Cap. 21 Acuerdo.

1213 Palabras
POV Anthony. Me siento inmensamente feliz, pasé la tarde más maravillosa de mi vida, ver a mi Amber feliz y sonriente me llena el alma. Ella se notó más abierta, sus miradas eran dulces y ese momento en el comedor dios. Estoy seguro de que ella esperaba que la besara. ¿Será que si recuerda el beso? Me dijo que no, pero yo sentí que ella lo deseaba tanto como yo. Elizabeth, sin duda, sabe lo que pasa. Creo que nos comprende y, claro, nos apoya. Sin preguntar ni decir nada, accedió a venir y fue iniciativa de ella dejarnos solos. Las dejo en su casa, de mis ganas entraría con ellas, no quiero que este día tan perfecto termine. Ansió porque amanezca y verla de nuevo, muero por verla, por ver sus ojitos llenos de ilusión, su sonrisa, esa mirada tan dulce que me da. No voy a poder soportar más esta semana, tengo que comprometerme con ella y planear la boda cuanto antes. No resisto las ganas de besar de nuevo esos labios, de sentir su cuerpo; eso me hace sentir como un enfermo, pero es que mi cuerpo la desea, desea sentirla, tenerla cerca. En cuanto da la hora salgo corriendo a su casa, llego corriendo, pero para mi sorpresa, el imbécil, ese del Marqués, está aquí y ella está sonriéndole, no puedo soportar eso. Le hago saber que esta tarde ella es mía y así lo será por el resto de nuestras vidas. Obviamente, se molesta y le pide verla mañana, espero que ella se niegue, pero no lo hace. No comprendo y eso solo me deja pensar que tal vez sí le interese un poco. En cuanto se va, no pudo no reprocharle que haya aceptado su visita. Ella se excusa en que no puede ser descortés y entiendo que en su condición no es apropiado, pero debería rechazarlo de una vez y ya deshacernos de ese hombre. Le dejo claro mi deseo, pero creo que ella juega, ya que me cuestiona el porqué, dice que puede ser su única oportunidad, pero le dejo claro que me tiene a mí, que siempre me ha tenido a mí. Ella sonríe, es tan traviesa, en el fondo sigue teniendo esa inocencia y esa manera tan malvada de salirse con la suya. Sé que quiere escuchar que la quiero, que estoy enamorado y le daré gusto hoy mismo. Le dejaré claro que ella es la mujer de mi vida. Lo malo es que apenas estaba por confesarme cuando su padre apareció, solo logré decirle que estaba enamorado, pero no más. Lo extraño fue la actitud del Vizconde, estaba molesto, muy serio, raro en él, siempre ha sido amable conmigo, claro que sé que sus hijas son su adoración y no le agrada tener que entregárselas a alguien más. Estamos en el salón, esperando a que él nos diga algo cuando un guardia entra para entregarme una nota. Es de su majestad y me pide que vaya de inmediato a casa de los Wright, dice que Lady Wright se ha puesto mal y es urgente que vaya. No entiendo nada, me preocupa la salud de ella, lo que me sorprende es saber que su majestad tenga consideraciones con ellos. —Su Majestad —la saluda al ingresar a la casa de los Wright, está sentada en el salón principal. —Duque, llego muy pronto, me agrada saber qué hay quien respalde a la familia y más en esta situación. —¡Anthony! —Harper corre a mí. —Mi madre está muriendo. —¿Qué ha pasado? Hace unos días parecía que iba mejorando. —Es que no hemos podido seguir consiguiendo las medicinas. Ya las que toma no están funcionando —Harper, le dije que si eso pasaba, acudieran a mí. —Es que su majestad nos ofreció su ayuda. Ella nos ha conseguido los medicamentos, solo que ya no funcionan. —Duque, eso puede hablarlo después con la señorita, necesito hablar con usted. Niña, sal y llama a tu padre —No entiendo nada, solo espero a Lord Wright. —Disculpen, pero no entiendo nada, ¿para qué se solicitó mi presencia? —Lady Wright, está pronto a morir. Eso tendrá a la familia en luto, por lo cual no podrán celebrar el matrimonio por un largo tiempo, así que les daré la fortuna de contar con mi aprobación y agilizar todo para que puedan casarse en dos semanas. —¿Casarse? ¿Quién? —Usted y la señorita Harper. —Perdón, su majestad, pero creo que se ha confundido, yo no estoy comprometido con Harper. —Creo que el confundido es usted, Duque, y lamento que su familia no le haya notificado que hay un acuerdo matrimonial entre familias desde su nacimiento. Acuerdo del cual yo fui testigo y que espero se lleve a cabo. —¿De qué acuerdo me está hablando? ¿Lord Wright? —No estoy entendiendo nada. —Duque, como sabe su padre y yo teníamos una gran amistad, cuando usted nació acordamos que si yo tenía una hija se casarían. Después me casé y tuve a Harper y luego a Rachel. Acordamos que sería la primogénita y al debutar deberían casarse. —A mí nadie me habló de ese acuerdo, no, no lo acepto, eso es algo que ustedes acordaron, yo no estaba enterado. —Su padre ya no pudo informarle debido a la muerte tan repentina de sus padres, su abuela no tenía conocimiento y yo no vi prudente decirle, ya que al ver la buena relación de usted con mi hija, supuse que lo lógico sería que el acuerdo se daría de forma natural. —Lo siento, mi Lord, pero no puedo responder por la palabra que se dio sin yo saberlo. —Duque, no solo fue la palabra dada, sino que hay un acuerdo firmado donde yo soy testigo y acuerdo que pienso hacer legal, si no cumple perderla su título y sus bienes. —No, esto es una locura, su majestad, esto no pueden decírmelo así tan de repente. —Duque, no fue de repente, es la situación por la que está atravesando la familia de su prometida. Yo sé que a veces parece que soy un tanto fría, pero me preocupo por bien de mi gente. Lord Wright, ha estado pasando momentos difíciles, creo que es apropiado que tenga su respaldo. —¿Y si me niego? —Si se niega, es simple, perderá todo, su pueblo quedará desprotegido y la familia Wright, caerá aún más en desgracia. No creo que alguien más les brinde apoyo y usted pasará a ser nadie. —Pero su majestad, usted los ha estado ayudando, dijo que se preocupa por su gente. —Si y tendrán mi apoyo, ya se lo dije, haré excepciones para agilizar todo. Pero si no cumplen el acuerdo, no hay nada más que yo pueda hacer. —¿No hay nada para evitarlo? —Solo que Harper, recibiera una propuesta por un caballero con título. Eso fue lo que su padre y yo acordamos, pensamos que, si mi hija recibía una propuesta considerable, no podríamos privarla de esa oportunidad. —Esto parece una maldita broma. Un acuerdo absurdo, sin sentido y más que sea apoyado por su majestad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR