Alex: La cabaña junto al lago se había convertido en una jaula dorada. No para Cecy, sino para mí. Al principio, había sido una idea brillante: alejarla de la ciudad, de su rutina, de cualquier posible tentación o influencia que pudiera hacerla dudar de su lugar a mi lado. Pero con cada día que pasaba, sentía cómo el aburrimiento se filtraba en mi piel como una enfermedad lenta y silenciosa. Cecy era hermosa, devota, perfecta en muchos sentidos... pero también predecible. Y lo predecible me sofocaba. Así que hice lo que mejor sé hacer: dejé que creyera que tenía el control, que disfrutara de la ilusión de libertad, mientras yo me ocupaba de mis verdaderos intereses. Mientras ella se quedaba en la cabaña, perdida en la tranquilidad del lago, yo regresaba a la ciudad con una excusa impe

