia! ― replicó Nayara a Elena, sonriendo también y dándole un suave toque en el brazo a su amiga, en señal de reproche―Me refiero a su trato, no lo siento tan dulce y cariñoso como siempre, más bien lo he notado un poco seco.
Al darse cuenta la morena a lo que se refería Nayara, se colocó una mano debajo de la barbilla, concentrándose en el comentario, entrecerrando los ojos.
― ¿Será que tiene una italianita por allá meneándole las tetas? ―suelta la ocurrente Elena de repente, Nayara la miro con ojos como plato, denotando molestia por las palabras de su amiga, pero también sintiendo algo temor, de que aquello resultara ser cierto.
― ¡No… claro que no! en realidad espero que no. ―las palabras emitidas por Elena se repetían en la mente de Naya, ella lo había llegado a pensar, pero escucharlo en voz alta era aún peor, lo hacía más real, sentía más temor ante aquella declaración―. Él, no es así, Elena. ―afirmo Nayara en un débil susurro más para ella misma, que como respuesta para Elena.
―Naya, hombre es hombre y con el cuento de que la carne es débil… pero bueno disculpa por pensar siempre mal, quizás se encuentra agobiado con ese caso que me dijiste y lo percibes en su trato contigo, eso aunado a la distancia, el cansancio, la añoranza, etc. Pueden ser muchas cosas. ―expuso finalmente la morena, tratando de tranquilizar un poco a Naya, pero nadie le quitaba de la cabeza a Elena que todo indicaba más hacia una italiana meneándole las tetas a Alejandro.
Esa tarde continuaron con su trabajo, hasta que de repente Nayara recibe una llamada de su padre, convocándola a una junta de último minuto con carácter de urgencia, inmediatamente se dirige a la oficina de este, un poco nerviosa ante la premura de su llamado.
―Permiso, papá ― dice Nayara mientras abre la puerta, dando un pequeño toque con su puño cerrado a la madera.
―Claro, hija, pasa te estaba esperando. ―responde el padre a la chica, en el momento en que ella entra y va cerrar, alguien se lo impide, empujando la puerta hacia ella nuevamente, al fijarse quien era, Nayara se consigue de frente con el patán, lo que la hace resoplar por lo bajo y la obliga a apartarse para que él también pudiera entrar.
― ¡Permiso Octavio! ―expresa Fabián al entrar, dirigiéndose al padre de Nayara, sin dirigirle a ella siquiera una mirada.
―Adelante, Fabián, tomen asiento por favor ―responde Don Octavio, mientras la chica se encontraba contrariada ante la presencia del pesado hombrecito que tan mal le cae, a él no parece afectarle de ninguna manera la presencia de la joven en la reunión, ni le suma ni le resta, simplemente no existe.
Cada uno toma posición frente al escritorio del padre de Nayara, expectantes ante esta reunión repentina.
―Bien, tú dirás… ―exclama el guapo joven, cruzando una pierna sobre su rodilla, adoptando una posición muy varonil que no pasó desapercibida para la chica que esta a su lado. Mientras él sigue inmutable, sin siquiera darse por enterado de su presencia. Hecho que la hizo refunfuñar por lo bajo, por lo mal educado y patán que siempre resulta ser con ella.
―Los hice venir a los dos, porque necesitamos de su ayuda como equipo, para representarnos en una de las inversiones más delicadas que tenemos en puertas, ya tenemos dos años detrás de esta compra y al fin nos han dado esperanzas de que se pueda llevar a cabo. ― explica el jefe mayor a ambos, el escuchar la frase “como equipo” hace que Nayara dé un respingo silencioso, ante lo que aquello significa, pues ella ni loca piensa trabajar hombro con hombro con ese idiota, continúa Don Octavio su explicación―. Les pido esto, porque justo ahora tu padre ―prosigue el mayor de los presentes dirigiéndose a Fabián―
» como ya sabemos, está de vacaciones y yo me encuentro aquí sin poder moverme, porque estoy llevando a cabo otra negociación importante que no puedo descuidar ni por un momento, ya que estamos en la fase crucial. Entonces necesitamos de ustedes dos, como representantes de la empresa y de los directivos. Nayara, hija tú me has ayudado mucho en las reuniones importantes que hemos tenido con estas personas, has sido como la parte cordial y que ha sabido manejar muy bien y sortear las diferencias que han surgido entre los asistentes en cada una de estas reuniones, es por esto que pensé en ti―la castaña asiente, recordando perfectamente esas ocasiones de las que habla su padre― sigue Don Octavio su exposición
» A pesar de tu corta edad y de tu poca experiencia, me enorgullece el hecho de que te comportes a la altura en esos eventos y hasta me ayudes a manejar una situación difícil como ha pasado en varias oportunidades. En cuanto a ti Fabián, serás la cabeza de la negociación, no dudes nunca del apoyo que tendrás de Nayara, ya te darás cuenta de ello, en cuanto a los detalles, mi asistente te dará las carpetas correspondientes y los archivos te los enviare por correo, para que estés empapado de todo, lo máximo posible. Por favor cualquier duda no vaciles en llamarme, créeme que de no ser por lo que ya les expliqué, me encargaría personalmente de este asunto. —dice finalmente el socio mayor a los presentes.
―Tranquilo, Octavio, recuerda que ahora estoy en el equipo y de eso se trata, de delegar las cosas para no agobiarnos, tengo la escuela de mi padre, así que no soy ningún novato, no te preocupes por eso. — Expresa Fabián tratando de tranquilizar a su socio Don Octavio.
―Eso me tranquiliza mucho también. — Afirma el jefe mayor ante las palabras de Fabián.
― ¿Cuándo tendremos que ir hablar con ellos? ―por fin intervino Nayara, con voz aterciopelada, pero firme.
―Ese es otro punto importante de mencionar hija ―responde el padre de la hermosa joven, mirando a cada uno―. Las reuniones y posterior negociación que espero que así sea y logren conseguirlo, confío en ustedes para ello, serán en la sede principal de los vendedores, fuera de la ciudad ―Fabián se encuentra de repente procesando toda la información que esta recibiendo, no le agrada mucho el hecho de que fuera “la mocosa torpe” precisamente la que lo asista en una negociación tan importante, pero al escuchar las palabras de su socio, no le queda más que darle un voto de confianza a él y a su palabra. Al enterarse de que tendrá que trasladarse a otra ciudad, para llevar a cabo lo pautado, no le gustó nada tampoco, pero lo que más le disgusto es tener que andar de niñero de la hija de su socio.
―Octavio, comprendo muy bien tu punto de vista y tu buena experiencia al tener al lado a la señorita en las juntas que has tratado con estos señores, pero al ser fuera de la ciudad ¿no crees conveniente que venga otra persona con mayor experiencia y edad? ― Nayara al escuchar lo que el guapo patán dice a su padre le entró una rabia que hace que sus manos se pongan heladas y temblorosas.
―Para su información señor D´Alessandro, tengo veintitrés años, ya solo me faltan tres meses para graduarme y tengo cuatro años trabajando en esta empresa. ―espeta Nayara en tono enojado y alterado a Fabián―Así que lo siento mucho por usted, si le molesta mi presencia por ser joven, pero no pienso quedarle mal a mi padre, por su estupidez, él necesita de mi ayuda y se la daré. ―termina la chica de manera cortante.
―Hija, por favor no te alteres, ―responde su padre a Nayara, tratando de calmar las aguas y llevar la fiesta en paz, luego se dirige a Fabián―Comprendo perfectamente tu inquietud, pero mi hija ya es una mujer hecha y derecha, así que no te traerá ningún tipo de problemas como las chiquillas de hoy en día, eso te lo puedo asegurar. ―acotó firme Don Octavio, como padre orgulloso de su madura hija.
―No quiero enfrentamientos con nadie ―dice Fabián en respuesta a Nayara, mientras por primera vez durante todo este tiempo voltea y la mira a los ojos― simplemente expreso lo que pienso, me tocará creer en tu palabra Octavio y de verdad espero que así sea. — respondió el socio más joven.
Nayara, se retuerce por dentro de la rabia que bulle por sus venas, este hombre no pierde tiempo para sacarla de sus casillas, pero no va a darle el gusto de perder el control. Durante el resto de la reunión entre Fabián y el padre de la chica, continuaron finiquitando los detalles para el próximo viaje. La asistente de Don Octavio, hizo la reserva de hospedaje en el mejor hotel de la ciudad en la que van a trabajar, una suite de lujo para cada uno.