Aiden regresó a clases después de sus dos semanas de descanso, llevaba todo ese tiempo sin ver o hablar con Alexandre así que estaba emocionado por regresar para encontrarlo. Salió temprano de casa y caminó hasta la escuela, se sorprendió de no cruzarse con él durante todo el camino, sin embargo, no se preocupó.
Al llegar se quedó parado en la puerta esperándolo, pero los minutos pasaban y él no llegaba. La subdirectora llegó unos minutos antes de que empezaran las clases y al verlo se acercó preocupada.
― ¿Aiden? – lo llamó –
― Buenos días, subdirectora – saludó el menor –
― ¡Que alegría verte! ‒ sonrió ‒ ¿Cómo te encuentras?
― Mejor ‒ el menor correspondió la sonrisa ‒ gracias por preocuparse
― No te preocupes ‒ le dio un pequeño apretón en el hombro ‒ pero, ¿Por qué no estás en clases? ‒ lo miró preocupada ‒ ¿Te sientes mal? – el menor negó –
― No, estaba esperando a Alexandre – el rostro de la profesora cambió –
― ¿Alexandre? – asintió – ¿Tú no sabes?
― ¿Qué cosa? – preguntó preocupado – ¿Está bien?
― Ven conmigo – Aiden asintió asustado –
“¿Le pasó algo en estos días?"
― Toma asiento – la subdirectora abrió la puerta y permitió que el menor ingrese –
― Profesora, me está asustando
‒ suspiró ‒ Aiden – la subdirectora se sentó en su lugar – Alexandre no va a volver al colegio
― ¿Por-por qué? – preguntó preocupado –
― Aiden, – la profesora suspiró – Alexandre tuvo que hacer un cambio de ciudad improvisado
― ¿Qué? – el rostro del menor se tornó triste – pe-pero…
“No me dijo nada”
― ¿Desde cuándo no viene?
― Ya casi dos semanas
El menor sintió un golpe en el pecho después de aquel dato, ahora entendía porqué no se había encontrado con él en la mañana. Sin embargo, aún tenía dudas rondando en su cabeza. Después de la conversación con la subdirectora, el menor volvió a clases, aunque se sentía perdido.
“¿Por qué se fue? ¿Por qué no me lo dijo? ¿Cuándo se fue?”
Durante dos semanas continuó haciendo la misma rutina esperando poder volver a verlo, sin embargo, los días pasaban y sus esperanzas desaparecían. Sus días se hicieron eternos y ya ni siquiera le importaba lo que Esteban y sus amigos le hicieran, solo quería entender que había pasado para que aquel chico desapareciera de la nada.
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Alexandre llevaba ya tres semanas en Scohill, la nueva ciudad, su estancia había sido tranquila durante los últimos días. Había dejado de estudiar, no quería distraer su cabeza con eso, el colegio y sus compañeros le iban a recordar la vida que había dejado atrás, así que prefirió mantenerse alejado, de nuevo.
Su trabajo como camarero empezaba a las 9 a.m. y duraba todo el día, por lo menos hasta las 7 p.m. Los días eran largos y calurosos, pero las noches frías con vientos helados. A pesar de su horrible situación le daba tranquilidad saber que Aiden estaba bien. La última vez que lo vio él le prometió cuidarse, sonrió recordando aquella última conversación.
‹Alexandre, siempre serás importante para mí›
Cada vez que pensaba en aquel chico su corazón dolía, sin embargo, ignoraba aquella punzada en el pecho para continuar con su vida.
“Es mejor así, no me necesita y yo tampoco a él”
El mayor extrañaba aquella compañía, pero se rehusaba a aceptarlo. Él había decidido alejarse por su bien, así que ahora no podía decir que lo extrañaba. Suspiró pesadamente mientras terminaba de limpiar las mesas, sus compañeros de trabajo no le hablaban, decían que era un amargado, y así lo prefería.
Volvió a su “casa” después del trabajo tirándose en la cama de aquel horrible hotel, no había conseguido un mejor lugar para quedarse, por ahora. Suspiró mientras se levantaba para ir al baño cuando escuchó que tocaban la puerta. El mayor se acercó con cautela, miró por la mirilla en busca del culpable de aquel sonido.
― Abre la puerta, hace frío – exclamó su primo molesto –
― ¿Qué haces aquí? – preguntó el mayor abriendo la puerta –
― ¿Qué crees que hago? – empujó a Alexandre y entró al cuarto – vengo a visitar a mi antisocial primo
― Mike…
― Perdón, perdón – suspiró – mamá me envió a ver cómo estabas
― Le dije a Isa que no debía enviar a nadie
― Pero lleva tres semanas sin saber de ti – suspiró – estaba preocupada
― Bueno – suspiró – ahora que me has visto, deberías irte
― No lo creo – rio – mamá quiere que regreses
― No puedo – Mike volteó los ojos –
― Eso es floro – lo miró – deberías volver
― ¿Por qué lo haría?
― Pues, para empezar – sacó su celular – por este niño que no deja de llamar
Alexandre cogió el celular mirando las 50 llamadas perdidas que tenía de Aiden, 40 mensajes de texto y un mensaje en la casilla de voz. Suspiró y le entregó el celular a su primo.
― Bloquea el número y listo
― Woow, sí que eres frío – dijo guardando el celular – parece que le importas mucho
― ¿Y? ¿Qué debería hacer? – suspiró – ¿Volver solo por qué me extraña? – Mike negó –
― Deberías volver porque quieres
― Entonces no lo haré – abrió la refrigeradora sacando una bebida – no quiero hacerlo
― ¿Cuánto tiempo vas a fingir que te da igual el mocoso? – Alexandre miró a su primo con fastidio – perdón, Aiden – volteó los ojos –
― No me importa
― ¿Entonces por qué estás aquí escondido?
― Mike…
― Primo, puedes hacerte todo lo frío que quieras conmigo, pero sabes que te conozco como palma de mi mano
― No es cierto – reclamó –
― ¿Seguro? – el mayor asintió –
― Pues, bien – sonrió –
― ¿Ah? – preguntó confundido el mayor –
― Como no te importa ese chico podría intentar algo con él – por el rabillo del ojo miró como la boca de su primo se tensaba – El niño es lindo – sonrió – sonrisa tierna, rostro inocente, ojos brillosos y grandes, labios delgados – miró a su primo – y muy, muy, muy…
― Mike… – el mayor apretó los puños –
― Está triste, podría ser su pañuelo de lágrimas – una sonrisa pícara se asomó en sus labios –
Alexandre tomó a su primo del polo y lo estampó contra la pared, su rostro serio y los ojos enrojecidos del enojo demostraron el fastidio que sentía imaginándoselos juntos. El mayor apretó el agarré mirando directamente a los ojos de Mike y con una voz gélida pronunció las siguientes palabras.
― Como te atrevas a usarlo para tu beneficio, te juro que te arranco las pelotas
― Relájate, Alexandre, – dijo tratando de disuadir a su primo – solo te estaba fastidiando, suéltame
El pelirrojo lo soltó dándose la vuelta para alejarse de él, la ira se había adueñado de él cuando escuchó las palabras de Mike acerca de Aiden y había perdido el control. Suspiró tratando de controlarse mientras su primo lo observaba cauteloso tratando de entender los sentimientos del mayor por aquel pequeño.
― Alexandre – dijo llamándolo – ¿acaso te gusta ese niño?
― No – respondió de manera automática –
― ¿Seguro? – el mayor asintió –
Su primo siguió observándolo durante unos minutos mientras esperaba que aquel chico recobrara la compostura. Mike conocía bien a su primo, sabía que solo en una ocasión se había enamorado y por eso no tonteaba con nadie más. Aparte todo lo que le había tocado vivir desde la separación le había hecho mucho daño.
Sin embargo, nunca reaccionó así, con ninguna persona, ni siquiera cuando su prima trataba de salir con algún chico, esa niña era su adoración, y aun así él se había controlado. Alexandre se sentó en la cama, confundido, y su primo lo acompañó.
― ¿Más tranquilo? – el mayor asintió – De acuerdo
― Cuídalo – susurró por fin –
― ¿Qué? – preguntó ahora confundido –
― Cuida a Aiden por mí – suspiró –
― ¿Estás de acuerdo en que me le acerque? – el mayor asintió –
― Pero si lo lastimas...
― Lo sé, relájate
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Ya habían pasado tres meses desde la desaparición de Alexandre y las cosas habían cambiado demasiado. En ocasiones se saltaba las clases y se iba a la azotea a escuchar música, en otras simplemente se quedaba en casa. Esteban lo seguía fastidiando y aunque aún no sabía defenderse, trataba de seguir el consejo del mayor.
Las cosas con su padre habían empeorado, por su nuevo comportamiento estaba harto de él, pero Aiden ya estaba cansado. La partida de Alexandre le dejó una gran herida, sabía que no eran nada, pero él le había agarrado tanto cariño que no pudo evitar sentirse perdido sin él.
El sábado por la mañana, el menor, fue al cementerio, caminó hasta la lápida más alejada del lugar y se sentó ahí. Mientras limpiaba el lugar sintió como todo se le venía encima y se acostó encima de aquel espacio.
― Hola, mamá – sonrió con tristeza – lo siento por recién aparecer, han sido unos años muy duros. – suspiró – Conocí a alguien – sonrió – era cálido y me hacía sentir bien – Aiden sentía un nudo en la garganta – aunque no todo fue fácil al inicio, es muy frío y duro – sonrió recordando a Alexandre – pero también es muy amable y tierno. – limpió unas pequeñas lágrimas que caían por sus mejillas – Además, sabe cocinar muy rico – rio – y puede comportarse como un caballero. – recordó cómo se comportó con la enfermera y con Will – Me ha cuidado mucho y los momentos que tuve con él me hicieron feliz, – sonrió – pero se fue mamá, se fue como tú. – sorbió su nariz – Me abandonó de sorpresa, así como lo hiciste tú – las lágrimas rodaban por sus mejillas como cascadas – ¿por qué siempre me abandonan las personas que quiero?
Mike lo había seguido hasta aquel lugar, tenía que cuidar de que Héctor no se acercara a él, pero no pensó que podría llegar a sentir cariño por él. Durante todo este tiempo lo había cuidado desde lejos, sin embargo, al ver un poco de lo que Alexandre veía se empezó a encariñar con el pequeño.
Suspiró, no estaba de acuerdo con que Alexandre perdiera la oportunidad de estar con una persona que de verdad lo quería solo por el idiota de Héctor. Miró al niño llorar por horas, podía sentir su dolor solo con verlo, se levantó y caminó hasta él, inseguro.
― Disculpa, – dijo llamando su atención – ¿quieres un pañuelo? – el menor negó sin levantar la vista – Sabes, a veces hablar disminuye el dolor
― No tengo interés en hablar con usted, señor – la voz del menor sonó dura –
― De acuerdo – Mike se sentó frente al menor observándolo mientras desviaba la mirada –
― ¿Por qué se acercó? – preguntó Aiden varios minutos después –
― Porque estabas llorando mucho y no me dejabas concentrarme
― Lo siento, hace mucho que no venía aquí
― Lo entiendo – sonrió – también ha pasado un tiempo desde la última vez que visité a unos familiares aquí
― ¿Y por qué no habla con ellos? – Mike suspiró –
― Porque necesito cumplir una promesa para lograr hablar con ellos
― ¿Y eso es complicado?
― En ocasiones sí, en otras no y algunas imposibles ‒ rio sin gracia ‒
Aiden asintió un poco incómodo, trató de volver a concentrarse en su diálogo con su madre, pero la presencia de aquel chico no se lo permitía. Se levantó con rapidez y con un gesto de cabeza se despidió y alejó de aquel lugar en silencio, sin embargo, Mike se levantó y caminó a su lado.
― Perdón por incomodarte ‒ se rascó la cabeza, incómodo ‒ solo que como te veías tan mal, pensé que podía ayudarte
― Podría alejarse de mí, por favor ‒ suspiró ‒ déjame compensar la interrupción ‒ Aiden lo ignoró y trató de continuar, sin embargo, esta vez Mike lo tomó de la muñeca deteniéndolo ‒ por favor
Aiden miraba inseguro a aquel chico, era raro que una persona se le acercara de la nada. No obstante, llevaba mucho tiempo solo y por una vez quería sentir que le importaba a alguien. Aceptó no muy convencido y ambos caminaron hasta un pequeño local y Mike compró dos gaseosas.
Ambos se sentaron en las bancas cercanas en silencio y tomaron aquella bebida mientras cada uno permanecía sumergido en sus pensamientos. En un momento Aiden miró a Mike y en un susurró preguntó.
― ¿Por qué prometió algo que no sabía si podía cumplir?
Mike se sorprendió por la pregunta y miró al pequeño tratando de encontrar una respuesta acertada.
― Porque quería darles tranquilidad – se encogió de hombros – también deseo cumplir esa promesa
― ¿No prefiere dejar la promesa?
― Mmm… depende – Aiden se levantó y, por primera vez, lo miró detenidamente – ¿alguna vez has prometido algo que sabes que podría ser difícil?
Aiden recordó la última conversación con Alexandre, sabía que aquel día había prometido cuidarse, aunque en este momento no lo estuviera haciendo del todo. Asintió sintiéndose culpable y el mayor sonrió comprendiendo la situación.
― ¿Por qué lo hiciste?
― Porque era una persona importante para mí
“Es una persona importante para mí”
― Esa es la respuesta de porque no dejo la promesa así nomás – sonrió – puede llegar a ser hasta imposible, pero a quienes se lo prometí no les puedo fallar – suspiró – así que debo intentar de todo por cumplirla – el menor asintió entendiendo lo que le decía aquel chico – por cierto, mi nombre es Michael, pero todos me dicen Mike
― Soy Aiden – sonrió –
Escena Extra: 13 de agosto
El día de su cumpleaños, Alexandre hizo su rutina normal en Baevil, la ciudad en la que estaba. Fue a trabajar y luego volvió a su cuarto de hotel, se suponía que regresaría para quedarse en casa todo lo que quedaba del día. Era su cumpleaños y aun así lo único que deseaba era tumbarse en la cama y quedarse con pijama.
Se dio un baño y se puso su pijama, preparó un pan con queso y jamón para almorzar. Después se acostó en su cama, dispuesto a dormir cuando recibió una llamada, con pesadez levantó su celular y contestó.
― ¿Qué?
― Necesitamos hablar, Alex – la voz tranquilizadora de su tía se escuchaba al otro lado de la línea –
― Hoy no
― Justamente porque es hoy necesito hablar contigo
― Isidora de verdad no quiero
― Abre la puerta – cortó y el menor suspiró con pesadez –
Alexandre se acercó a la puerta y la abrió, su tía estaba al otro lado con una sonrisa tierna en el rostro y un pastel en la mano. El menor volteó los ojos y se volvió a sentar en su cama mientras le permitía el ingreso.
― Feliz cumpleaños, Alex – sonrió –
― No digas algo tan absurdo – el menor escupió esas palabras – no tengo nada que celebrar
― Alex
― No me llames así – respondió con brusquedad el menor –
― Has cambiado mucho – susurró Isidora –
― No podía ser la misma mierda por siempre – el menor se tiró a la cama mirando al techo –
― No eras una mierda
― Hice que mataran a mis padres, – suspiró – hice que mataran al padre de mi mejor amigo, – el menor cerró los ojos – hice que mataran a alguien que estaba empezando a querer…
― Eso no fue tu culpa
― ¡Claro que sí! – gritó el menor levantándose de golpe de la cama – ¡Si no hubiera sido tan cobarde! ¡Tan idiota! ¡Si no los hubiera expuesto, ellos seguirían vivos! – Alexandre desvió la mirada centrándose en sus manos – Si tan solo hubiera muerto yo, ellos seguirían viviendo felices – susurró –
― ¡Suficiente! – gritó su tía – ¡Estoy harta de escuchar que te odias por culpa de ese imbécil! – el menor la miró –
Isidora respiró hondo tratando de controlarse para poder hablar con el menor, tomó un vaso de agua y dejó el pastel en la pequeña mesa de madera que tenía el menor en el cuarto.
― No hiciste nada malo, Alexandre – su tía miraba un punto en blanco – el día que lo entiendas tendrás paz. – suspiró – Cada una de las personas que ya no está en tu vida, tenían algo en común. – ambos cruzaron mirada – Cada uno de ellos te quería, cada uno desearía que siguieras viviendo y sin culpas.
― ¿Cómo podría? – susurró el menor –
― Te has mudado muchas veces y nunca has podido empezar de cero realmente – el menor lo miró confundido –
― Siempre he empezado de cero
― No, siempre has empezado con la culpa y el miedo de que te encuentre. – Isidora se sentó a su lado – Es hora de que empieces realmente dándote una oportunidad de ser feliz.
― No puedo – el menor apretó los puños – me siento culpable de seguir vivo. – la miró – ¿Cómo podría ser feliz sabiendo que tanta gente murió?
― Porque ellos querían que fueras feliz – colocó su mano en el hombro de su sobrino – Alex, ¿de verdad crees que todos ellos estarían felices sabiendo que tú estás sufriendo?
― Es que no encuentro una razón para vivir, Isidora – a pesar del temblor en su voz, el menor no se rompió –
― Entonces enfócate en encontrarla – suspiró – quizás por eso es que no te enfrentas a Héctor. – el menor la miró – Porque no consideras que mereces ser feliz. – abrazó a su sobrino – El día que tú encuentres un motivo para ser feliz, ese día desearás ya no seguir atemorizado por ese chico y te enfrentarás a tu pasado para conseguir un nuevo presente
Alexandre se separó de su tía y se acostó a descansar. Ella aceptó suspirando y se quedó ordenando un poco el cuarto de su sobrino. A las 6 p.m. el menor se levantó por el olor a carne asada que provenía de la cocina. Se acercó a su tía y está le sonrió.
― Se que no quieres un regalo de cumpleaños, pero quisiera darte uno
― Isidora, de verdad no…
― Toma – le entregó un boleto de viaje en autobús – Hoy cumples 18 años, se supone que ya puedes viajar solo. – sonrió – Te estoy regalando una oportunidad para ser feliz.
― No entiendo – respondió tomando aquel boleto –
― Este boleto te llevará a Solwood, la ciudad Principal, ahí estamos viviendo Mike, Valery y yo. – suspiró – Si decides ir tendrás la oportunidad de empezar de cero como siempre debiste, pero esta vez con tu familia al lado. – acarició el cabello del menor como cuando era niño – Quién sabe, quizás con fe ahí encuentra tu motivo para ser feliz.
“Al final, creo que si lo encontré…”