“¿Qué quieres?" pregunté, molesta.
“Nada, solo quería verte a ti."
“¿Por qué a mí?" pregunté, y él sonrió.
“Dame algo más de… tiempo," murmuró más para sí mismo, y para mi sorpresa, me robó un beso en los labios. Dio un paso hacia atrás, sin comprender por qué lo había hecho.
“¿Qué te pasa?" pregunté molesta, empujándolo.
“Nada, eres bonita," volvió a repetir, lo miré con incredulidad.
“¿Por qué no vas y se lo dices a otra?" pregunté molesta.
“Ya le digo," respondió. Lo miré mal y dijo:
“Porque me gustas. Eres especial," dijo esas palabras, lo miré con intriga, no comprendía por qué me decía algo así como si ni siquiera me conociera.
“No me conoces, no sabes ni quién soy ni mis gustos ni nada de mí," dije.
“Pues entonces, si no nos conocemos, yo los aprenderé," comentó, y seguimos caminando atravesando la plaza. Yo necesitaba llegar al estudio.
“¿A dónde vas?" preguntó curioso, sin dejar de acelerar el paso ni un solo instante.
“A trabajar. Algo que tú deberías hacer también," comenté, y él se rió.
“Pues ahora es mi descanso," respondió encogiéndose de hombros.
“¿Dejaste tu vehículo en cualquier lado y me seguiste? ¿Eso es parte de tu descanso?" pregunté, sin verlo mientras cruzaba la calle, pero en ese instante, él me detuvo. Me tomó de la mano y me arrastró hacia él.
“¿Qué ocurre?" pregunté.
“Venía un vehículo," comentó, mientras me tomaba de la cintura y me abrazaba hacia él. Pude sentir los latidos de su corazón mientras me sostenía entre sus brazos.
Se mezcló nuestro calor corporal, el uno con el otro. Traigo saliva y levantó la cabeza, viendo que él efectivamente me está sonriendo.
“¿Estás mejor?" preguntó, y yo suspiré.
“No," murmuré, y me di la vuelta para irme. Pero él me detuvo.
“No te vayas," pidió, su tono distante. Lo único que quería era desaparecer.
“Eres muy molesto, ¿sabes?" pregunté y él se encogió de hombros.
“¿No me agradeces por salvarte la vida?" preguntó, y yo no pude evitar reírme divertida.
“No," comenté, antes de ingresar al edificio.
“Oye, ¿te gustaría cenar conmigo esta noche?" preguntó. Yo suspiré.
“¿Por qué haría eso?" pregunté, y él dijo.
“Por favor," insistió, y yo rodé los ojos.
“No," comenté, enfatizando con la voz para que él me entendiera. Se mostró un poco triste y en ese instante me arrepentí. Quise decir algo, estirar el brazo, pero no lo hice ya que él se dio la vuelta y se alejó. Me mordí los labios porque, a pesar de todo, ahora no sabía cómo localizar los puntos. Un segundo, porque yo quiero localizar a alguien como él. Debo estar enloqueciendo. Y no salí del edificio.
Saludé a todos los modelos que vi en el camino hasta que llegué a mi planta. Olivia y mis amigas estaban siendo maquilladas. Isabela también estaba en el probador, charlando con su futuro esposo, y yo me encontraba sola, en el área de maquillaje. Miré el espejo y vi el cabello oscuro y unos ojos oscuros que me observaban. Mordí los labios, siempre había preferido ser una persona solitaria. Más después de todo lo que había sufrido. Por ese motivo, lo mejor siempre era evadir los sentimientos.
Más tarde, tenía clase de ballet. No podía faltar solamente por estar con un chico que ni conocía y ni siquiera sabe por qué me lo planteaba.
“¿Por qué estás así?" preguntó Olivia, acercándose a mí.
“Oye, ¿en qué momento apareciste?" pregunté.
“Te veo pensativa. Dime qué te pasa," dijo.
“Nada, me crucé con el idiota del taxista."
“¿Y qué pasó?" preguntó divertida.
“Nada, lo mismo de siempre. Intenta conquistarme, me dice palabras bonitas y me invitó a salir esta noche."
“¿Y aceptaste?" preguntó con emoción.
“No, porque aceptaría," pregunté y ella se rió por algo.
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“Pero es guapo," comentó Olivia, y suspiré.
“No me interesa un hombre así," y me di la vuelta. No tenía muchos ánimos de trabajar en ese día, pero debía hacerlo de todos modos.
Ingresé a los vestuarios y me miré al espejo. Como siempre, había adelgazado un poco más. Había sido bulímica y también sufrido de anorexia. Había sido parte de mi adolescencia, no desde que empecé a ser modelo. Lo peor de todo es que era alta, media 170 cm, y el taxista tenía un poco más de mi altura, creo que me llevaba unos 5 cm. No lo sé, y no sé por qué estoy pensando en esto.
“¿Por qué pienso en el taxista?" pregunté en voz alta, e Isabella se acercó a mí.
“¿Ahora estás hablando del taxista en voz alta?" preguntó divertida, y yo quise replicar algo, pero ella se fue. No entendía por qué todo el mundo me lo recordaba.
En ese día estuvimos practicando mucho para el próximo evento. Nuestro jefe no estaba, así que Isabella andaba un poco triste porque lo extrañaba. Suspiré. En cuanto salí del trabajo, empecé a caminar en dirección a mi casa. Aunque vivíamos las cuatro juntas, muchas veces prefería ir caminando para hacer un poco de ejercicio. Y en este momento no estaba en la recepción.
"Oye, ¿no quieres que te lleve?" preguntó una voz conocida, y no pude evitar sonreír. Era él. Pensé que no vendría por mí, pero de igual forma lo hizo.
"¿Cómo sabías en qué horario salía?" pregunté un poco desconfiada, mirándolo con los ojos entrecerrados. Aunque no quería admitirlo, verlo por alguna razón me alegraba.
"Pregunté a una chica que vi pasando."
“¿A qué chica?" pregunté curiosa.
“Su nombre.... Me dijo que era Olivia."
“Mataré a Olivia," comenté, poniendo los ojos en blanco, y no pude evitar reírme.
“Entonces, ¿quieres salir a algún lado?" preguntó.
“No, quiero. Enséñame a manejar," comenté con mayel. Me miró sorprendido.
“Claro, ven. Súbete a mi auto." Me subí al asiento de copiloto sin saber dónde me llevaría. Pero por algún motivo desconocido, confiaba en él.
“Vamos a ir a una zona donde la mayoría va a practicar. ¿Has manejado alguna vez?" preguntó mientras aceleraba el vehículo y salíamos.
“No, jamás. Pero tienes que ser productivo en mi vida de alguna manera," comenté, y él se rió.
“Pero si te invito a comer, también soy productivo."
“No, gracias," murmuré, aunque mis tripas resonaron, protestando mi negativa.
“Tu cuerpo dice lo contrario, tienes hambre," comentó, mirándome intensamente, y suspiré.
“Deja de mirarme así."
“Es que eres muy bonita," comentó, y no pude evitar rodar los ojos.
“Deja de decirme eso. Ya sé que soy bonita, por algo soy modelo, pero ¿es eso lo único que ves?" pregunté, con un tono de mayor negación.
“No, me gusta porque eres una chica desafiante y divertida. También se nota que eres inteligente."
“Gracias." Quiso añadir algo más, pero no supe qué decir.
“Soy guapo, lo sé," comentó divertido, y pronto llegamos. Era una gran pista con calles de pavimento, y había algunos autos practicando.
“No, voy a chocar con los otros autos," comenté aterrada, y él respondió: "No dejaré que te pase nada" murmuró, y se salió del asiento, ajustándolo un poco.
“No soy tan pequeña, creo que casi tengo tu altura," comenté, y él se rió divertido.
“Tienes que quitarte los tacones," señaló, y yo negué.
“Maldición, no traje nada."
“Entonces descalsa," comentó.
“Está bien," murmuré.
Y entonces me acordé, tenía medias en la cartera.
“¿Y con medias será mejor?" pregunté.
“Si no se te resbala el pie. Fíjate en los pedales, pero no, no te preocupes." En cuanto probé, me di cuenta de que se sostenían bastante bien, así que podía.
“Y ahora, ¿qué hago?" pregunté, y él me dijo.
“Primero, tienes que poner en contacto el vehículo. ¿Te enseñaré? ¿Sabes girar la llave?" preguntó. Yo negué.
“Bueno, se hace de esta manera. Mira," comentó y empezó a explicarme. Se acercó mucho a mí, y pensé que incluso me besaría, pero no lo hizo.
“¿Entendiste?" preguntó.
“Sí, claro," respondí un poco tartamudeante, ya que su perfume de alguna manera me mareaba, más que estar dentro de un auto con olor a Simón. Encendí el vehículo.
“Muy bien," exclamó, y yo sonreí.
“Y ahora, ¿qué?" pregunté.
“Tienes que apretar el embrague."
“¿Y cuál es? Hay tres pedales," pregunté.
“El de la izquierda, el último."
“¿Este?" pregunté, señalándolo con el pie.
“Sí, así. Tienes que apretarlo. Muy bien, y ahora, para poner primera, tienes que apretarlo bien," comentó, y la pAdánca va desde el lado izquierdo y luego hacia arriba. Me enseñó a hacer los cambios, después la dejó en su lugar.
“Ahora tú," comentó, y yo hice lo mismo.
“¿Quedó bien?" pregunté, un poco desconfiada.
“Perfecto, no se sale," comentó mientras probaba, tocando el cambio.
“Bueno, ¿y ahora?" pregunté emocionada, ya que sería la primera vez que intentaba manejar.
“Ahora, para avanzar, tienes que apretar el acelerador de a poco e ir soltando el embrague," murmuró, y yo no entendí muy bien sus palabras. Entonces, apreté muy fuerte y solté de golpe el embrague. El motor se apagó.
“Ahí, lo hice pésimo," comenté, y él se rió.
“Tranquila, es la primera vez. Si quieres, te muestro cómo es."
“Claro," murmuré, abrí la puerta y me salí. Él se sentó y empezó a mostrarme. Así estuvimos durante otra hora, él enseñándome. Hasta que por fin pude.
“¡Puedo!" exclamé feliz, porque había logrado poner la primera marcha sin que el auto se disparara.
“Excelente. Ahora pon segunda."
“¿Qué?" pregunté asustada mientras íbamos en línea recta, sin entenderlo.
“No es como la primera. Puedes hacerlo en forma rápida. Suelta un poco el acelerador antes de poner el embrague, y después mete la marcha, que es para atrás de la primera. Luego aprietas el acelerador mientras sueltas el embrague."
“Espera, espera. Son muchos pasos. ¿Tú crees que me enloquezca o algo por el estilo?" pregunté y él negó.
“Tranquila. Yo confío en ti." Me animé e hice eso, y lo logré. Estaba tan feliz. Nunca en mi vida había tenido la oportunidad de manejar, y ahora, gracias a él, podía. Le sonreí, y él me devolvió la sonrisa.
Estuvimos hablando durante bastante tiempo, y él me explicaba todo acerca de los autos.
“Gracias por esta clase. La verdad es que me ha ayudado muchísimo," le dije.
“De nada. Cualquier cosa que necesites, pues me dices."
“¿Es tu auto?" pregunté curiosa.
“Así es, es mi auto."
“¿Hace cuánto trabajas como taxista?" pregunté curiosa.
“Hace unos 10 años ya," y no pude evitar sonreír.
“¿Hay mucho trabajo por aquí?" murmuré asintiendo.
“Lo es," entonces sonó mi teléfono y tuvimos que dejar de hablar.
“Hola," pregunté, y del otro lado, empezó a hablar Isabela.
“¿Por qué estás llorando?" pregunté confusa. Isabela hablaba rápido y no podía entenderla bien.
“Voy para allá."
“¿Qué ocurrió?" preguntó confundido él.
“Es Isabella. Al parecer le pasó algo, está llorando por algo."
“¿Quieres que te lleve?"
“Claro," murmuré, sentándome. Y de pronto me di cuenta de un detalle importante.
“No sé cómo te llamas," comenté.
“Te diré si me das tu teléfono."
“¿Mi teléfono?" pregunté dudosa y confundida. Entonces, se lo di.
“Agrega mi número y mi nombre," comentó mientras yo leía en la pantalla el nombre "Genaro."
“Es un nombre feo," comenté.
“Disculpa."
“Es muy de viejo. ¿No había otro nombre más moderno para poner?" preguntó y él negó.
“Es el que me pusieron," comentó y se encogió de hombros.
“¿Tienes a tus padres?" pregunté curiosa.
“Sí, a ambos. ¿Por qué?"
“Por nada," murmuré un poco apenada, ya que estaba bastante distanciada de mis padres.
“Bueno, vamos," comentó, y pronto aceleramos hasta llegar a mi destino.
Aquí tienes el texto corregido y editado:
Al llegar, lo hicimos de forma rápida.
“Gracias por traerme. Te invitaría a pasar, pero no sé qué me voy a encontrar," comenté divertida.