Klaus llegó a Chile y se fue directo al hospital psiquiátrico donde se encontraba Verónica. ―Hola, chiquita, ¿cómo estás? ―¿Cómo crees? Me tienen encerrada, ¡secuestrada! ―No estás secuestrada, simplemente te es imposible salir, mas no es por causa de los médicos, sino por tu propia seguridad. ―¿Mi seguridad? ―Escúchame bien, pequeña, cuando tú quisiste asesinar a Cristóbal… ―Cuando la perra de Nicole quiso asesinarme ―lo interrumpió ella. ―Cuando pasó eso, tenías dos opciones: irte a la cárcel por lo menos por veinte años o morirte. Decidí darte por muerta. ―¿Qué? ―Eso, preciosa, estás legalmente muerta, por ello es que no puedes salir de aquí como si nada hubiese ocurrido, tú no existes en este país. ―Pero yo no me quiero quedar aquí para siempre. ―Lo sé y por lo mism

