Eran las 5 de la tarde del sábado siguiente por lo que Noah estaría próximo a llegar, estaba cepillándome los dientes cuando escuché el timbre, abrí y Noah llevaba un bonito ramo de rosas en sus manos que me extendió con una hermosa sonrisa - La última vez no pude entregarte bien un ramo de flores así que te traje estas – Se acercó lentamente a mí y me besó de una forma tranquila y muy tierna. - No sé qué decir, están hermosas. ¡Muchas gracias, amor! – Le dije aceptándolas e invitándolo a pasar - No tienes nada que decir, lo hago con todo el amor del mundo – Me cogió de la mano y la acarició – ¿Ya estás listo? - Sí, ya solo iré por mi abrigo y nos vamos Salimos del apartamento, bajamos y nos dirigimos a su moto que se encontraba ahí parqueada. Siempre tendría este miedo constante

