Sexo Duro

2345 Palabras
—Sí —mintió descaradamente—. Mi marido no llega hasta la noche, trabaja mucho. Yo me aburro todo el día acá, sola. —Ya veo… ese camisón le queda muy bien —dijo el plomero, con voz temblorosa. —Muchas gracias… a mí marido no le gusta que lo use cuando tengo visitas. Pero a mí me gusta, es muy cómodo. No pude ver bien la cara del tipo, ya que él estaba metido debajo de la mesada, pero me dio la impresión de que se mordía el labio inferior, como si estuviera buscando qué decir, y las palabras no salieran. Harta de extender tanto el gran momento, Mariela tomó la iniciativa, lo cual me sorprendió, porque yo imaginé que ella no se animaría a hacerlo. Sin decir más nada, apartó su tanga y le mostró la concha al tipo, sin ningún tapujo. Dio un tirón al pantalón del hombre y ésto bastó para liberar su erecto pene… y Mariela se sentó en él. ¡Uf… el gemido de esa mujer! Lo escuché varias veces, al poder reproducir el video en bucle. Fue un gemido de liberación, cargado de morbo. Ella empezó a montar al tipo como si fuera una adolescente en celo. Se movía como si de pronto hubieran desaparecido veinte años de su vida. Con cada salto sus tetas rebotaban y éstas, cansadas de la opresión del corpiño, se liberaron. El tipo la agarró de la cintura y empezó a colaborar con las penetraciones. Fue una cogida muy bonita, la disfruté casi tanto como la propia Mariela. Al final, cuando el tipo le anunció, con guturales gemidos, que estaba por acabar, Mariela bajó la cabeza hasta la v***a y empezó a chuparla como si se tratara de una manguera tapada, que ella liberaría a base de mucha succión. Por fin el tipo le llenó la boca de leche, y ella se dio el gusto de tragar la mayor parte. El resto fue a parar a su barbilla. Para Mariela la visita de este Plomero no fue suficiente, y para mí tampoco. Ambas necesitábamos más. Tuve que esperar al menos un día, para acumular los puntos suficientes como para desbloquear el siguiente video en la lista. Mientras tanto espié a la misma Mariela, pero en la actualidad. No vi nada fuera de lo normal en ella, más que una ocasional masturbación en su propia cama. Sin embargo, no recibió la visita de nadie. Pero sabía que algo más había pasado en su vida y cuando pude desbloquear el siguiente video, me dispuse a verlo. Esta vez se trató de un electricista, y si bien Mariela no alteró mucho su “Modus Operandi”, sí se cambió el camisón, por uno más transparente. Al parecer quería dejar en claro, desde el principio, que era lo que estaba buscando. El siguiente en caer fue un electricista, bastante joven. El pibe debería tener unos veinticinco años. Era delgado y bastante atractivo. Por un momento pensé que él no entraría en el juego de seducción de una veterana solterona; porque él sería capaz de conquistar a la mujer que quisiera. Sin embargo no estaba teniendo en cuenta las capacidades de seducción de la propia Mariela, y todo su atractivo físico. Es que, cualquiera al que le gusten las mujeres maduras, se sentirá atraído hacia Mariela Rufino. Al principio todo fue más o menos igual que en la ocasión anterior. Mariela le indicó al técnico que había un problema (probablemente falso) y contoneó delante de él, e incluso repitió el efectivo truco de levantar algo del suelo, para mostrar cómo su concha devoraba la tela de su diminuta tanga. Me dio la impresión de que el electricista disfrutaba mucho con la situación, pero que al mismo tiempo veía a Mariela como una “presa fácil”. Él entendió que esa mujer se estaba entregando y mientras revisaba el cableado, más se convenció de eso, porque dijo tres veces seguidas que no encontraba ningún problema eléctrico. Me dio miedo que al toquetear tantos cables, el muchacho terminara encontrando las cámaras ocultas; pero luego recordé que este video había sido grabado hacía unos dos años, y que las cámaras aún seguían en el departamento de Mariela, sin haber sufrido ninguna alteración. La acción llegó más rápido de lo que yo me había imaginado, y esta vez fue el electricista quien tomó la iniciativa. Se acercó a Mariela por detrás, como si fuera un depredador acechando a su presa, y abrazó a la mujer, posando sus manos sobre las tetas. Le habló al oído, pero por suerte los micrófonos incluidos en las cámaras son bastante buenos, pude escuchar claramente lo que le decía. —A mí me parece que usted me llamó porque anda buscando otra cosa… —la mano del electricista bajó hasta la entrepierna de Mariela, se metió dentro de la tanga y comenzó a masturbarla. Ella suspiró—. Ah… pero qué puta que sos, ya estás toda mojada. Decime una cosa ¿Andás buscando pija? —S… sí… —dijo Mariela, suspirando. —Yo te la voy a dar. Me hubiera gustado que las cosas ocurrieran de forma más sutil, pero este pibe de sutil tenía poco. Me pareció incluso más lanzado que el Gasista. No le dio tiempo a Mariela a decir más, sacó su v***a del pantalón y prácticamente la obligó a arrodillarse. Ella no dudó ni un instante, se metió la v***a en la boca y empezó a chupar. —Cómo me gustan las veteranas chupapijas como vos. Son las más putas de todas. Empecé a masturbarme mientras miraba esta escena, recibiendo en mi interior grandes descargas de morbo, porque Mariela no tenía ni idea de que Reynaldo y yo habíamos sido testigos de su sumisión s****l ante el electricista. Ella le comió la v***a con devoción, como si quisiera demostrarle al pibe que tenía razón, que ella era de lo más puta. Después de chupar durante un buen rato, ella se puso en cuatro sobre el sofá y se bajó la tanga, abrió sus gordas nalgas y su concha floreció, mostrando el húmedo agujero central. —Dale, cogeme… y fuerte… me gusta que me la metan fuerte. Noté que su voz temblaba, probablemente a ella le llenaba de morbo decir este tipo de cosas, al mismo tiempo que la avergonzaba. Pero una vez más la calentura fue más que la timidez. Sin decir nada, el pibe se colocó detrás de ella, apuntó su v***a y empezó a darle. Creí que de ahora en adelante vería una secuencia muy similar a las dos anteriores, algo que no me disgustaba, porque ver cómo se cogen a Mariela es una maravilla. Sin embargo, después de un rato la situación tomó otro rumbo. El electricista sacó la v***a y apuntó hacia el otro orificio de la mujer. Inmediatamente ella empezó a suplicar: —¡No, por ahí no… por ahí no…! —¿No me dijiste que querías pija? Bueno, yo te la doy… pero tenés que entregar el orto. —No, por la cola no… me va a doler. —Ja, callate, vieja puta… si este culo debe estar más usado que tu concha. ¿Cuántos tipos te rompieron el orto? —Ninguno… ¡ninguno! —Yo le creí; pero el pibe no. Él siguió presionando el orificio trasero de Mariela, usando saliva para lubricar. Ella, a pesar de que la idea parecía no gustarle, no opuso demasiada resistencia. Separó más las nalgas y se preparó para lo que iba a venir. Asumo que lo hizo por la calentura que tenía… y puede que le haya dado un poquito de morbo que un desconocido le estrenara el culo. Milagrosamente, la pija empezó a entrar y puedo dar fe de que a Mariela Rufino esa vez le rompieron bien el orto. El pibe le dio con ganas, demostrando el ímpetu de su edad. La mujer se puso de todos los colores y se aferró al respaldo del sofá, incluso pude notar lágrimas saliendo de sus ojos… aunque puede que se trate de una reacción involuntaria, al fin y al cabo era la primera vez que le metían una v***a por el orto… y se la metieron bien adentro… completita. Me llenó de morbo que las cámaras me mostraran cómo esa v***a se abría paso por ese culo, y cómo las nalgas temblaban con cada impacto recibido. El pibe no paró de metérsela hasta que le llenó el orto de leche. Luego se fue, prometiéndole que iba a volver. A pesar de la calentura que me produjo ver esto, me sentí mal por la pobre Mariela. Ella solo quería un poquito de atención, y terminó con el culo chorreando leche. Pero ese sentimiento agridulce se me pasó al ver el siguiente video que pude desbloquear. En éste aparecía Mariela, en el mismo sofá, masturbándose con un grueso pepino. Se lo estaba metiendo todito en la concha. Me estimuló tanto esa imagen que tuve que sacar mi propio consolador… y sí, me lo metí de la misma forma en la que ella lo hacía, con las piernas bien abiertas y las tetas al aire. Aunque no lo seguí el paso con lo que hizo después. Al parecer a Mariela le gustó que le rompieran el orto, porque a continuación tomó el pepino, lo llenó de algún líquido lubricante, y se lo empezó a meter por el culo. Creí que no sería capaz de conseguirlo, debido a que se trataba de un ejemplar muy ancho. Pero la mujer fue perseverante y unos minutos más tarde ya había conseguido meter la mitad… y la otra mitad entró después. Me hirvió la sangre al ver cómo esa mujer se castigaba el orto con un pepino. Perdón, otra vez, Marianela. A veces me olvido de que estoy grabando estos videos para mi propia hija; pero me emociono tanto que me nace contar las cosas de esta manera. Espero que no seas de esas mujeres que aborrecen el sexo anal, porque te aseguro que te estarías perdiendo de una experiencia maravillosa. A mí no me molestaría enterarme de que algún día le dieron duro por el culo a mi hija. Ya tenés edad suficiente como para empezar a probar estas cosas, y ojala las hagas, en algún momento de tu vida. Por aquel entonces mi culo no estaba preparado para semejante castigo, por eso no me metí el consolador por atrás, aunque sí jugué con la idea de hacerlo. Puede que una pequeña puntita haya entrado; pero no mucho más que eso. Con Mariela, en cambio, fue otra historia: ella se castigó el culo de lo lindo, durante un largo rato, y lo hizo suplicando que le metieran toda la pija por el orto. Seguramente en su mente estaba rememorando su experiencia con el electricista. Y hablando de Roma… En el siguiente video me sorprendí al ver que el pibe cumplió su promesa de regresar… y yo no fui la única sorprendida. Al abrir la puerta Mariela se quedó boquiabierta, mientras el pibe le sonreía. Ella lo sujetó de un brazo y lo obligó a entrar, luego escudriñó el pasillo, para asegurarse de que nadie lo hubiera visto llegar. Cuando ella le preguntó qué hacía allí, él le respondió: —Vine a entregarte un paquete. Acto seguido, se bajó el pantalón y empezó a sacudir la pija delante de la mujer. Mariela empezó a reírse. Se mordió el labio inferior y, sin mediar más palabras, se arrodilló delante de él y empezó a chuparle la v***a. Este fue el comienzo de una linda relación entre Mariela y el electricista. Pude comprobar, gracias a los videos restantes que conseguí desbloquear, que el pibe la visitó en varias ocasiones, e incluso se quedó a dormir más de una noche. Por supuesto, no paraban de coger. Lo hicieron en el living, la cocina, el dormitorio, la ducha… y casi siempre Mariela terminaba entregando el culo. A veces lo hacía por petición del pibe, pero en la mayoría de las ocasiones fue ella quien suplicó, poniéndose en cuatro, para que le rompieran bien el orto. Pensé que de ahora en adelante las “aventuras sexuales de Mariela” se reducirían a recibir visitas por parte de este pibe. Sin embargo en uno de los videos pude ver que luego de una fogosa sesión de sexo anal, ella le dijo al pibe que ya no quería verlo. Esto tomó por sorpresa al electricista, que preguntó si acaso ella no estaba disfrutando del sexo. A mí también me sorprendió mucho, creí que una mujer solitaria, tan necesitada de afecto… y sexo, no dejaría ir tan fácilmente a un pibe hermoso, cargado de vigor s****l, que era capaz de cogerla durante largas horas. Pero luego entendí por qué Mariela quería ponerle fin a esta aventura: le explicó al pibe que para ella todo era un juego, y que al estar siempre con la misma persona perdía la oportunidad de seguir “jugando”. Estoy segura de que el pibe no entendió nada, y se marchó bastante enojado. Yo sí la comprendo. A Mariela no le interesaba tener una pareja fija, por más que disfrutara del sexo, lo que a ella le encantaba era su juego de seducción. Ella quería volver a experimentar el morbo de ser cogida por un desconocido, de seducirlo, de ofrecerse y confesarle a esa persona que era una puta amante de la v***a. Mariela disfrutaba tanto de ese juego, como yo al espiarla a través de las cámaras. Si hubiera estado presente mientras a ella se la cogían, no hubiera sentido el mismo morbo. A mí lo que me apasiona es poder mirar cómo la gente coge, sin que sepan que los estoy mirando. Esa sensación de poder es indescriptible. Mariela quería recuperar su libertad, para seguir jugando a la veterana puta. Bueno, hija. De momento lo voy a dejar acá; pero todavía me quedan algunas cositas muy interesantes para contarte sobre Mariela. Porque sí… hubo más. Esto te lo voy a estar contando en la próxima ocasión. Nos vemos, te quiero mucho.
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