El viernes nadie se animó a preguntarle a Franco cuándo sería su examen, su cara expresaba la molestia que sentía y yo sabía que tenía que ver con la reunión con su papá en la mañana, la cual no pareció salir muy bien. Como no quería contradecirlo en la última semana, me callé cuando lo pidió, insistiéndoles a mis amigas para que lo hicieran también y así él podía empezar su clase. El silencio reinó en el aula mientras hacíamos los ejercicios de repaso y Franco hizo pasar uno por uno a practicarlos en el pizarrón, lo que ayudó que a todos nos salieran bien después de todo el año, incluso Tom no se equivocó al pasar y mi novio, festejó falsamente su progreso. —Bueno, no queridos alumnos, el lunes va a ser el examen. —dijo al fin y se respiró clima de alivio entre los alumnos. —veo que tod

