Llegamos a su departamento en menos de 15 minutos, definitivamente, le urge llegar pronto y a manejado entre el límite de lo permitido y lo que no lo está. Bajamos y me toma la mano, de verdad este hombre lleva prisa, prácticamente corro para seguirle el paso. El ascensor llega a su piso, el último... dándonos acceso directo a su hogar. todavía no se han cerrado las puertas cuándo me atrapa con desesperación. Me besa con desenfreno, mientras una de sus manos me sostiene de la nuca y la otra me obliga a subir mi pierna a su cadera, justo antes de que su pelvis me aplaste contra la puerta, haciendo presión en mi centro. - Estás mojada, Alma?- Me dice en un susurro ronco, mientras su boca se desliza desde mi cuello hasta mi mandíbula. No encuentro mi voz para responder. Mi capacidad de

