Episodio 6

962 Palabras
Leah se encontraba revisando unos expedientes en la sala de descanso cuando su teléfono vibró con un mensaje. Era de Camila: "¿Podemos hablar? Algo extraño está pasando". Leah frunció el ceño, sintiendo un nudo formarse en su estómago. Desde la advertencia de Michelle, cada pequeño incidente parecía cargado de misterio. Decidió salir del hospital y reunirse con Camila en la cafetería al otro lado de la calle. Al llegar, encontró a su amiga ya sentada, con los brazos cruzados y una expresión de nerviosismo que Leah no solía ver en ella. —Gracias por venir tan rápido —dijo Camila mientras Leah se sentaba—. Algo no está bien. —¿Qué pasó? —preguntó Leah, inclinándose hacia ella con preocupación. —He estado revisando algunos registros y encontré discrepancias en los suministros del hospital. Faltan medicamentos. No son cantidades pequeñas, Leah. Es como si alguien estuviera desviándolos a propósito. Leah sintió un escalofrío. Sabía que Michelle era capaz de cualquier cosa para mantener el control, pero esto parecía demasiado arriesgado, incluso para ella. —¿Estás segura? —preguntó Leah, aunque ya conocía la respuesta. Camila no era del tipo que hacía acusaciones sin pruebas. —Sí, lo he comprobado varias veces. Y no soy la única que lo ha notado. Algunos de los otros doctores también sospechan, pero nadie se atreve a decir nada por miedo a Michelle. Leah dejó escapar un suspiro frustrado. Justo cuando pensaba que las cosas no podían complicarse más, ahora estaba ante un problema que podía poner en riesgo a todo el hospital. —Tenemos que hacer algo. Si está desviando medicamentos, podría estar en peligro la vida de los pacientes —dijo Leah, sintiendo la urgencia crecer en su pecho. —Lo sé, pero si vamos directamente a denunciarlo, Michelle encontrará la manera de librarse de nosotras antes de que podamos probar nada —advirtió Camila, bajando la voz. Leah sabía que tenía razón. Michelle tenía conexiones, influencia y una habilidad para manipular a los demás que la hacía casi intocable. Tenían que ser cuidadosas. —Primero, necesitamos pruebas sólidas. ¿Puedes acceder a los registros completos? —preguntó Leah. Camila asintió. —Sí, pero necesitaré ayuda. Y también alguien dentro del equipo administrativo que no esté aliado con Michelle. —Déjame hablar con Rey. Quizás pueda echar una mano sin levantar sospechas —dijo Leah, tomando su teléfono para enviarle un mensaje a Rey. Mientras esperaba la respuesta, Leah pensaba en lo delicada que era la situación. No podían permitir que Michelle los viera venir. De repente, su teléfono vibró de nuevo. Esta vez era un mensaje de un número desconocido: "Sabemos lo que están haciendo. Dejen de investigar, o habrá consecuencias". Leah se quedó helada. Levantó la vista hacia Camila, y su expresión se tensó aún más al leer el mensaje. —Alguien nos está vigilando. De vuelta en el hospital, Rey caminaba por los pasillos con una expresión de alerta. Había recibido el mensaje de Leah y ahora estaba buscando a alguien que pudiera ayudarles desde dentro sin ser descubierto. Sabía que el equipo de administración era pequeño y cerrado, pero había una persona en particular que podría estar de su lado: Samuel, uno de los analistas financieros. Un hombre de piel morena y cabello oscuro como su mirada, vestido de un traje formal. Rey lo encontró en su oficina, revisando informes con el ceño fruncido. —¿Tienes un minuto? —preguntó Rey desde la puerta, intentando sonar despreocupado. Samuel levantó la vista y asintió, cerrando la pantalla de su computadora. —Claro, ¿qué pasa? Rey cerró la puerta detrás de él y se acercó en silencio, consciente de que no podían correr ningún riesgo. No sabían hasta qué punto las manos de Michelle llegaban. —Necesito tu ayuda con algo. Es confidencial y puede ser peligroso, así que entiende si te lo piensas dos veces antes de involucrarte —empezó Rey, bajando la voz. Samuel arqueó una ceja, pero su expresión indicaba que estaba interesado. —¿De qué se trata? —Tenemos razones para creer que alguien está desviando medicamentos del hospital. Necesitamos acceso a los registros financieros y a cualquier transacción sospechosa que haya pasado desapercibida —explicó Rey. Samuel permaneció en silencio por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. Luego, dejó escapar un suspiro. —No es la primera vez que escucho algo así. Pero si lo que dices es cierto, Michelle no va a dejar que nadie se acerque a esos registros sin luchar. ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Rey asintió. —Tenemos que hacerlo. Si Michelle está detrás de esto, no podemos permitir que siga. Los pacientes están en peligro. Samuel miró a Rey con seriedad y luego asintió lentamente. —De acuerdo. Te ayudaré. Pero necesitaremos ser muy cuidadosos. Si Michelle sospecha de algo, todos estamos en la línea de fuego. Rey lo agradeció y salió de la oficina con el corazón latiendo rápido. Ahora tenían una posible vía para descubrir la verdad, pero la amenaza sobre ellos era cada vez más palpable. Más tarde, esa noche, Leah estaba revisando los informes de los pacientes cuando escuchó un ruido fuera de su consultorio. Se levantó para investigar, pero no había nadie en el pasillo. Sin embargo, cuando regresó, encontró un sobre sobre su escritorio que no había estado ahí antes. Lo abrió con cautela. Dentro había una única fotografía de ella con Rey en el restaurante de aquella vez. En la parte inferior, una nota en tinta negra decía: "Están vigilando cada movimiento".  Leah sintió un escalofrío recorrer su columna. Estaban siendo seguidos, y quien fuera que estuviera detrás de esto sabía más de lo que habían imaginado. El tiempo se estaba acabando.
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