Capitulo 1: Arrepentimiento
Todos los días me decía a mí misma que no era nada, me rechazaba a mí, pero también rechazaba a todas las demás, solo me debía esforzar un poco más, conocerlo mejor y se fijaría en mí. Me hice un mantra mental y me lo repetía a diario, no debía perder las esperanzas. Todo salió bien y me lo creí, hasta aquel día que recibí el duro golpe, no me podía seguir engañando, pues esa fantasía que había construido se rompió. Tan grade fue el estruendo que todo el mundo lo escucho. Nunca imagine que esta fantasía que me hacía subir a las nubes, también me hiciera caer empicada como un ángel sin alas y que el golpe me destruyera por competo. Cuando me quise dar cuenta ya estaba en el suelo. Tarde me di cuenta que había volado muy alto con alas de cera.
…
Llevaba horas frente al ordenador, viéndoles jugar. Era un mal tercio, lo sabía, porque, aunque ella era la que sobraba en una reunión de amigos, terminaba siendo ella la que salía sobrando, pero él la llevaba a todos lados desde que empezaron a salir. Era odioso, obviamente ser novios no significa ir a todos lados juntos. Pero sabía que a ella no le gustaba que pasaran tiempo juntos y por eso lo hacía, claramente ella solo los quería alejar, pero él no se daba cuenta. Lo que más le enojaba era que él hiciese cosas que realmente no quería hacer porque ella quería hacerlo.
¡Por amor de Dios! – pensó sofocada la pelinegra – estaba jugando parchís, él odia jugar al parchís.
Pero las cosas que si le gustaban y que ella se había aprendido de memoria, ahora las había dejado de hacer para pasar tiempo con Mónica. Solo porque te gusta alguien no significa que tienes que cambiar de gustos por ella – pensó más enojada al verlos besarse porque ella le “ganó” una partida, obviamente él la había dejado ganar. Quería irse a casa, no quería soportar ver a su mejor amigo siendo esclavo de los deseos de alguien, ni al chico que le gustaba besarse con otra chica frente a sus narices. Pero este era uno de los pocos días que él le dedicaba desde que había empezado a salir con la castaña. Al pensar en eso, sintió que su amistad ya no duraría mucho, eran los síntomas de una muerte a prematura y lo sabía, pero no se quería resignar.
No pudo evitar perderse en sus pensamientos y pensar ¿Qué hubiese pasado si se le hubiera confesado? ¿Qué hubiese pasado si aquel día le hubiese dado aquella carta? ¿Cuál hubiese sido su reacción? ¿Cómo sería su relación ahora? ¿Iría para mejor o para peor? Aunque ahora mismo no le importaba aquella última pregunta, de todas formas, su relación estaba yendo para peor. Solo desearía volver a ese tiempo en específico del pasado y entregar esa carta, al menos ahora sabría la respuesta, buena o mala, era mejor que vivir con la duda eterna.
Aun se repetía en su memoria aquel día que se había decidido a confesarle lo que sentía. Aquella noche había reunido todo el valor que no sabía que poseía para derramar en una carta toda la verdad, se había enamorado de él a primera vista, aun cuando era un chico solitario del que nadie se fijaba. Era una razón un tanto problemática, para decirle a su mejor amigo, pero era la realidad, ella empezó a hablarle porque le gustaba y quería que se fijará en ella. Ya con el tiempo se habían conocido bien y se habían hecho tan cercanos que se convirtieron en mejores amigos. Ni siquiera sus padres los conocían también como se conocían entre ellos. Lástima que todo eso se había vuelto cenizas cuando llego Mónica. Al final, se había arrepentido de entregar aquella carta, y todos sus sentimientos quedaron guardados en el fondo de su casillero, jamás la había vuelto a ver después de eso.
«Querido Adrian, hay algo que llevo ocultado desde hace ya mucho tiempo, sin el valor suficiente para decirlo en voz alta y mucho menos frete a ti. Pero anoche, por fin, reuní el valor suficiente y confesé en voz alta que me gustas. Claro aún no tengo el suficiente para decírtelo de frente, he aquí el porque te escribo. No me he acostado por los nervios de que mañana leerás esto y tampoco sé si logre dormir si me acuesto por lo que mejor continúo escribiendo.
Te preguntaras ¿Cundo pasó? La respuesta es que siempre lo he estado, desde el día en que te vi por primera vez. ¿Qué me atrajo de ti? Lo que me atrajo era tu silencio, tu misterio, quería saber que ocultaba aquel callado de la clase, también, esos ojos magnéticos y electrizantes que hicieron latir como loco a mi corazón desde la primera vez que me miraste y me recorriste con eso ojos verde estanque. Fueron solo 30 segundos antes de que perdieses el interés, pero para mí fue un momento eterno que revivía cada noche al cerrar mis ojos para dormir. La verdad por eso me acerque a ti. Y tus sonrisas, tus desganes y desaciertos, nuestras peleas y tus cumplidos cuando lograba algo que no podías hacer, hicieron que mi fantasía creciera.
Pero, no te escribo esto porque quiero que me aceptes por ser amigos. Solo quiero que me des una oportunidad, pero si lo que decides es un no, solo quiero que sigamos siendo amigos. Te escribo para que sepas, que, si es un no, que no volveré a mencionar esto de nuevo, así que no te preocupes, finjamos que nunca pasó.
Tu, espero todavía, quería amiga Hanica».
…
Al día siguiente cuando ella había se había decidido a decirle todo, descubrió que se le había declarado a Mónica y esta había aceptado. Y claro que había aceptado, su amigo ya no era el que se escondí a final del salón: se había cortado el cabello, claro extorsionado por ella; habiendo perdido una apuesta, habían empezado a ir al gimnasio y salir más. Por lo que el físico y la actitud depresiva de su amigo había cambiado mucho.
—¿Por qué me mentiste? – le escuchó decir al salir de sus pensamientos, por lo que volteo para mirarlos por primera vez en la tarde, pero ella no parecía muy enojada, solo hacía pucheros aparentando estarlo.
—Porque…– se acercó a ella y la beso. - me gustan tus pucheros.
Y con eso ella decidió que era hora de irse, después de todo ¿Lo notarían ellos? La respuesta era no, o al menos eso pensó. En cuanto se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta con su mochila, sintió una mano sobre su muñeca, reteniéndola.
—¿Te vas? – pregunta al parecer sorprendido.
Asintió.
—¿Por qué? – volvió a preguntar mientras se ponía de pie. – hoy es noche de amigos.
Le recuerda como si hubiese sido ella quien lo había olvidado. Ella resopla ¿De verdad lo recordaba? El propósito de haber escogido el día en que se conocieron como el día de los mejores amigos, era tener un día solo para ellos.
—Es mejor que cancelemos este año, quiero irme a casa, ustedes pueden continuar – se apresuró en soltarse de su agarre e irse.
Sin embargo, antes de que se diera cuenta estaba siendo retenida de nuevo, esta vez por el brazo. Por alguna razón él sintió que había hecho algo mal y eso le asusto, no quería perder a su mejor amiga y sabía que no le había dedicado tiempo ese último año. No podía dejar que se fuera enojada.
—¿Estás enojada? – pregunta como si no fuera obvio.
No solo quiero ir a casa porque estoy pasando un buen momento – respondió sarcástica para sus adentros.
—Compartir el mismo espacio no es pasar el día juntos Adrian– dijo enojada.
Él lo sabía, pero no sabía cómo hacer para mediar el tiempo entre su novia y su mejor amiga. Además, Mónica era muy celosa y no le gustaba que estuviese solo con una chica durante todo el día. Pero si traía a Mónica, sabía que Hanica se enojaría, ya no sabía qué hacer.
—Sé que no es como pasamos el día, pero solo por esta vez, juguemos juntos un juego de mesa. – propuso.
Hanica puso mala cara al instante.
—No me gusta el parchís, a ti tampoco, odias los juegos de mesa. – dice con obviedad – no voy a quedarme aquí a fingir algo que no soy por agradarle a tu novia. – dejó en claro antes de dar la vuelta y marcharse.
Al final, él no la volvió a detener, pues sabía que ella tenía la razón, la verdad era que a él también le parecía aburrido, pero amaba a su novia lo suficiente para soportarlo, sin embargo, no podía exigirle a ella que hiciera lo mismo. No obstante le daba miedo que este cambio, destruyera por completo su amistad.