No me encontraba del todo bien para cuando volvimos de la casa de Lucy y no tuve ganas de hacer más que acostarme abrazada a Franco, quien también estaba cansado y quería comenzar a juntar fuerzas para afrontar la fiesta que celebrarían en bienvenida para él, y Sam el sábado a la noche. Nuestra energía era escasa para llevar las cosas a otro nivel y como ya sabíamos manejar la intensidad, nos reconfortamos estando juntos y hablando de todo, disfrutando de esa plenitud como tal, sin más. —No hay ningún hermano tuyo, que no esté feliz y orgulloso de vos. —le dije mientras acomodaba sus pelos con mis dedos, estaba de frente a mí y asintió con la mirada. — ¿no te alivia eso? —Bastante, tenía un poco de miedo a cómo se lo tomaran las chicas, pero las dos tuvieron buenas reacciones. —Se nota

