Estoy sentada en la oficina de mi padre, rodeada de papeles y pantallas que no dejan de mostrar cifras y gráficos que no entiendo del todo ni me interesa entender. Mis dedos tamborilean nerviosamente sobre el escritorio mientras intento concentrarme, pero mi mente sigue divagando. Sofía está de luna de miel, y no puedo dejar de preocuparme por ella. Espero que se esté tomando sus medicamentos. Ella es tan despistada a veces, y ahora no estoy ahí para recordárselo. Me inquieta pensar que podría olvidarlo todo por estar ocupada jugando a ser la esposa perfecta de Omar. Intento apartar esos pensamientos y centrarme en lo que tengo enfrente. Pero es inútil. Odio estar aquí. Odio estos números fríos y mecánicos que parecen tener más valor para mi padre que cualquier otra cosa. Esta empresa no

