"Pues sí, ¿acaso querías que me quedara llorando por ti?" pregunté con desdén. Adán me miró sorprendido.
"No, no dije eso," respondió él.
"Entonces, ¿por qué preguntas tonterías?" pregunté, pero al darme cuenta de quién le estaba hablando, me arrepentí. "Lo lamento, señor. No debería hablarle así."
"No te preocupes. No estamos hablando como viejos conocidos, no como empleado y jefe," dijo Adán.
"Pero por favor, no se acerque a mí así, no," le pedí.
"Aún me odias, ¿verdad?" preguntó.
"No te odio," comenté, mirándome en el reflejo.
"Te quedan bonitos los bucles," comentó, señalándome en el reflejo. Yo suspiré.
"Gracias," murmuré, sin mirarlo.
"Eso es lo que…" comenzó a decir, pero lo interrumpí.
"¿Qué?”, pregunté.
"Yo… lamento haberte juzgado por tu pasado," susurró Adán. Yo lo miré con atención.
"Y qué, ¿acaso eso de alguna manera puede arreglar el daño que me hiciste hace un tiempo atrás?" pregunté. No era de esas personas que negaban los sentimientos. Aunque fingía que no me afectaba nada, prefería decir las cosas de frente, y en ese momento lo estaba haciendo.
"¿Quieres tomar una taza de café?" propuso Adán.
"No," murmuré. Para mi sorpresa, se fue. Lo agradecía. Seguí hablando con Juan un rato más. Pero de nuevo, apareció Adán con dos tazas de café de plástico.
"¿Qué?" pregunté sin entender. Él respondió, "Le traje el café para ti."
Acepté de mala gana, desconfiada, dejando mi teléfono a un lado. "¿Por qué me traes café?" pregunté, mirándolo mal.
"Para hablar," murmuró mientras se acomodaba cerca de mí en otra silla.
"Pues ya te dije que no quiero hablar más contigo," comenté, sin mirarlo mientras saboreaba el café. Era justo el que me gustaba, al parecer aún recordaba mis gustos.
"Mis gustos han cambiado," comenté, solo para picarle.
"O ya veo," comentó él, bajando la vista. En ese momento, me sentí mala.
"Y dime, ¿qué has hecho en este tiempo?" pregunté, buscando dar un tema de conversación ya que al parecer él no se iba a ir.
"No mucho, trabajar y hacerme cargo de la empresa de mis padres, ya que mi papá falleció," dijo Adán. En cuanto dijo esas palabras, lo miré, sorprendida.
Lo siento mucho —susurré, y esta vez, nos miramos con nostalgia, como si fuéramos aquellas personas de hace tiempo atrás, consolándonos mutuamente.
"De nada, en realidad no es tu culpa," susurró él, y yo suspiré.
"Supongo que no," murmuré, mirando con tristeza mi reflejo.
"No sabías que era millonario, ¿verdad?" preguntó.
"No, nunca lo hubiera imaginado," comenté divertida. Él me miró con una ceja levantada.
"¿Por qué no?" preguntó, y yo empecé a reírme mientras me hacía una sombra en el ojo izquierdo.
"No lo sé, supongo que para decirte, muy sencillo."
"Pero tenía un Tesla," protestó.
"¿Y qué? Lo podrías haber comprado en cuotas, amor," me encogí de hombros. Él se rió divertido.
"Tú eres inocente a pesar de todo," comentó.
"No lo soy, tengo un pasado horrible," dije, alegando.
"Siempre fuiste adorable, Isabella," mencionó, tomando mi mano, a lo cual solté enseguida.
"¿Por qué me tocas?" pregunté con molestia, y él dijo, "Lo siento."
"No me vuelvas a tocar," murmuré, poniéndome de pie y devolviéndole la taza de café que había terminado, porque estaba buenísimo. Aunque no lo reconociera, su charla me alegró la mañana, pero no lo iba a aceptar ni en un millón de años.
Hice un gesto de despedida con la mano, contorneando las caderas, y me alejé por mi lado.
Y a propósito, me quedé de pie frente a él, quitándome el vestido que tenía que cambiar en el vestuario, pero me daba igual. Solamente me reí cuando vi su reflejo en el espejo, observando cómo sus mejillas se tornaban rojizas, ya que nunca me había visto sin ropa.
En la tarde, cuando ya estaba a punto de salir con mis cuatro amigas, una voz me detuvo. "Isabella," susurró Adán corriendo detrás de mí.
"¿Qué?" murmuré con cansancio, mirándolo mal.
"Vamos, chicas," comentó Camila, y ellas desaparecieron. Preferí no insultarlas y las dejé ir.
"¿Qué quieres ahora? Ya me abandonaron," protesté, mirándolo con más molestia.
"¿Quieres ir a un lugar conmigo?" preguntó, y yo negué.
"¿Por qué iría a un lugar contigo?" pregunté de nuevo, con escepticismo.
"Por favor," suplicó, poniendo una expresión de perrito que no pude evitar, y terminé diciéndole que no.
"Pero espero que haya comida," comenté. Él se rió.
"No te preocupes por la comida," comentó, y pronto subimos a su vehículo.
Era un Mustang, un modelo nuevo, aunque no tenía idea de autos y tampoco conocía mucho sobre ellos. Cuando le pregunté acerca del modelo, él me lo explicó con paciencia. Mientras íbamos en el auto, me atreví a preguntarle si tenía novia, dada su posición millonaria, fama y atractivo físico.
"No," murmuró mientras arrancaba el vehículo con un botón. Me sorprendí por la tecnología, y él me explicó que era una característica táctil.
"Así que es táctil," comenté, sin poder evitarlo.
"Sí," dijo divertido. Rodé los ojos, ya que aún no había tenido la oportunidad de comprarme siquiera un auto de segunda mano.
"Yo que todavía no me puedo comprar un auto barato," suspiré.
"Ahora, con esta paga que nos van a dar, seguramente sí," dijo con seguridad.
"No, lo invertiré en mi casa," le comenté mientras él aceleraba y nos adentrábamos en la ciudad.
"¿Tu casa?" preguntó.
"Estoy construyendo una casa," expliqué.
"Qué bueno eso," dijo.
"Aunque le pago a albañiles, no puedo hacer fuerza ni lastimarme las manos," admití, ya que era la verdad. Mi trabajo como modelo no me permitía correr el riesgo de lastimarme y afectar mi carrera.
"Pues me alegra mucho por ti," respondió amablemente.
"Gracias, Adán," susurré, mirando por la ventana mientras la ciudad se iluminaba a nuestro alrededor. La música sonaba suavemente en el auto y el ambiente era relajado. Aunque me sentía un poco incómoda teniéndolo cerca, intenté disimularlo lo mejor que pude, procurando que mi ansiedad se disipara aunque fuera por unos minutos. Evitaba morderme el cutículo de los dedos o las uñas, una costumbre nerviosa que tenía y que a veces terminaba lastimándome los dedos.
"Te ves calmada," murmuró Adán en cuanto llegamos a un lugar.
"¿Qué es este sitio?" pregunté curiosa, y él se bajó del auto, rodeó el vehículo y abrió la puerta.
diálogo ven murmuró como extendiendo la mano, pero yo pasé por su lado sin tomársela. Diálogo no me toques amenazante como levantando el dedo diálogo no quiero que me golpees de nuevo comento divertido, no puedo evitar reírme de algo ahora con el mastodonte que eres coma tú me vas a golpear a mí comente como ayer llegó diálogos jamás te golpearía murmuró diálogo pero sí me abandonas en el medio de la nada comenten comida de Suspiro diálogo por favor diálogo sí como lo sé no debo ser rencorosa pero diálogo me lo merezco murmuró, y Yo no entendía sus intenciones de estar aquí Así que se lo pregunté diálogo porque haces esto haga en primer lugar pregunto cómo cruzándome de brazos, estamos en la vereda, iluminados por la tenue luz de un farol diálogo No lo sé murmuró con sinceridad, que me quede perpleja diálogo no lo sabes cómo no sé por qué me estás haciendo perder el tiempo no lo entiendo y yo no sé ni siquiera que yo hago aquí porque no sé qué hago aquí comenté, riéndome divertida comas y en cuanto me giré para poder caminar para volverme como algo me detuvo. Una persona, jaló mi cartera como así se la llevó corriendo después de empujarme. Me tomó con tanta sorpresa como que me quedé perpleja diálogo me robaron pregunté, y no pude ni siquiera asimilar nada como porque Adán como ya se encontraba detrás del ladrón. Asustada Porque algo le pudiera pasar a Adán, tuve que correr detrás de los dos puntos dialogada déjalo Cómo estás Solo hay maquillaje como yo tengo mi teléfono aquí grité como pero él no me escuchó como suspira y, no sabía Con qué demonios de tenerlo como miré a mi alrededor, vi una piedra, empecé a tomar varias piedras como las guardé en mi bolsillo mientras correteaba danza las empecé a lanzar diálogo detente grité como ayer dijo diálogo deja de lanzarme piedras gritó de algo no como tú detente grité nuevamente con mayel me hizo caso mientras
extendía la mano, pero pasé junto a él sin tomarla. Lo miré amenazante, levantando el dedo en advertencia.