Leah cerró la puerta de su oficina con un suave clic, el eco resonando en el silencioso pasillo del hospital. El peso de la situación era cada vez más asfixiante, y el sobre con la foto que encontró más temprano no dejaba de rondar en su mente. Sabían lo que ella y Rey estaban haciendo, y esa advertencia, tan simple como aterradora, no se podía tomar a la ligera. La noche de hoy ya no sería seguro para ella hablar con la doctora Vargas.
Esa noche, mientras salía de la oficina revisaba su teléfono cuando este vibró. Recibiendo un mensaje de Rey:
''Necesito hablar contigo. En la azotea en 10 minutos''.
Leah frunció el ceño, pero su corazón dio un vuelco. Al ver el texto se tensó pensando lo peor, pero también tenía que pensar que Rey solo tenía algo importante que decirle.
Subió a la azotea, el aire fresco de la noche envolviéndola mientras la ciudad brillaba a lo lejos. Allí estaba Rey, de pie junto a la barandilla, con la mirada perdida en el horizonte. Al oír sus pasos, se giró hacia ella.
—Gracias por venir —dijo con una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Me habías preocupado —respondió Leah, acercándose y apoyándose en la barandilla junto a él.
Rey suspiró, pasándose una mano por el cabello, un gesto que le hacía notar algo de inquietud.
—Esto está escalando más rápido de lo que pensé. Samuel ha encontrado algunas transacciones sospechosas, pero no podemos movernos sin pruebas más sólidas. Michelle está cada vez más cerca de descubrirnos, y ahora... este sobre —levantó la fotografía de Leah y Rey juntos en el restaurante—. Nos están vigilando de verdad, y eso fue de hace tiempo.
Leah miró la foto, su corazón latiendo más rápido al verla de nuevo en manos de Rey.
—No podemos dejar que el miedo nos paralice —respondió ella—. Sabemos lo que está en juego, pero tenemos que seguir adelante, Rey.
Él asintió, pero la intensidad de su mirada la desconcertó.
—Lo sé. Es solo que… no puedo dejar de pensar en ti. En lo que podría pasarte si algo sale mal. —Rey hizo una pausa, bajando la mirada al suelo—. Bueno si también a los demás, pero… No puedo perderte, Leah.
El silencio se extendió entre ambos por un instante, pesado y cargado de emociones no expresadas. Leah lo miró, sintiendo cómo algo en su interior se removía. Rey no era solo un colega ahora para ella; era alguien quien demostró que podía confiar de una manera que no confiaba en nadie más. Alguien por quien empezaba a sentir algo más profundo a medida del tiempo...
—Yo tampoco quiero perderte —murmuró Leah, casi sin pensarlo.
Rey alzó la vista, sorprendido por la sinceridad en su voz. Sus ojos se encontraron, y en ese momento, el ruido del mundo exterior pareció desvanecerse. Sin pensarlo, Leah dio un paso hacia él, y Rey, como si fuera la cosa más natural del mundo, la tomó suavemente de la mano.
—Sea lo que sea que esté pasando… lo enfrentaremos juntos —dijo Rey, sus palabras apenas un susurro en la oscuridad.
Leah asintió, y en ese momento, la distancia entre ellos se desvaneció por completo. Fue un gesto simple pero cargado de significado: Rey inclinó la cabeza hacia ella, y sus labios se encontraron en un beso suave y pausado, lleno de todo lo que hasta entonces habían guardado en silencio.
Cuando se separaron, ambos parecían sorprendidos, pero ambos se separaron abruptamente nerviosos por el hecho que acababa de pasar entre ellos. Sin duda algo había cambiado, algo que ya no podían ignorar.
—Esto… cambia muchas cosas —dijo Leah, con una sonrisa nerviosa.
—Quizás, pero no es algo malo… Lo siento fui imprudente —respondió Rey, con cierto nerviosismo en su voz que le dio a Leah una razón para también disculparse.
Esa noche ambos se prometieron no hablar sobre el tema, siendo un error por los sentimientos que generaba a flor de piel la situación por la cual estaban pasando. A la mañana siguiente, Leah se dirigió a la sala de descanso, sintiendo la mezcla de euforia y tensión que ahora envolvía cada momento de su vida. Pero esa paz no duraría mucho. En cuanto cruzó la puerta, se encontró con Camila, que la esperaba con el ceño fruncido.
—Tienes que ver esto —dijo su amiga sin rodeos, señalando su teléfono.
En la pantalla había un correo del departamento administrativo, firmado por el jefe de personal. Estaban despidiendo a Fabián, uno de los doctores, por "irregularidades en la gestión de medicamentos". La noticia cayó como una bomba.
—¿Crees que esto tiene que ver con lo que hemos estado investigando? —preguntó Leah, su mente trabajando rápidamente.
—Sin duda. Fabián era uno de los pocos que se doblegaba ante Michelle. Creo que ella lo vio como inútil luego de que Brian se fue y decidió deshacerse de él antes de que pudiera hablar sobre todo lo que realizo junto a ella —respondió Camila, claramente preocupada.
Leah sintió una punzada. Estaba claro que Michelle estaba tomando medidas para cubrir sus huellas. Y cada vez que intentábamos acercarnos a la verdad, termino haciendo responsable a otra persona y esta termino fuera del hospital…
—Tenemos que hablar con él antes de que lo echen del todo. Si tiene alguna información, podría ayudarnos —dijo Leah, decidida.
Camila asintió, y juntas fueron en busca de Fabián.
Lo encontraron en el vestíbulo, recogiendo sus cosas con una expresión de frustración y resignación.
—Fabián —lo llamó Leah, acercándose rápidamente—. ¿Podemos hablar?
El doctor levantó la vista, sus ojos llenos de amargura.
—¿Hablar de qué? Ya tienes lo que querías, Michelle se ha asegurado de que me expulsen del hospital, y no hay nada que pueda hacer al respecto.
—Lo sabemos, pero hay algo que debes saber. Estamos investigando el desvío de medicamentos, y creemos que Michelle está detrás de todo, no creo que hayas sido tú directamente. ¿Tienes alguna información que pueda ayudarnos? —preguntó Leah, con la esperanza de que él pudiera aportar algo crucial.
Fabián la miró con sorpresa.
—¿Así que ustedes también lo saben? —Preguntó, y luego bajó la voz—. No tengo pruebas, y tampoco tengo porque ayudarte.
Leah y Camila compartieron una mirada. Fabián confirmaba sus sospechas, pero sin pruebas concretas, aún estaban en terreno peligroso.
—Vamos a seguir adelante con esto —dijo Leah con determinación.
Fabián asintió lentamente.
—Hagan lo que quieran, par de idiotas. Michelle no se detendrá ante nada para proteger su poder.
Mientras Fabián se alejaba, Leah sintió una mezcla de frustración y urgencia. La red alrededor de ellos se estrechaba, pero ahora más que nunca, estaba decidida a continuar. Ya no solo se trataba del hospital o de los pacientes; había algo más en juego: sus propias vidas y las de las personas que más le importaban.