El tinte que le daba la lluvia y la oscuridad a mi habitación nos sumergía en una intimidad plena, conectados entre sí y disfrutando de la magia que hacían nuestros cuerpos juntos, permitiéndonos sentir placer y una oleada de sentimientos más fervientes, como si el acto nos llevara a sensibilizarnos más y quisiéramos todo del otro, al punto de reprimir lo que nos queríamos decir para no arruinar nada. —Dios Mia...—gimió en nuestro beso, apartó su boca para respirar y calmar su escasa purificación. Me encantaba cuando decía mi nombre entre pequeños jadeos, me motivaba y daba la certeza que yo lograba hacerlo perder. —Sos tan perfecta. Sonreí con los ojos cerrados y me perdí entre escucharlo jadear y la lluvia que parecía golpear cada vez caer más fuerte, los truenos me asustaban un poco p

