A la mañana siguiente nos despertamos bien entrado el día. Alessandra se tenía que marchar pronto porque debía ponerse a estudiar. Mientras se vestía preparé el desayuno para que no se fuera sin comer algo. El agujero en el estómago era enorme después de la sesión de sexo de la noche anterior. Cuando nos sentamos a desayunar me miró, sonrió y yo no pude evitar sonreír también. Me preguntó si me había gustado, a lo que le respondí que fue una de las noches más maravillosas de mi vida. Seguidamente le pregunté como se le había ocurrido la idea del arnés. Alessandra me contó que cuando Marta llegó a casa, cinco minutos después de haberme ido, entró preguntándole por el regalo que le había hecho. Estuvieron hablando de sexo, de sus fantasías, del sexo conmigo y de mi. Una de las fantasías d

