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1563 Palabras

Capítulo setenta -Leo Ahora ni siquiera me deja entrar con ella al elevador, porque me ve como un potencial riego. Yo solo quería poder tener la dicha de verla una vez más antes de que ambos nos fuéramos por nuestro rumbo, además, bueno admito que algo le hubiese dicho de lo que estuvimos hablando en el restaurante y en que ella no necesita de mi ayuda, pero si se va a ver de forma solitaria con el idiota que un día la trato de tocar. Dios. Natasha, me vas a volver loco. Espero pacientemente el elevador el cual abre las puertas al estar disponible, al fin, para mí y le hago una seña de despedida al guardia que me mantuvo retenido por tanto tiempo aquí abajo hasta que ella pudiese subir, marco hasta irme al séptimo piso y nada más salir todos se me quedan mirando con ojos de esp

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