7.

1701 Palabras
Encerrado en el tiempo Ha perdido el valor Para escapar de su celda El héroe sin ilusión En sus ojos apagados Hay un eterno castigo El héroe de leyenda Pertenece al sueño de un destino Pasaron un par de semanas y fue cuando noté, que las cosas se me estaban empezando a complicar y no había forma de que pudiera haberlo evitado, creo que era algo que estaba destinado a pasar. Había empezado a ver a Bruno de una forma en que no debía y lo quería evitar, pero no pasaba ni una hora completa cuando volvía a mirarlo, ¿qué carajos me está sucediendo? Esto no es algo que me haya pasado antes con nadie. Charlábamos a veces, pero muy poco, aunque sí creía conocerlo un poco más y empecé a notar cosas muy puntuales de su personalidad, que me causaba mucha intriga. Aparentaba ser muy solitario, porque nadie lo había venido a visitar en el tiempo que llevaba viniendo y llegué a la conclusión de que debía practicar hechicería, pero no era así, a veces pienso muchas estupideces. Aunque eso de que nadie viniera, se debía al hecho de que sus amistades, el trío miseria que aún no conocía, se encontraban en su tierra natal, el Líbano y estaban a sólo horas de regresar. Me causaba mucha intriga todo lo relacionado con Bruno, tanto que era desconcertante y fue peor, porque con los días, sentía que lo conocía más, no porque me hablara ya que esto no lo hacía en lo absoluto sino por las cosas que hacía. A veces salía vestido muy elegante sin motivo aparente porque a veces salía informal y no sé a qué se debía, se veía precioso todos los días, me quedaba como un tonto mirándolo sin que lo notara, miraba detalladamente su rostro, sus piernas largas, los vellos de sus brazos, el lunar que tenía en el cuello, las pecas de sus mejillas, su cabello n***o largo y desordenado, sus cejas gruesas, la pequeña cicatriz de su mano y sus labios que muerde tanto, es una de las tantas manías que he notado que tiene. Me producía una gran fascinación mirarlo, era algo que no podía evitar. A veces regresaba con toda la ropa desordenada y tiraba todo lo que estaba a su paso, maldiciendo a los proveedores, al mundo, a él mismo. Trataba de que se calmara dándole algo dulce de comer o hablándole, pero era muy difícil conseguirlo y también, porque siempre me alejaba, no le gustaba casi tenerme cerca y ni sé bien a qué se debía, no es que yo me insinuara ni mucho menos, jamás haría algo así, pero él siempre era como muy… ¿hostil? Siempre trataba de mantener la distancia, a veces más de la adecuada cuando yo simplemente quería saber cómo estaba o ver si lo podía ayudar en algo, lo cual jamás lo permitió. Otras veces se sentaba en el balcón con una computadora portátil y escribía a veces, no sé qué escribía, pero también leía allí y parecía disfrutar al menos el tiempo en que se distraía en su computadora, creo que le gusta mucho hacer cualquier cosa mientras las haga él solo. Me gusta cuando hace esto porque ahí se calma, no está molesto ni estresado, por el contrario, se ve hasta alegre y sonríe un poco. Parece otra persona, se convierte en otro completamente diferente cuando escribe o lee allí. Hubo una noche en específico en que recuerdo, que fue justamente cuando se empezó a joder todo y no sólo para mí, también para otra persona que no tenía idea de cuánto me importaba en ese momento. Era semana santa y por ende, no debía ir a la escuela, así que solo debía trabajar y por eso, aproveché para llegar más temprano y así desocuparme antes, pero cuando llegué, vi a tres personas que no había visto antes en casa de Bruno. Eran tres tipos, de más o menos la edad de él, pero por su apariencia en general, así como la vestimenta, se notaba que no eran colombianos exactamente o tal vez sí, pero debían tener ascendencia de algún otro lugar muy lejos de aquí. Entré y por cortesía, saludé haciendo señas con la mano, pero no me acerqué, porque esos tres me intimidaron ni sé bien por qué, pero me miraron divertidos y no sé si es que me vieron cara de payaso o qué, porque en verdad parecía que se estuvieran riendo de mí, maldición. -Niño, ven.-Dijo Bruno y me acerqué.-Te los presento, porque los verás seguidos. Son mis primos.-Dijo y asentí. -Hassan.-Dijo el que estaba a su lado estrechando su mano hacia mí. Podía tener unos veintisiete calculo, no lo sé, era de la misma estatura de Bruno, pero este usaba barba, era narizón y tenía el cabello oscuro, tal vez demasiadas cejas. Hassan era hijo de un hermano materno de Bruno, porque su madre era libanesa y yo no lo sabía, tenía veintiséis años y trabajaba con él, en realidad los tres lo hacían, pero Hassan tenía también historial delictivo de varios tipos, apuestas y carreras ilegales, conducir ebrio, etc. Era simpático debo admitirlo, en realidad los tres lo eran, pero vaya que no me la harían fácil. -Samir.-Dijo el que estaba en frente, quién llevaba una chaqueta de jean y fumaba un cigarrillo que tenía un olor muy fuerte. De los tres, era quién más facciones del mediterráneo tenía, así como el acento, pero nada más, Samir era completamente colombiano a pesar de no haber nacido acá, por las costumbres y todo en general, hasta bailaba la música típica de Barranquilla. Era divertido, siempre era como el gracioso de los tres, pero su forma de ser, al menos con las mujeres, dejaba mucho que desear. No era bueno con ellas para nada y durante todo el tiempo en que trabajaría para Bruno, vería a más de una llorar por este mequetrefe, que tengo por seguro que debe tener ya asignada su habitación en el infierno. -Nadim.-Dijo el último de los tres, quién era trigueño, de pelo lacio, n***o, pero claramente llevaba barba también. Él no era tanto de bromas ni nada de eso, era muy serio e incluso, amargado a veces, aterraba y con el tiempo supe, que tenía tanto dinero como para no tener que trabajar en toda su vida. Su padre, era dueño de una puta petrolera, ¿Por qué carajos trabajas entonces con Bruno? ¿por qué la necesidad de tener más dinero si tienes tanto que te puedes comprar al Junior si quieres? (el equipo de fútbol local). -Estoy confundido, las que limpian casas, ¿no son mujeres?-Preguntó Hassan y añadió:-¿O eres mujer que parece hombre? Es factible, por ese cuerpecito que tienes. -¿Qué?-Pregunté confundido, esperando que dijeran que era una broma, pero no era así. Rieron, incluyendo a Bruno, a quién lo había visto reír muy contadas veces. Suspiré. -¿Por qué carajos contrataste a un niño, Bruno?-Se quejó Nadim.-Es ilegal. -Jajá, ¿vamos a hablar de ilegalidades aquí? ¿qué carajos? ¿tan temprano y ya borracho?-Preguntó Samir y yo en verdad quería irme, no me agradaban, ni sé bien por qué. No me causaron para nada una buena impresión y menos, cuando a las jodidas nueve de la mañana, ya estaban bebiendo whiskey. -Bueno, los dejo.-Dije intentando escabullirme, pero no fue posible. -No, ni creas. No tratamos mal a la servidumbre, siéntate con nosotros.-Dijo Hassan y en ese momento pensé, que sería bueno que aprendiera a articular bombas, a ver si le estallo la barba a este infeliz. -Oye, cállate.-Se quejó Bruno, molesto con su primo y lo miré a los ojos.-Sí, si quieres siéntate un rato y tomas algo, que tampoco es que tengas mucho trabajo que hacer hoy, está todo limpio. -Está bien.-Dije al escucharlo. Bruno a veces es muy cambiante, porque a veces me trata con mucho desprecio, no con palabras exactamente, sino con indiferencia o tratando de alejarme, pero a veces o justo como en ese momento, me hablaba incluso en un tono… ¿amable? Incluso le ofendió que me tratasen de forma despectiva, eres tan confuso a veces. Aún no reconozco del todo tu personalidad. -Pero qué obediente eres.-Dijo Samir, mientras servía un trago de la botella y me lo dio. Lo tomé con mis dedos y sin pensarlo mucho, lo bebí todo de un solo sorbo. Como era de esperarse, sabía como la mierda y tuve que poner muy mala cara porque todos rieron, incluso Bruno y la forma en que me miró… no lo sé, me hizo sentir extraño. No reconocía lo que estaba sintiendo, debe ser el alcohol. -Claro que debo obedecerlo, es mi jefe. -¿En todos los sentidos lo obedeces?-Preguntó Hassan y me sonrojé hasta las orejas, ni sé bien por qué me puse así, pero todos lo notaron, maldita sea. Creo que… de solo imaginar estar con Bruno, así sea el más mínimo contacto, yo… dios, no sé ni qué haría. No puedo ni imaginarlo, no soy ni remotamente suficiente para él, en ningún sentido. Es imposible, debo dejar de imaginar estupideces. -¿Me vio cara de puto o qué?-Me quejé y rieron tanto, que parecía incluso que se estuviesen ahogando y me lamenté, porque a veces digo cosas que no debo decir y no quería hacer enojar a Bruno, a quién tenía por seguro que detestaba mis comentarios, pero creo que no estaba molesto, me miraba muy raro, pero creo que se debía al hecho de que estaba bebiendo. Nunca lo vi beber antes, ni sabía que le gustaba hacerlo. -Pues con la cara que miras al Bruno, dudo mucho que le cobres por tus servicios.-Se burló el infeliz de Samir y rodé los ojos. -Déjenlo en paz, van a perturbarlo.-Dijo Bruno y acarició mi cabello, sonrió y yo… mi estómago empezó a doler y no dije nada, me había quedado paralizado. Sé que no fue un gesto con alguna intención, sé que no era así, pero para mí significó mucho. Sería el primer momento en que lo sentiría, el primero antes de que todo empezara a joderse, pero no habría podido evitarlo. 
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