Episodio 7

860 Palabras
Leah no pudo dormir esa noche. La imagen de la fotografía en su mente era como una alarma constante, recordándole que cada paso que daban estaba siendo monitoreado. El hospital, que siempre había sido su refugio, ahora le parecía un laberinto lleno de trampas. El sobre, la amenaza, y la presión de desentrañar la verdad sin caer en manos de Michelle la abrumaban. Al día siguiente, decidió enfrentar la situación con la única arma que tenía: la precaución. Llegó temprano al hospital, saludando a las enfermeras como de costumbre, tratando de parecer lo más normal posible. Sin embargo, cada mirada prolongada le parecía sospechosa, cada conversación susurrada un complot en su contra. Mientras caminaba por los pasillos, encontró a Camila a la entrada de su oficina. —¿Te han seguido? —preguntó Leah, su voz apenas audible. Camila negó con la cabeza, pero su expresión no era menos tensa que la de Leah. —No lo sé, pero no he visto nada raro. Aunque la sensación de estar bajo vigilancia no se va. Entraron juntas en el consultorio y cerraron la puerta. Leah sacó la fotografía de su bolso y se la mostró a Camila. La expresión de su amiga se oscureció. —Esto va más allá de lo que creíamos —susurró Camila—. No es solo un robo de medicamentos; hay algo más en juego. —Lo sé —respondió Leah, inquieta—. Rey está hablando con Samuel para que nos ayude a acceder a los registros financieros. Si encontramos algo que vincule a Michelle, tendremos suficiente para ir a las autoridades. Pero debemos ser muy cuidadosos. Ya estamos siendo vigilados, y no sabemos quién está detrás de esto. Camila asintió, pero su preocupación era palpable. Sabían que cada paso en falso podía ser el último. Mientras tanto, Rey había conseguido el acceso a los informes financieros. Estaba en el sótano del hospital, en una pequeña sala de archivo donde los documentos físicos todavía se guardaban, escaneando papeles con una mezcla de ansiedad y determinación. Samuel le había dado las llaves del lugar bajo una excusa, pero Rey sabía que su tiempo ahí era limitado. Pasaron varias horas antes de que Rey diera con algo: una serie de transacciones que parecían fuera de lugar. Pagos excesivos a una compañía farmacéutica, pero sin la documentación necesaria que respaldara esos envíos. Rey tomó fotos de los documentos y los guardó en su teléfono. Justo cuando iba a salir del archivo, escuchó pasos acercándose. Se congeló, conteniendo la respiración. Los pasos se detuvieron justo frente a la puerta. Rey apagó su linterna y se escondió detrás de una estantería, con el corazón martillando en sus oídos. Unos segundos que parecieron una eternidad pasaron antes de que los pasos continuaran, alejándose lentamente. Rey esperó hasta que estuvo seguro de que no había nadie y salió rápidamente del sótano. La sensación de estar al borde del peligro le acompañaba en cada paso. Horas más tarde, se encontró con Leah y Camila en una pequeña habitación de descanso. Les mostró las pruebas que había conseguido. —Esto es suficiente para levantar sospechas —dijo Rey, bajando la voz—. Michelle está desviando fondos y medicamentos, pero no podemos presentar esto sin un plan. Ella tiene el poder de borrar todo esto si nos adelantamos. —Entonces, ¿qué propones? —preguntó Leah, sintiendo la tensión aumentar. —Necesitamos a alguien más de nuestro lado —respondió Rey—. Alguien en una posición más alta que pueda presionar para que se investigue sin que Michelle lo sepa de inmediato. Camila suspiró. —Eso no va a ser fácil. Todos tienen miedo de Michelle. Si nos acercamos a la persona equivocada, esto se va a terminar antes de empezar. Leah miró a Rey, tratando de pensar en alguien que pudiera ser confiable. Fue entonces cuando recordó a la doctora Jacqueline Vargas, una cercana amiga de años y una de las supervisoras más respetadas del hospital, conocida por su integridad y discreción. —¿Qué hay de la doctora Vargas? —preguntó Leah—. Ella no está aliada con Michelle, y tiene suficiente autoridad para iniciar una investigación sin que Michelle lo note al principio. Rey y Camila se miraron, considerando la posibilidad. —Podría funcionar —dijo Rey—. Pero necesitamos reunirnos con ella de manera muy discreta. —Yo puedo hablar con ella —ofreció Leah—. Sé que confía en mí. Camila asintió, aunque seguía preocupada. —Debemos tener mucho cuidado. Ya hemos llamado demasiado la atención. Mientras Leah se preparaba para hablar con la doctora Vargas, no podía sacudirse la sensación de que algo más estaba ocurriendo, algo que no alcanzaba a ver del todo. Sabía que estaban en una carrera contra el tiempo, y que Michelle estaba dispuesta a todo para proteger sus intereses. Esa misma noche, cuando Leah estaba a punto de salir del hospital, recibió un nuevo mensaje en su teléfono, esta vez sin número identificado: "Detente o alguien cercano a ti pagará el precio".  El corazón de Leah se detuvo por un segundo. Sabía que esto no era solo una advertencia.
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