No puedo creer que estamos en Costa Rica, Drake bay es demasiado hermoso, lleno de vegetación que parece que el ser humano, no ha podido tocar e intervenir. Naturaleza en estado puro. Nos han traído a unos bungalows hermosos y lujosos, pero totalmente a tono con la naturaleza que los rodea, nos ha recibido una mujer de edad y su hija de unos 36 años. Conocidas de Leo de su infancia y juventud, la señora Marita ha sido amiga de mi suegra y han vuelto a Costa Rica. Pamela su hija, no ha quitado sus ojos lujuriosos de mi marido y mientras su madre nos indica lo básico, la veo sonreír de manera extraña, cómo si hubiese habido algo entre ellos, algo privado, de dos y mi instinto me dice que sé lo que es y me molesta de sobremanera. Me acerco a Leo, la señora Marita, sigue conversando con él, so

