BERLÍN, ALEMANIA. La moral de Johan le gritaba que no debía hacerlo, pero por dentro estaba ansioso por brindarle la tarjeta de crédito y decirle que sacara la cantidad que deseaba. Era su nieto, su sangre y si la policia no podía llegar a él antes de que Baunk hiciera algo terrible con él, debían actuar ellos así que las palabras de Becca tenían razón. Hizo a un lado su voz interior y entonces le dijo: —¿Cuánto dinero quieres? La mujer no podía creer lo que estaba escuchando y terminó extasiada abrazándolo como si acabara de darle dinero para comprar uno de los costosos bolsos que tanto le gustaban. —Te juro que has tomado la decisión correcta y si yo tuviera el dinero no te lo pediría. No lo sé—pensó la respuesta unos segundos—. Tal vez cien mil euros. —¿Cien mil euros? —Si

