—Con permiso, vamos a levantarnos un minuto. —dijo Franco y me miró a mí haciendo una seña, me levanté y él me agarró de la mano llevándome a la cocina. Enseguida entramos sacó el paquete de cigarrillos de atrás de su bolsillo, pero si lo encendía los sensores iban a activarse y que cayera agua iba a ser un desastre para la novia de Mauro, ya que se le caería todo su maquillaje y parecería un payaso, triste. —Pará, acá no. —lo empujé un poco y lo guié hasta la puerta de servicio, para salir al patio trasero donde solía dejar la moto, no tardó mucho en encenderlo y reprochar. —Qué tipo que me da vergüenza, no puede ser tan malnacido. —Es una noviecita nada más, y no parece llevarse tan mal con mi papá que era lo que me preocupaba de verdad. —Mia tiene como treinta años menos que él, ¡Es

