Estaba en mi habitación, rodeada por un silencio que me pesaba como una losa. Frente a mí, el vestido de novia que había comprado colgaba del armario, un recordatorio doloroso de todas las ilusiones que alguna vez tuve. Lo deslicé con cuidado dentro de su funda, tratando de ignorar el nudo en mi garganta. ¿Cómo pude ser tan ingenua? Pensar que Omar era el hombre con el que iba a compartir mi vida… Ahora sabía que no era más que un imbécil que nunca confió en mí. Estaba sumida en mis pensamientos cuando escuché pasos acercándose. No me molesté en voltear; ese andar tan lleno de confianza lo reconocería en cualquier parte. Era mi hermana Samantha. Siempre había disfrutado de encontrar mis momentos más bajos para pisotearme. Su comentario me golpeó como un dardo envenenado, pero no iba a da

