"No me toques," dije con firmeza, intentando mantener una distancia entre nosotros.
"No quiero que me golpees de nuevo," comentó con un tono divertido, y no pude evitar reír.
"Ahora, con el mastodonte que eres, ¿tú me vas a golpear a mí?" respondí con sarcasmo.
"Jamás te golpearía," murmuró, y sus palabras me tomaron por sorpresa.
"Pero sí me abandonas en el medio de la nada," añadí con un suspiro. "Por favor..."
"Sí, lo sé. No debo ser rencorosa, pero me lo merezco," murmuró con tristeza.
No entendía del todo sus intenciones de estar aquí, así que decidí preguntarle directamente.
"¿Por qué haces esto? ¿Por qué estás aquí en primer lugar?" le pregunté, cruzándome de brazos mientras estábamos en la vereda, iluminados por la tenue luz de un farol.
"No lo sé," respondió con sinceridad, dejándome perpleja.
"No lo sabes," repetí, sin poder entender por qué me estaba haciendo perder el tiempo.
"Yo no sé ni siquiera qué hago aquí," comenté riéndome divertida. Justo cuando me giré para volver a caminar, algo me detuvo. Alguien jaló mi cartera y salió corriendo después de empujarme. Me tomó por sorpresa y me quedé perpleja.
"¡Me robaron!," exclamé, sin poder asimilar lo que había sucedido. Adán ya estaba detrás del ladrón, y temiendo que algo le pudiera pasar, corrí detrás de los dos.
"¡Detente! ¡Hay solo hay maquillaje! ¡Tengo mi teléfono aquí!" grité, pero él no parecía escucharme. Suspiré, sin saber qué hacer en ese momento. Miré a mi alrededor y vi algunas piedras en el suelo. Rápidamente recogí varias y las guardé en mi bolsillo mientras continuaba corriendo. Comencé a lanzar las piedras en dirección al ladrón.
"¡Detente!" grité nuevamente, y esta vez él pareció hacer caso y detenerse mientras levantaba las manos en señal de rendición.
"¡Déjalo! ¡Estás solo! ¡Hay maquillaje! ¡Tengo mi teléfono aquí!" repetí, intentando que entendiera que no tenía nada de valor para robarle. Adán se acercó a nosotros, y aunque estaba aliviada de que todo hubiera terminado bien, aún estaba conmocionada por lo que había sucedido.
El ladrón finalmente se detuvo, y Adán se acercó a mí, cuestionando por qué lo detuve. Molesta, le respondí que estaba a punto de alcanzar al ladrón y que no sabíamos si tenía un arma u algo peligroso.
"Pero se había robado tu cartera," intentó justificarlo, a lo que le respondí que podía comprar otras cosas. Sin embargo, él insistió, planteando la posibilidad de que me pasara algo. Me preocupé por su bienestar, a pesar de todo lo que había sucedido entre nosotros.
"¿Te preocupaste por mí?", preguntó con una sonrisa en su rostro, y murmuré reacia a admitirlo. Di la vuelta, intentando alejarme, pero él me detuvo. Su contacto me provocaba recuerdos que prefería olvidar.
Entonces, para mi sorpresa, él me abrazó. Su cuerpo cálido contrastaba con el frío que sentía en ese momento, y no pude contener las lágrimas que caían por su elegante saco. Susurró que estaba allí, acariciando mi cabello, y eso hizo que suspirara.
Lo había extrañado más de lo que podía expresar, y no pude evitar aferrarme a él con fuerza. Él respondió de la misma manera, sosteniéndome.
"Te extrañé", susurré, y él respondió que también me había extrañado.
En un arrebato de emoción y enojo acumulados, comencé a golpear su pecho con frustración mientras lloraba. Le reclamé por nunca buscarme ni intentar comunicarse conmigo a pesar de haber creado perfiles en r************* .
"No sabía cómo hacerlo", admitió, y su respuesta me dejó perpleja. No entendía por qué se había alejado tanto, por qué no había hecho nada para buscar mi atención.
"Pudiste llamarme o mandarme un mensaje. Creé perfiles en todas las r************* , incluso te seguí en i********:, ¡y no me hiciste caso!" le recriminé entre sollozos. La confusión y la frustración se mezclaban en mis palabras.
"No lo lamento. No sabía cómo hablarte", dijo con sinceridad, y en ese momento, suspiré, sintiendo un peso enorme al escuchar sus palabras. No sabía cómo procesar todo lo que estaba sintiendo, ni si era posible volver a confiar en él después de tanto tiempo y tantos desencuentros.
Permanecimos en ese abrazo, con emociones confusas y difíciles de expresar. Las lágrimas seguían cayendo, y aunque intentaba contenerlas, sentía que era como si una compuerta emocional se hubiera abierto. Estaba enojada, triste y, al mismo tiempo, aliviada de tenerlo cerca de nuevo.
Pasaron unos minutos en los que ambos estábamos sumidos en nuestros pensamientos. Finalmente, Adán habló en un tono suave y sincero: "Sé que no tengo excusa para lo que hice, Isabela. Me equivoqué al alejarme de ti y al no intentar comunicarme. Fue un error que lamento profundamente."
No sabía cómo responder a esas palabras. Por un lado, quería gritarle y reprocharle por todo el dolor que me causó. Por otro, parte de mí deseaba que todo pudiera volver a ser como antes, antes de que el pasado y las circunstancias nos separaran.
Él continuó hablando: "He pasado este último año pensando en ti, en cómo dejé escapar algo tan valioso. Me di cuenta de lo que significabas para mí cuando ya no estabas cerca. Pero también sé que no puedo esperar que me perdones tan fácilmente."
Me aparté un poco de él para mirarlo a los ojos. Sus ojos mostraban una mezcla de arrepentimiento y anhelo, y pude ver que estaba siendo sincero en sus palabras. Sin embargo, no podía olvidar todo el sufrimiento que había experimentado por su ausencia.
"Adán, no sé qué hacer," murmuré con la voz quebrada. "Tantas cosas han sucedido entre nosotros. Me lastimaste mucho y, aunque quiero creerte y perdonarte, no sé si puedo dejar atrás todo lo que pasó."
Él asintió, comprendiendo mi dilema. "Entiendo que no será fácil, y respetaré tu decisión, cualquiera que sea. Solo quiero que sepas que estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para demostrarte que las cosas pueden ser diferentes."
Quedamos en silencio de nuevo, esta vez sumidos en una especie de tregua emocional. Habíamos hablado un poco, pero sabía que el camino por delante sería complicado. Había heridas que sanar y confianza que reconstruir.
"Vamos a tomar las cosas con calma," dije finalmente, secando mis lágrimas. "No puedo prometer que todo volverá a ser como antes, pero estoy dispuesta a intentarlo. Sin embargo, necesitamos tiempo y paciencia."
Él asintió nuevamente, y en ese momento, sentí que tal vez había una oportunidad para sanar y reconciliar lo que se había roto entre nosotros. Aunque el futuro era incierto, estábamos dispuestos a enfrentarlo juntos, paso a paso, sin importar cuán desafiante fuera el camino.
Los días que siguieron fueron un torbellino de emociones y decisiones. Adán y yo pasamos tiempo juntos, tratando de reconstruir nuestra conexión y conocernos de nuevo. Hablamos sobre nuestros errores, nuestras expectativas y nuestros miedos. Fue difícil, pero también fue liberador poder expresar lo que habíamos guardado por tanto tiempo.
Poco a poco, las barreras que habían surgido entre nosotros empezaron a desvanecerse. Recordamos momentos felices que habíamos compartido en el pasado y comenzamos a crear nuevos recuerdos. Salíamos a pasear, compartíamos comidas y hablábamos durante horas. Aunque había heridas por sanar, también había una chispa de lo que una vez habíamos sentido.
Una tarde, mientras estábamos sentados en un parque, Adán me tomó de la mano y me miró con ternura. "Isabela, entiendo que las cosas no pueden volver a ser exactamente como antes, pero quiero intentarlo. Quiero estar contigo y construir algo mejor, algo más fuerte."
Miré sus ojos sinceros y sentí que algo en mí se suavizaba. A pesar de todas las dudas y el dolor, estaba dispuesta a darle una oportunidad. "Adán, también quiero intentarlo. Pero necesito que entiendas que llevará tiempo. No puedo olvidar lo que pasó de la noche a la mañana."Él asintió comprensivamente. "Lo sé, y estoy dispuesto a esperar el tiempo que necesites. Solo quiero que sepas que estoy comprometido a hacer todo lo posible para demostrarte que he cambiado y que realmente te valoro."
A medida que pasaban las semanas, nuestras conversaciones se volvieron más profundas y honestas. Hablamos sobre nuestras inseguridades, nuestras metas y nuestros sueños. Adán compartió sus planes de trabajar en la empresa de su familia para cambiar su enfoque y ser una persona mejor.
Aunque había momentos en los que la confianza todavía flaqueaba, poco a poco fui permitiéndome abrirme nuevamente. Las cicatrices emocionales seguían ahí, pero también sentía que estábamos construyendo algo nuevo, algo que podría resistir las tormentas que la vida nos lanzara.
Un día, Adán me llevó al lugar donde nos habíamos conocido, en la playa. Habíamos recorrido un largo camino desde entonces, y estar allí otra vez fue como un recordatorio de lo lejos que habíamos llegado. Miré al horizonte, pensando en todo lo que habíamos superado juntos.
"Isabela," dijo Adán, tomando mi mano y poniéndose de rodillas. Mi corazón comenzó a latir más rápido mientras él sacaba una pequeña caja de su bolsillo. "Quiero hacerte una pregunta importante. ¿Te gustaría darle una oportunidad a nuestro futuro juntos? ¿Te casarías conmigo?"
Mis ojos se llenaron de lágrimas de sorpresa y emoción. Miré a Adán, recordando todo lo que habíamos compartido y cómo habíamos luchado para superar nuestros errores. Sabía que no podía predecir el futuro, pero sentía que estaba lista para dar este paso.
Con una sonrisa temblorosa, asentí. "Sí, Adán. Quiero darle una oportunidad a nuestro futuro juntos. Quiero casarme contigo."
Las lágrimas llenaron los ojos de Adán mientras abría la caja y me ponía un hermoso anillo en el dedo. Nos abrazamos con fuerza, sabiendo que esta era solo una nueva etapa en nuestro camino, pero estábamos dispuestos a enfrentarla juntos, con amor, paciencia y compromiso.
Y así, en aquel lugar especial donde todo había comenzado, Adán y yo dejamos atrás el pasado y abrimos las puertas a un nuevo capítulo de nuestra historia, lleno de esperanza, perdón y amor.
------
Camila
Aquí tienes la corrección y edición del texto:
Soy Camila y estoy caminando sin prestar demasiada atención a mi entorno. Para ser sincera, me alegra mucho que mi amiga pueda ser feliz, como había anunciado en toda la empresa, que ellos habían sido pareja antes y cómo habían vuelto a reencontrarse. En general, estábamos felices, aunque no todas las personas, especialmente algunas modelos, sabían que tenían bastante envidia por su relación. Mientras caminaba, con la mente llena de pensamientos, no me di cuenta de que al cruzar la calle, se acercaba un vehículo.
"¡Fíjate por dónde vas!" exclamó el conductor, molesto. Al mirar y darme cuenta de que no lo había visto, le respondí: "Tú fíjate dónde vas". El conductor se bajó del vehículo y dijo, "Casi te atropello, ¿y tú te molestas?", preguntó, reconociéndome. Era el taxista de aquel día con el que habíamos hablado, y que me había caído relativamente mal. "Ah, sí, eres tú. ¿Qué más se puede esperar de un idiota?" comenté, y seguí caminando, como si no le prestara atención.
"¿Quieres que te lleve?" preguntó. Me quedé parada en medio de la calle, pensando en mi respuesta. "No," murmuré, y crucé la calle hasta llegar al otro lado. El taxista, que me había seguido, dejó el vehículo estacionado en un lugar que no sé, y me alcanzó. "Lamento no haber querido atropellarte," comentó. Suspiré, poniendo los ojos en blanco. "Claro, como si uno fuera por la calle deseando atropellar a la gente," comenté sarcásticamente.
"¿A veces te dan ganas, sobre todo cuando tienes clientes insoportables?" murmuró. "Así como tú," añadió.
"¿Disculpa?, el que me estaba coqueteando y diciendo tonterías eras tú," le reproché, cruzando los brazos. Empezó a reírse divertido, rompiendo el hielo.
“Te ves bonita cuando estás molesta," dijo de repente, y otra vez empezó.
“¿No te cansas de coquetear?" pregunté, y él negó.
“No contigo. Me muero," respondió divertido, y puse los ojos en blanco.
“Mira, chico, yo sé muy bien lo que quiero y estar con alguien como tú, tan halagador, no."
“¿Por qué no?" preguntó, y yo seguí caminando, pero me detuve.
“Porque seguramente eres así con todas, vamos, admítelo," comenté, estirando los brazos como para indicar que él hable, pero no lo hizo. Negó, y yo seguí caminando. Él me alcanzó enseguida, tomándome de la mano, y lo observé.