Capítulo 11

4346 Palabras
Alexandre POV: El camino hasta la casa de Aiden me parecía eterno, a pesar de solo ser 15 minutos a pie. Suspiré y le di otra calada a mi cigarro, recordaba las palabras de Vale. ‹Ese vicio te va a matar algún día. ¿Cuándo lo vas a dejar? › Sonreí recordando su rostro molesto la última vez que me vio con el cigarro en la mano. “Lo siento, princesa, parece que tendré que volver a dejarte” Boté la colilla al suelo y continué mi camino, al llegar el mismo señor de ayer me saludó con una sonrisa cálida en el rostro. Aquel gesto amable me revolvió el estómago, estaba a punto de herir a Aiden y aquel señor sin saberlo me estaba lastimando a mí. Subí por las escaleras a paso lento, me costaba hacerme a la idea de que sería la última vez que vería a este chico. No me quería encariñar con nadie, incluso traté de odiarlo, pero ¿cómo podría? Aquel chico era tan tierno y cálido que no entendía por qué los demás lo trataban tan mal. “¿Qué pecado cometiste para que tus compañeros gocen lastimándote?” Al llegar a la puerta respiré hondo hinchando mis pulmones tratando de llenarlos al punto que duelan. Traté de estar serio y frío, quería que nuestra última conversación sea la última definitiva y pensé que si lo trataba como los demás él me odiaría y ya no le afectaría no volver a verme. Sin embargo, cuando él abrió la puerta me fue imposible no sonreír. Llevaba un pijama de osos pandas. “¿Quién se atrevería a usar eso cuando está esperando a un compañero de clase?” Una sonrisa involuntaria apareció en mis labios y él también sonrió de manera tierna, sin embargo, noté como sus mejillas siempre rosadas tomaban un color más carmesí. Me dio el pase para ingresar y caminamos hasta su cuarto, él seguía lastimado así que lo llevé a que se acueste en su cama y ahí inicié la conversación. ― ¿Qué es lo urgente que tenías que decirme? – preguntó de frente – ― Quería asegurarme de que estuvieras bien “Mentiroso” ― Pero te dije que si estaba bien ― Sí, pero – tragué saliva tratando de ocultar mi extraño nerviosismo – tenía que asegurarme. – suspiré – Siempre dices que estás bien, pero pareciera que no. – él me miró – ― ¿Sabes? – sonrió – Eres la primera persona que se preocupa tanto por mí – un brillo nuevo se asomó unos segundos en sus ojos – Alexandre, ¿sí te digo algo no te molestas? – negué – ― ¿Ocurre algo? – él negó con una sonrisa – ― Solo que… – miró sus manos – eres muy importante para mí ― ¿Qué? – mis ojos parecían que se iban a salir de lo abiertos que estaban – “Mierda, niño, ya no sigas hablando” ― Es solo que… – jugó con sus dedos, un poco nervioso – has hecho tanto por mí en solo 2 meses que me es difícil no considerarte como alguien importante para mí ― Pero, niño, no me conoces de nada – volvió a negar – ― Te conozco lo suficiente – sonrió – sé que no eres mala persona y eres muy gentil – desvió la mirada – me das calidez – Alexandre apretó los puños fuertemente durante unos segundos – ― Eres un niño extraño – contesté con una sonrisa en el rostro – ― ¿Por qué? – su inocente rostro confundido sentía que podía darme mil años de vida – ― Porque pesar de no haberme comportado de la mejor manera contigo – apreté mi puño levemente – me sigues considerando alguien bueno – lo miré – la mayoría considera que soy un caso perdido ― No lo creo – sonrió – eres la mejor persona que he conocido ― Gracias, niño – sonreí – ― ¿Por qué, Alexandre? ― Porque me has hecho sonreír ― Me alegra – Aiden rio bajo – es muy raro verte sonreír ― Lo sé – reí – Durante varios segundos estuvimos en silencio un poco incómodo, estaba confundido y dudando de mi decisión. Sin embargo, sabía que debía protegerlo, era necesario, no pensaba volver a exponerlo. ― Aiden – lo llamé – ¿qué pasaría si no volvieras a verme? ― ¿A qué te refieres? – suspiré – ― Si yo… me fuera de tu vida – lo miré – ¿me olvidarías? – negó – ― No podría – miró sus dedos – aunque no volviera a saber de ti, seguirías siendo importante para mí ― ¿Siempre? – él asintió – ― Alexandre, siempre serás importante para mí – sonreí – ― Bueno, niño, – me acerqué a él – debes descansar ― Está bien – hizo un puchero, pero aun así se acostó en la cama – ― Descansa, niño, – sonreí – espera, ¿me puedes prometer algo? ― ¿Qué cosa? ― Necesito que me prometas que te vas a cuidar – Aiden me miró extrañado – ― ¿Alexandre por…? ― No pienses mucho – le revolví el cabello – solo es porque no quiero cansarme de cuidarte siempre – él rio – ― Está bien, me cuidaré – sonrió – lo prometo – hizo un puchero – no quiero que te canses de mí – sonreí – “Nunca podría cansarme de ti” Me senté en la silla de su escritorio esperando que se quede dormido, no sé cuánto tiempo exacto pasó, solo estaba seguro de que cuando estuvo dormido, por fin pude alejarme de aquel lugar. Salí de la habitación y me senté en el mueble analizando mis opciones, era la decisión más complicada de mi vida. Suspiré pesadamente mientras sobaba mi cabeza con nerviosismo, Héctor estaba cada vez más intenso y tenía miedo de no saber cómo manejarlo. Yo, el chico que desde que aprendió a pelear y defenderse había logrado alejar a más de un idiota de su vida, ahora no sabía cómo hacerlo con su idiota. Héctor había sido una persona muy importante en mi vida en todos los aspectos, por eso el enfrentamiento directo con él no era una opción tan factible. Para mí era muy complicado pelear con él, siempre que lo intentaba las cosas terminaban con él encima de mí y haciendo lo que desee. Había intentado de todo por alejarme, pero cada vez que lo hacía él me lograba encontrar. Me había mudado muchas veces durante los últimos años tratando de dejarlo atrás, a él y su estúpida pandilla, sin embargo, cada vez que me adaptaba él volvía y me perseguía sin permitirme quedarme. Cinco ciudades diferentes durante los últimos años solo para que Héctor no me encuentre, dejando de lado mis nuevas residencias y trabajos, en fin, mi nueva vida. No obstante, cada vez que él volvía sabía que debía irme y no me costaba hacerlo, no me encariñaba con nadie ni menos tenía algo que me anclara a aquellas ciudades. Pero esta vez era diferente, Aiden había aparecido en mi vida como una luz que iluminó cada oscuro rincón de mi mente y corazón. Sabía que aquel niño me necesitaba, no tenía claro cuáles eran los problemas que él atravesaba, sin embargo, era consciente de que era el único que de una u otra forma siempre terminaba interviniendo. Incluso, aunque quisiera negarlo, se había vuelto una persona demasiado importante en mi vida. No estaba dispuesto a dejarlo, menos en este momento, aquel niño había entrado en mí de una forma que nunca consideré posible. No existía comparación entre él y Héctor, eran personas completamente diferentes, pero eso también ponía en peligro a Aiden. “Si no me voy te pueden hacer algo, pero si me voy… ¿Me perdonarás?” Me levanté y caminé hasta el cuarto del menor, él seguía dormido abrazando su almohada. Aquel niño se veía tan adorable que no pude evitar que una sonrisa inconsciente apareciera. “Quizá debí hacerle caso a Isidora, quizá si hubiera cambiado mi nombre él no me hubiera encontrado” Recordé aquella conversación con mi tía antes de llegar a la ciudad, sabía que corría peligro y lo que había ocurrido con mis padres, pero estaba cansada de ver como su sobrino corría de un lugar a otro como si fuera un criminal. ‹No hiciste nada malo, Alexandre, el día que lo entiendas tendrás paz› No quise cambiar mi nombre porque era lo único que me quedaba de mi padre, sin embargo, ahora me estaba arrepintiendo. “¿Qué debo hacer?” Alexandre siguió mirando al pequeño, lo único que lo detenía de huir de aquel sitio era él. No quería dejar al niño, no solo por los problemas que el menor tenía, sino porque no sabía si aguantaría estar lejos. “Intenté alejarme de él, pero apenas lo vi en problemas no pude evitar entrometerme. ¿Cómo haré para irme?” Alexandre quería salir de aquel lugar, fumar un poco y tratar de calmarse, pero estaba tan consumido en las palabras de Héctor que apenas y podía moverse. “Te estoy poniendo en peligro y aun así no estoy dispuesto a dejarte” Quería llorar y reír por lo irónico que era la situación. Yo, un chico frío y distante que había superado la muerte de sus padres con rapidez por obligación, que había empezado a vivir solo desde los 16, que había peleado contra maleantes y en ocasiones había dejado moribundo a alguna persona, ahora se sentía mal por querer abandonar a un niño. ‹Te quiero Ale, por favor, vive feliz› ‹Huye, huye lo más lejos que puedas y no regreses› Mi corazón dolía recordando cada doloroso momento de los que había tenido que vivir durante todo este tiempo, aquellos sentimientos que había tratado de dejar atrás ahora volvían y no podía evitar sentir que me caía. Las lágrimas amenazaban con salir y mi respiración cada vez era más rápida, tapé mi boca con mis manos evitando hacer algún sonido. ‹Tus padres fueron asesinados, lo siento, Alexandre› ‹Si no eres mío, no serás de nadie. Te encontraré y te traeré conmigo, no importa dónde estés ni cuánto tiempo me tome encontrarte… cuando lo haga, no te soltaré› Me deslicé por la puerta hasta llegar al suelo, sentía un dolor muy grande en mi pecho y las lágrimas ahora rodaban por mis mejillas ‹No te librarás de mí nunca. Recuérdalo, MI Alexandre. › Me levanté con pesadez y salí de la casa, bajé las escaleras a velocidad tratando de controlar mi respiración y cuando estuve en el vestíbulo corrí al baño. Me lavé la cara y me abracé con fuerza, la decisión ya estaba tomada, tenía que dejar a Aiden para protegerlo de Héctor. Salí fingiendo que nada había ocurrido y antes de salir del edificio me acerqué a Will. Él permanecía con su sonrisa amigable en el rostro haciéndome sentir culpable de la decisión que había tomado. ― ¿Se va tan pronto, joven? – preguntó en un tono suave – ― Sí, debo terminar unos trabajos – contesté cortésmente – ― Espero volver a verlo pronto – sonrió – ― ¿No le incomoda que aparezca de la nada? – negó – ― El joven Aiden tiene mucho tiempo solo y aislado del mundo – me miró con una sonrisa de oreja a oreja – me alegra que por fin esté acompañado – sentí una punzada en el corazón al escuchar aquellas palabras y sonreí como si no me hubieran dolido – ― Entonces volveré apenas pueda “Espero poder volver” ― Lo estaremos esperando, joven ― Bueno, me debo ir – sonreí – cierto, por esta semana Aiden no debe hacer fuerza ni con las compras – suspiré – alguien traerá los víveres para él, por favor, llévela hasta su puerta – susurré – dígale que es de parte de su padre – aquel hombre me miró sorprendido – ― Joven, pero su padre… ― Lo sé – volví a suspirar – pero creo que le hará feliz pensar que es su padre quién se la envía Y sin esperar respuesta me marché de aquel lugar. Prendí un cigarro y caminé hasta un parque que se encontraba detrás del colegio. Marqué aquel número que años atrás no había usado y esperé respuesta. Estaba nervioso, hace mucho que no hablaba con él y no podía negar que lo extrañaba. ― ¿Eres un fantasma del más allá que me llama? – preguntó Alton al contestar – ― Todavía no muero – una sonrisa triste apareció en mi rostro – ¿Estás libre? ― Claro, ¿quieres que nos veamos? ― ¿Puedes? ― Siempre puedo, Alexandre – rio – ¿Tienes mi dirección? ― No es conveniente que vaya a tu casa – lo escuché suspirar – ― ¿Dónde estás? ― Detrás del colegio Newton ― Llego en 20 min – cortó – Alton llegó 20 minutos después con su típica sonrisa radiante, su sudadera ploma y un gorro. Me levanté y él me abrazó con fuerza, no podía creer lo mucho que había cambiado en estos años. Seguía siendo más alto que yo, su cabello corto y sus lentes que lo hacían pareces todo un intelectual. ― Has cambiado mucho – dijo mirándome de pies a cabeza – ¿Cuándo te hiciste el piercing? ― Hace unos dos años, cuando cumplí 17 ― Ahora tienes pinta de maleante – rio – genial – revolvió mi cabello – aunque sigues siendo el mismo niño asustadizo que se escondía en los baños – voltee los ojos y lo aparté – ― ¿Por qué no haces volantes y lo pegas cerca de aquí para que todo el mundo se entere? ― Sí, señor, – cogió su celular – ahora mismo le pido a Kev que me ayude – le quité su celular – ― Sigues siendo tan literal – puse los ojos en blanco y él rio – ― Bueno, suficiente diversión – una sonrisa triste apareció en su rostro – ¿Qué ocurrió? ¿Por qué me buscaste? ― Tengo un favor que pedirte – nos sentamos en la banca – ― Cuéntame – suspiré – ― Me vuelvo a ir – solté de golpe dejándolo helado – ― ¿Te vuelves a ir? – asentí – ¿Héctor? – volví a asentir – ¿Me quieres contar? ― No creo que eso sea importante ― Te equivocas – suspiró – esta vez hay algo diferente – junte mis manos sobre mi regazo bajando la vista – cuéntame ― Conocí a alguien – lo escuché acomodarse en su lugar – y lo está amenazando ― ¿Te importa él? ― ¿Quién? – rio – ― Alexander, te conozco desde los 6 años – colocó su mano en mi hombro – no puedes mentirme – suspiré pesadamente – ― Es diferente – jugué con mis dedos – muy diferente ― Si te importa – lo miré – y no sabes cómo manejar esto – negué – ― Eso no importa – suspiré – te llamé porque quería pedirte un favor – desvié la mirada – ¿podrías… comprarle los víveres de esta semana a ese chico? – Alton me miró sorprendido – ― ¿Qué? ― Está lastimado – suspiré – y no debe hacer fuerza ― ¡Estás preocupado por él! – gritó Alton – ― Mierda, Alton, cállate – le di un golpe en el hombro – solo quiero que se recupere bien – miré mis dedos – es muy débil ― Me recuerda a alguien – rio – ― El próximo golpe será duro – dije mirándolo y él levantó las manos – ― Vale, vale, no te enojes – me sobé la frente, irritado – ― Solo quiero que le compres algunas cosas para la comida de la semana – saqué mi tarjeta – solo cosas básicas, no te preocupes ― Lo haré – sonrió – ¿podré conocerlo? ― No – sonreí – tú dejarás las bolsas de comida en esta dirección, en la puerta ― ¡Alexandre! – exclamó fastidiado – ― Gracias, Alton – le sonreí – de verdad – él colocó su mano en mi hombro – ― Siempre estaremos contigo, Alexandre – asentí – y cuando estés listo para decirnos lo que de verdad sientes por él – sabía que hablaba también de Kevin – llámanos, sabes que estaremos muy felices por ti Después de aquella conversación me despedí de él, mandándole saludos a Kevin, y volví a mi hogar. Fumé dos cigarros más hasta llegar a casa, cerré la puerta con fuerza y me tiré en la cama. La golpeé hasta quedarme sin fuerzas y comencé a llorar, ver a Alton fue recordar todo lo que había pasado desde la última vez que lo vi. Mis ojos se sentían cansados de tanto llorar, llevaba años sin hacerlo, se sentía raro estar vulnerable. Me acosté en mi cama, trataba de descansar antes de viajar cuando escuché los golpes en la puerta. Me levanté con pesadez, caminé hasta ella y sin pensar la abrí. “Mierda” Héctor entró de golpe a la casa, cerró la puerta y me tiró al mueble con brusquedad. Traté de librarme de su agarre, pero ya no tenía fuerzas. Héctor aprovechó ese momento para tomar mis manos y sostenerlas por encima de mi cabeza. Levantó mi polo y lamió y mordió mi abdomen dejando marcas. ― Eres mío – susurró mientras lo hacía – ¡Solo mío! ― ¡Suéltame! – grité tratando de librarme de las manos de mi examante – ― ¡Cállate! – gritó en mi rostro – ¡Te haré lo que yo quiera! ¡Eres mío! ¿¡Lo entiendes!? Héctor abrió el botón de mi pantalón y bajó el cierre, metió su mano en mi pantalón sobando aquella parte íntima. ― Solo con esto ya estas duro – susurró en mi oído – ― ¡Maldita sea! ¡Déjame! – mordí mi labio inferior con fuerza tratando de evitar emitir algún sonido – ― ¡Cállate! – Héctor me dio una cachetada – Héctor tomó mi rostro y se acercó dispuesto a besar mis labios. Me movía tratando de soltarme de aquel hombre loco, Héctor mordió mi labio inferior con fuerza haciéndome abrir la boca para meter su lengua. Sin embargo, logré reaccionar. “¡Por tu culpa tengo que dejar a Aiden! ¡No pienso seguirte el juego!” Levanté la rodilla logrando darle un golpe en la entrepierna, este cayó al suelo y me acomodé la ropa. ― ¡Lárgate! – lo levanté del polo con fuerza – ¡No vuelvas a mi casa! – lo llevé afuera y cerré la puerta – Héctor estuvo gritando por una hora entera, sin embargo, después de que los vecinos amenazaran con llamar a la policía, se marchó. Me tiré en la cama sintiéndome asqueado conmigo, abracé la almohada con fuerza y lloré en silencio. ‹ ¡Te haré lo que yo quiera! ¡Eres mío! › Cuando terminé de sentir lástima por mí, me levanté decidido. “Si esto me hace a mí, ¿qué no le podría hacerle a Aiden?” – suspiré con pesadez – “Si o sí me tengo que ir” Saqué las maletas del ropero y las tiré a la cama, saqué la ropa y la acomodé. Cuando estuve listo, las puse en la puerta y marqué al número. ― Ven rápido, es hora de irnos – lo escuché suspirar al otro lado de la línea – ― Esperaba que cambiaras de opinión ― Te espero en la puerta – corté – Escena Extra: Después de que Héctor fue capturado por la policía, Isidora y Alexandre tuvieron una conversación un poco más seria sobre lo ocurrido. Ambos estaban en el hotel donde por un tiempo se iban a quedar, Mike y Valery habían ido a la otra habitación para dejarlos conversar tranquilos. ― Quiero saber qué fue lo que de verdad les pasó a mis padres – empezó el menor – ― Ale… yo… ― Por favor, tía, necesito saberlo – suspiró – ― Tus padres fueron asesinados – el menor sintió un nudo en la garganta – lo siento, Alexandre ― ¿Lo supiste todo este tiempo? – su tía apartó la mirada – ¿Y no me lo dijiste? – el menor estaba tratando de contener la ira y el dolor – ― No era un buen momento para hacerlo ― ¿Y cuándo sería el mejor momento? – espetó el menor furioso – ¿Muerto? ¿Cuándo ya no me pueda mover? ― Alexandre, por favor, escúchame – el menor se levantó de la cama tirando al suelo su celular – ― ¡No quiero escucharte! ¡Ya no más! – Alexandre sujetó la manija de la puerta dispuesto a abrirla – ― Ale, tus padres te dejaron una llamada – el menor se giró a mirarla desconcertado – si me permites terminar de hablar y, explicarte todo, podrás escucharla ― ¿Y si solo quiero escuchar la llamada? ― Entonces no entenderás nada – el menor lo pensó durante unos segundos y volvió a sentarse – ― Empieza – susurró – ― Tus padres me llamaron unos días antes de aquel suceso, – suspiró – tu padre me dijo que Héctor estaba furioso porque te habías ido, incluso fue a amenazar a tus amigos ― ¿Kevin? ¿Alton? – su tía asintió – ¿Están bien? ― Ahora sí ― ¿Qué les hizo? ― Peleó con Alton, le fracturó la pierna y le lastimó dos costillas – Alexandre apretó los puños con fuerza – como debes saber con Kevin no le fue tan fácil. Trató de intimidarlo, pero él lo mandó a rodar. ― ¿Puedo hablar con ellos? – su tía volvió a asentir – ― No tienes impedimento para hacerlo, pero debes estar informado – tomó la mano de su sobrino – ellos también se mudaron de la ciudad. Sus padres estaban preocupados y… - Isidora se detuvo – ― ¿Y qué? – insistió el menor – ― El padre de Kevin fue asesinado, no sabemos por quién, pero sospechamos que… ― Héctor… ― Sí ― ¿Por qué no me lo contaron antes? ― Porque Kevin nos lo pidió – miró al pequeño triste – dijo que no quería que su mejor amigo se culpara por lo que un idiota hizo ― j***r… – susurró el menor – Pero… ¿Mis padres? ¿Por qué no se fueron? — Era su hogar, Ale, era imposible que se fueran. – el pequeño asintió – Además, para ellos era más importante mantenerte a salvo. — Lo sé – Alexandre respiró hondo tratando de controlarse – entonces, ¿qué fue lo que pasó? ― Héctor solo fue a buscarte a casa, – comenzó a narrar Isidora – al no encontrarte se enfrente a gritos con tu padre y salió a hostigar a tus amigos – suspiró – pensó que ellos sabrían dónde estabas y que sería más fácil convencerlos de hablar ― Y cuándo no lo logró, fue por mis padres – Isidora asintió – ― No sabemos qué pasó exactamente en ese momento, pero tenemos la última llamada que hicieron ellos a tu celular ― No, eso no es posible – el menor negaba – nunca me llamaron, hubiera contestado ― Lo sé y ellos también – cogió su bolso y sacó el antiguo celular del menor – por eso llamaron al número que dejaste en tu ciudad. Para que por más que Héctor o ellos mismos llamaran no pudieras contestar. – le entregó el celular – La llamada sigue ahí, si quieres escucharla puedes hacerlo. ― ¿Te- te puedes quedar? – su tía sonrió – ― Siempre, Ale El menor se acostó en las piernas de su tía y cerró los ojos armándose de valor para escuchar aquel mensaje de voz. Con las manos temblando presionó el botón y reconoció al instante la voz de su madre, no pudo contener las lágrimas. ― Hola, mi amor – la voz dulce de su madre resonó en la habitación – disculpa por dejarte, sabes que solo queríamos protegerte ― Tu tía dice que te comportas excelente – esta vez habló su padre – sigue siendo un buen chico, campeón – se podían escuchar los gritos de Héctor de fondo – ― Discúlpanos por hacerte esto, mi amor – la voz de su madre se entrecortaba – solo queríamos despedirnos – Alexandre cerró los ojos con fuerza sollozando – ― Alex, Huye, huye lo más lejos que puedas y no regreses – esta vez la voz de su padre se escuchaba lejos y la respiración agitada de su madre, como si estuviera huyendo – Nunca regreses a casa, nunca vuelvas con él. ¡Aléjate de él lo más que puedas! – y entonces un disparó sonó haciendo saltar al menor – ― Te quiero Ale, por favor, vive feliz – susurró su madre – ― ¡¿Estás hablando con él?! – la voz de Héctor alertó al menor – ― ¡No! ― ¡Maldita perra! – gritó – ― ¡Perras son con las que te acuestas, maldito! ¡Tú lastimaste a mi hijo! ¡No permitiré que te le vuelvas a acercar! ― ¡Dime dónde está! ¡O te mato! ― ¡Mátame! ¡Nunca lo encontrarás! ― Tus deseos son órdenes – respondió el mayor y se escuchó otro disparo – ― ¡No! ¡Mamá! – gritó el menor mientras su tía trataba de contener las lágrimas – El pequeño gritaba y lloraba desconsoladamente mientras su tía trataba de contenerlo. “Ese día, mi corazón murió”
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