Capítulo 3

3368 Palabras
Era extraño y al mismo tiempo tan nosotros vernos a los dos en la encimera de mi casa, medio desnudos y después de un magnifico sexo adormecedor de realidad, que me confundía y aliviaba a la vez de tenerlo nuevamente cerca. No era necesario aclarar lo mucho que lo extrañaba, él lo hizo por los dos y yo sabía que él lo sabía pero me sentí recelosa al pensar que fue un día demasiado duro para pensar en lo que significaba decirle que sí, que podíamos volver a la normalidad cuando lo único que quería era irme a dormir, así eso fuera con su compañía. Por un minuto entero, no dije nada y él esperó con toda la calma del mundo, la cual me tentó a probar si era cierta o estaba fingiendo. —Franco es obvio que vos y yo no podemos estar juntos, no nos entendemos. —mentí volviendo a mirarlo y nada de lo que le dije pareció retractar su pregunta. En la cama no era así, por más enojados o tranquilos que estuviésemos, en cuanto al sexo se refería, él era todo lo que yo quería y necesitaba. —Bueno dejemos de pelear. —dijo con simpleza y mis comisuras se elevaron apenas en una sonrisa, pero apenas tenía ganas de una. Sentí como sus dedos se acercaban a mi piel y levantó mi mentón para rozar sus labios con los míos, me estremecí por esa caricia tan intensa. —por favor, intentémoslo de nuevo. —Es que no quiero que esto empeore. —No va a empeorar, te lo prometo. —Vos sos muy difícil, nada te viene bien y no quiero estarte por detrás para saber qué es lo que te pasa…ya no quiero eso. —Y está bien que no lo quieras, no lo mereces y por eso te prometo que lo voy a intentar, pero hacelo vos también, por favor. —me pidió y su mirada me reflejaba esa necesidad de darle la aprobación, sin embargo no quería que fuese tan fácil para él y rompiendo con el contacto visual me bajé de la encimera para que los dos nos acomodáramos la ropa. No le dije nada y en cuanto me encaminé a subir a mi cuarto, me frenó agarrándome para acercarme a su cuerpo de nuevo. —Mia... — Tengo que pensarlo, no quiero depender de tus ganas ni de tus inseguridades, cuando te ponés de esa forma no te soporto y no quiero que arruines lo bueno que tenemos. —Te prometo que no lo voy a hacer, pero por favor... volvamos. —pidió agarrando mi cara entre sus manos para aclamar a su pedido con su mirada y yo suspiré dejando que su tacto me envolviera. —esto te gusta tanto como a mí, sabés que lo que tenemos es diferente Mia, los dos lo disfrutamos. —dijo y lo consideré, me costaba creer que en serio lo estaba admitiendo, invirtiendo los roles para probarnos que realmente valía la pena lo nuestro. —Pensalo, por favor. —Ahora sólo quiero pensar en mi mamá, y me prometiste que no iba a lidiar con vos. —Sí es verdad, perdón… pero en algún hueco de lo que pienses, resolvámoslo. —pidió rozándome los labios con los suyos, dándome pequeños besos para tentarme con su ternura y que me encogiera el corazón. — te prometo que va a ser diferente. — ¿Diferente cómo? —Fuera del colegio, todo lo que quieras. Respiré hondo y recordé que nuestro obstáculo principal era el colegio, que si bien podía pasar desapercibido, su doble personalidad cuando estaba frente a la clase a cómo era conmigo en la intimidad, me dejaba en jaque la mayor parte del tiempo. —No me merecía ese uno. —recordé al volver a ese momento en el que todo se terminó y él suspiró pesadamente soltándome, sin discutir me dejó subir a mi cuarto tranquila. Los parpados me pesaban y el cansancio corporal se intensificó con el sexo satisfactorio pero desgastante que acababa de tener, pero al menos me dejó el cuerpo laxo y relajado, lista para no querer hacer otra cosa que dormir, así que dejé el baño para el día siguiente y solo me lavé los dientes y la cara, me cambié de ropa y me encontré con Franco dispuesto a satisfacer mi añoranza de dormir con él. —Me quedo. —dijo sin preguntar, asentí y oculté mi emoción buscando el cargador para enchufar mi teléfono que tenía varios mensajes vigentes, así que mientras me subía a la cama, leí más importante de Roberto que me informaba que mamá tomó líquidos y estaba de buen humor, también lista para dormir. Comuniqué a cada persona del estado de mi mamá, todos querían saber cómo se encontraba e incluso Gala que vivía a mi lado preguntó si podía acercarse por ayuda o compañía, pero preferí que no y le comenté por encima que Franco se quedaría conmigo en la noche ya que lo decidió sin que pudiera negarme. Era extraño y aun lo probaba, pero su compañía me hacía bien y era la única que quería para reconfortarme. —Esto va a ser un gran problema. —dijo mirándose en el espejo del tocador y sobándose el cuello, mi marca estaba a la vista y no me importó, no me gustaba que tuviese un significado territorial pero con él sentí la necesidad de hacerlo al menos una vez, era atrevido e informal para el colegio, sin embargo un poco de adrenalina no le venía mal después que todas sus fans recordaron lo lindo que era después de dos semanas sin verlo y se volvían a disputar su atención. Sonreí viéndolo agarrar el peine y lidiar con él para bajar la hinchazón al frotarlo, cuando me miró dándose la vuelta me encogí de hombros. —No es mi problema. —Casi que parece una M. —Nada que ver, ponete hielo y listo porque con eso casi pareciera que querés que agregue la C. —bromeé haciendo referencia a mis iniciales y él entrecerró los ojos dejando el peine en mi tocador para acercarse al borde de la cama. —si tanto me extrañas, con eso te podés entretener en el colegio. —Sí, el director se va a entretener sermoneándome, se te va a cumplir tu sueño más preciado. —dijo con ironía. —No tenés idea. —sonreí con orgullo y las comisuras de sus labios tiraron con la misma sonrisa divertida. —pero tanto ya no te molesta que eso pase, parece ser. —No es eso, si llegara a pasar seguro va a ser tu culpa pero no dejo de estar involucrado. —dijo un humor mientras se sacaba la ropa y yo rodé los ojos entendiendo parte de su broma. — quien me busca en el colegio sos vos, así que sí tendrías algo de culpa. —Vos sos el que me está proponiendo que te moleste, si querés que vuelva a buscarte es porque te gusta que te encuentre, dónde sea que lo haga, es lo de menos. —El colegio es... —Sí, sí, ya sé, en el colegio no, es peligroso, te pueden despedir, a mí suspender y bla, bla, bla, ya lo sé. —le dije con desinterés y dejé todo para acostarme debajo de las colchas, taparme y dormirme de una vez así olvidar el estrés que significaba volver con él. —Por favor no empecemos, no quiero pelear. —No es ninguna pelea, son tus términos de siempre, los conozco de memoria. —Bueno pero... —lo escuché suspirar y cerré los ojos sin darle importancia ya que seguía parado al final de la cama. — no quiero que discutamos por esas cosas, me gustaría que lo habláramos pero...mirá, hagamos algo. —me cambió de tema rápido y noté su esfuerzo por no seguir una discusión tonta, lo que era un progreso enorme y me enorgullecía que pudiéramos hacerlo aunque no nos salvábamos de hablarlo en algún momento. — mañana nos despertamos más temprano, te llevo a la clínica y de ahí yo me voy a mi casa a bañarme y cambiarme, me imagino que no vas a intentar ir al colegio. —No, no voy a ir, pero ahora necesito dormir así que por favor no me molestes. No dijo nada y se fue un momento al baño, después volvió dispuesto a subirse a la cama sólo en bóxer y apagando la luz se acostó detrás mí dentro de las sábanas para darme calor corporal, lo que me puso un poco nerviosa y el corazón comenzó a palpitarme con fuerza al sentir sus roces, hacía mucho no lo sentía de esa forma y suspiré con el placer que su cercanía me proporcionaba siempre, era increíble lo que lograba reconfortarme con su simple contacto. —Prometeme que lo vas a pensar. —me dijo corriéndome el pelo para que pudiera llevar su boca a mi oreja y sentí el olor refrescante a la pasta dental, con su mano subiendo por mi pierna en forma de caricia me impuso su cercanía, tragué y fingí quejarme por los escalofríos que me causó. — Quiero dormir, Franco. —No te molesto más, pero quiero que me digas que lo vas a pensar. — ¡Lo voy a pensar, molesto! —bufé y me puse más de costado para alejarme apenas un poco para poder respirar con normalidad, él besó mi hombro y se acostó dejando su brazo sobre mí. Me mordí el labio y cerré los ojos con fuerza para calmar mi euforia sobre lo que me estaba haciendo pasar, lo que era tan usual cuando se trataba de Franco. No necesitaba pensarlo demasiado, las dos semanas sin él fueron suficientes para considerar volver, extrañaba mucho el vaivén de emociones que pasábamos juntos y en la cama mucho más ya que no estuve con nadie en el tiempo separados, Simón no era opción para mí, no se acercaba ni un poquito a lo que era Franco, ni su manera de ser, ni su forma de hacerlo, ni nada, por lo que la abstinencia se había vuelto una gran compañera en la soledad. Pensar en mamá y sus problemas me saturaba, pero pensar en Franco también aunque me hacía muy bien tenerlo abrazado a mí, no quería ni moverme porque estaba cómoda y aliviada de estar entre sus brazos, a pesar que no dejaba de pensar que podíamos intentarlo sin tener que perjudicar nada. No quería nada de rosa, él y yo estábamos lejos de ese romanticismo, nunca lo íbamos a ver así, pero sí pretendía que fuéramos exclusivos y que lo demás sea lo que se pudiera construir fuera de la relación profesional que nos tocaba llevar. Era complicado y estresante tener algo prohibido, pero me tentaba a volver a intentarlo. Para cuando sonó el despertador, aún me sentía exhausta pero mi sentido de la responsabilidad con mi mamá, me llamó de inmediato haciéndome mover para espabilarme. Franco no tenía que entrar hasta las nueve al colegio y no quería molestarlo hasta que terminara de prepararme, pero como tenía su brazo debajo de mí cuando me moví, lo hizo también y creí que iba a despertarse, sin embargo sólo se acomodó en dormido y quedamos de frente, muy cerca uno del otro. Lo pude observar tranquila y presté atención a cada detalle, con su pelo desordenado, los labios entrecerrados y carnosos, las pestañas largas y la expresión relajada, una de sus manos descansaba sobre su estómago con el brazo tatuado que cada vez me gustaba más, el notable chupón que le había hecho en el cuello seguía visible y me imaginaba todo lo que podían especular en colegio, esperando que alertara a más de una que tenía a alguien y no le interesaba mirar a nadie más. Muy en el fondo, no negaba que eso sonaba victorioso para mí. Seguí con mi tour visual y me mordí el labio sin poder creer lo lindo que era, lo tentador que resultaba porque después de todo lo que había pasado, volver a tenerlo así me resignaba a lidiar con el capricho, lo quería de nuevo y no me importaba lo que pasara después, no podía aguantar mucho más sin él. Las vacaciones de invierno fueron un calvario, en mi mente no había momento que no imaginara todo lo que podíamos estar haciendo si seguíamos juntos, al menos contar con la privacidad de estar solos y relajados, eso era todo lo que quería, antes y ahora, anhelaba compartir con él más que la cama porque fuera de ella y cuando no peleábamos por tonterías, Franco me gustaba mucho y negarlo ya no tenía sentido. Entré a bañarme cuando fue suficiente análisis, casi que acoso de no poder dejar de mirarlo, y después de estar un rato bajo la ducha, salí donde Franco ya estaba despierto y sentado en la cama con el celular. —Buen día. —Buen día. —respondió con una hermosa sonrisa y mis piernas temblaron en respuesta, fruncí el ceño ante mi propia reacción y me senté a su lado en la cama. —te despertaste temprano. —Se llama responsabilidad. —Oh. —levantó ambas cejas, yo sonreí. — ¿ya lo pensaste? Su celular sonó y concedí que lo mirara antes de responder, pero bufó al leer y quise saber lo que le pasaba. — ¿Está todo bien? — Sí, es que la ex novia de mi amigo no le deja llevarse a la nena, y le toca, pero ya lo va a solucionar. —dijo soltando el teléfono y acercándose a más a mí, para llevar su mano al borde de la toalla y estirarla un poco a pesar que yo la sostuve con fuerza. —es un poco tentador verte así. —Pará, quiero hablarte de algo. — ¿O sea que lo pensaste? —Qué impaciente sos, por Dios. —suspiré fingiendo frustración. La paciencia no era lo suyo en ningún aspecto de su vida. —Bueno perdón, pero quiero saber qué vas a decir. —Vas a tener que aceptar una serie de cosas si querés que volvamos. —determiné intentando sonar firme, pero eso no lo retractó, se dispuso a escuchar asintiendo, lo que me causaba gracia por lo dispuesto que estaba. — ¿Cómo cuáles? —Nada que no puedas hacer, simplemente quiero...no quiero que sea algo de sólo sexo, peleas y listo, ¿entendés? — ¿Querés... ser novios y todo eso? —preguntó frunciendo el ceño y yo negué apresurándome a hablar. Esa era una palabra muy extraña para nosotros. —No, no exactamente novios, pero sí exclusivos. —Ah, ok, sí, no hay problema. —asintió seguro y yo levanté una ceja. Eso fue más fácil delo que creí. —En serio te lo estoy diciendo, si querés estar conmigo, tenemos que estar el uno con el otro nada más ¿ok? — Dije que sí, Mia lo voy a cumplir, no me gusta que me lo hagan por lo que no lo voy a hacer, también creo que es mejor que seamos exclusivos. —Entonces necesito que en esa exclusividad, entre la confianza. —Bueno, voy a ser más seguro, ¿es un sí entonces? —insistió con la ilusión en la mirada y quise reírme pero continué. —Todavía no terminaron mis requisitos. —dije, él suspiró con falsa frustración y me prestó atención. —dos cosas más quiero, si me prometes que las vas a cumplir, no tengo ningún problema de volver. —Espero que no, a ver, ¿qué? —La número uno, es que por lo menos mis amigos de esta parte sepan de lo nuestro, al menos mi amiga para que deje de joder. — ¿Sepan de nosotros o sepan la historia? —preguntó desconfiado. —Da igual, tampoco es tan interesante la historia. —Es ilegal, lo sabés, no tiene nada que ver que tengas cuatro años menos. —Como sea, no es importante para ella en ese sentido. —Ok, si eso querés está bien. —se encogió de hombros, lo que me hacía pensar de verdad estaba desesperado y tuve que haber pensado en más requisitos, pero ni a mí se me ocurrían tantas trabas porque realmente quería volver a tenerlo y si solamente aceptaba que no fuera tan inestable como los últimos meses, estaba más que dispuesta a intentarlo. — ¿y la segunda y última? —La segunda y última, es que quiero conocerte más, no me alcanza con lo poco que me contaste, me refiero a que quiero saber quién sos más allá de un profesor y un buen amante, vos ya conoces de mí, dejame conocer de vos. —le dije y él torció un poco los labios al pensarlo pero asintió sin dudar conforme deducía mi planteo. Era demasiada desesperación y eso era claro, me tentaba a reírme incluso. — No es nada tan interesante, pero si lo preferís entonces acepto, sí. — ¿Aceptas sólo porque querés seguir acostándote conmigo? —Acepto porque es lo justo, aparte no le tengo miedo al futuro con vos. —dijo y lo miré fingiendo desertar de lo que decía, pero no lo hacía en el fondo. — ¿Vas a pedir algo más? —Mmm…no, creo que no. — ¿Entonces ahora sí? —preguntó y asentí sin darle más vueltas, él sonrió y volvió a insistir a bajarme la toalla, lo que le permití y mordiéndome el labio busqué llegar a su boca para besarlo y que me ayudara a subirme a horcajadas de su regazo, donde ya me tenía desnuda y lista para volver a lo que más nos gustaba hacer a ambos. La noche anterior, hacerlo en la cocina fue un encuentro desesperado, donde canalizamos la frustración de una vuelta que nunca parecía dejar de estar saciada cuando de sexo se trataba. Sin embargo, estar en mi cama donde lo hicimos por primera vez, desatando la pasión que reunía de por sí el momento, me daba un gran indicio de lo que significaba volver a tenerlo y eso era demasiado hermoso. Fue intenso, lento y pasional, disfruté tanto tenerlo conmigo que parecía irreal que estuviese volviendo a suceder, que él fuera quien manifestara su necesidad de mí me hacía sentir muy bien, más creer que después de todo no era un simple capricho. — ¿Me extrañaste? —le pregunté en cuanto mi respiración volvió a la normalidad, él me miró y el miel de sus ojos brillaban con tanto vigor que no necesitaba que lo dijera, era una confirmación absoluta. —Mucho... ¿Y vos a mí?—preguntó pidiendo que me acercara más y fue lo que hice, me limité a responder y acunó mi mejilla con su mano para acariciarme con sus dedos. — ¿ni un poco pensaste en lo bueno que hubiese sido si las cosas... se daban de otra manera? —Sí, no niego que lo pensé. —murmuré ya que lo hice y mucho. —pero creo que también nos vino bien a los dos tomarnos un tiempo para pensar mejor las cosas, por mucho que me gustes no estaba segura de... que fuera tan fácil volver a que sea como antes, pero ya que lo propusiste es difícil decirte que no. —No tiene que ser como antes, porque antes no estaban bien muchas cosas y sé que tengo gran parte de la culpa. —admitió y yo levanté ambas cejas sorprendida de su confesión. —por eso es que necesito esto como una segunda oportunidad, para remendar lo que hice mal o te hice sentir antes cuando en cierta forma...yo quería lo mismo, quiero lo mismo. —corrigió. —Si queremos que funcione y más con todo lo que tenemos en contra, tiene que haber voluntad de las dos partes, y confianza. —Sí, es verdad, aunque desearía que no fuese en esta condición prohibida, sería todo mucho más fácil. —Yo te voy a ayudar a que sea divertido, no te preocupes por eso. —le dije llegando a sus labios que me esperaban con una sonrisa cuando los besé.
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