La siguiente hora la pasé con el corazón atragantado y todo el cuerpo tensionado viendo cómo Franco hacía piruetas en el aire con la moto, saltando de una colina a la otra sin un hacerse ni un rasguño. No pude evitar contener mis expresiones verbales y corporales a cada momento que se levantaba un poco del asiento, la piel se erizaba y me tapaba los ojos para abrirlos cuando las chicas me aseguraban que tocaba el suelo. Pude volver a respirar cuando las motos se dirigieron hacia nosotras y Franco se sacó el casco cuando se acercó, dejándome ver su hermosa y reluciente sonrisa que tanto me gustaba y me acostumbraba a tener para mí. Estaba feliz, exaltado y desbordado de energía, se le notaba cómo lo disfrutaba y con la pasión que lo tomaba, por lo que no quise arruinar con mis miedos, el f

