Capítulo 8: Guerra de departamentos.

1778 Palabras
5 años atrás… —Mamá ¿Puedo pasar? – preguntó el pelinegro y al recibir una respuesta afirmativa entró, para verla sentada junto a la ventana. – ¿Vendrá papá a la final este jueves? – preguntó con añoranza, ya que quería demostrarle a su padre lo bueno que era en los debates y como podía ganar fácilmente. Justo por eso se había inscrito en aquel club, para demostrarle sus habilidades de razonamiento y convencimiento, después de todo su madre siempre se lo decía, por ser el mayor, el sería quien tomara el mando de las empresas de su padre algún día. Debía entrenarse y ser apto para el cargo. Era solo que su padre jamás había ido a verlo, incluso había ido a la exposición de los autos de juguete coleccionados por Federico, que para él era una estupidez, ¿Por qué no irlo a ver a él en un evento que era más importante? —Tú padre… - dijo antes de detenerse y mirar hacia la ventana, entonces sus ojos se abrieron de par en par con algo de pánico y sus manos temblaron. – necesito una pastilla, creo que mis nervios están un poco descontrolados. – dijo antes de levantarse para ir por ellas. Llevaba alrededor de una semana así, justo lo mismo que llevaba fuera su padre, por lo que al principio pensó que solo estaba preocupada por él. Pero al ver por la ventana, para ver lo que la había puesto tan nerviosa, pudo ver a su padre. Este estaba junto a un chico de cabello rojo intenso, como si hubiese sido pintado, sin embargo, esto no le importó. ¡Su padre estaba de vuelta! eso solo significaba que podría asistir a las finales. Dejo a su madre allí y se apresuró en bajar las escaleras para darle la bienvenida, pero entonces escucho la voz de su padre decir: —Él es Adrián, es mi hijo con Amelia. – dijo hacia su abuela, la misma que también quedo estupefacta. — ¿Cómo? – preguntó la anciana sin poder creerlo. —No es lo que crees mamá, nunca engañé a Camila. – explico el hombre al ver la expresión en los ojos azules de su madre. – Amelia estaba embarazada antes de irse, yo no lo sabía, ella me lo había ocultado, solo lo supe cuando fui a su funeral y vi al chico. Ella lo miró de arriba abajo, el chico o había dicho nada hasta el instante, pero no se veía tímido, en cambio se veía triste y cansado. La anciana suspiró, sabía que, si su hijo había traído a casa al chico, solo podía ser que estaba cien por ciento seguro de que era su hijo. Lo que solo significaba que tenía un nieto al que no conocía y el cual había pasado su vida sin un padre. No sabía en qué condiciones había vivido o por lo que había pasado antes de llegar a conocerlo, pero al fin y al cabo era su nieto. —Eso quiere decir que es mayor que Frederick. – dijo y Félix asintió, recordándole al pelinegro un punto en el que no había pensado. – Ven con la abuela, ella te llevará a tu habitación – dijo amorosamente la anciana. El pelinegro vio todo esto con disgusto y algo asustado, era solo un recogido, un aparecido, un recién llegado. Pero su padre ya lo había reconocido como su hijo mayor y su abuela ya lo quería como a un nieto ¿Qué pasa con él? Siempre había luchado por el cariño de estas dos personas, pero al final, solo reconocieron a ese perro callejero. Desde ese día se prometió que lo hundiría hasta el fondo y no dejaría que le quitara nada de lo que por derecho le pertenecía. Presente… Pero aquí estaban ahora. Ese jueves, su padre no había ido a su presentación porque ese se había enfermado. Luego su propio padre lo había escogido sobre él, para dirigir la empresa y su madre que era su única esperanza lo apoyaba. Eso incrementó, cada vez más su odio por él, que hasta este punto le había quitado todo. Se acercó a ella y la ayudó a levantarse, ignorando por completo su comentario, ya estaba acostumbrado a estos. —¿Estás bien? – preguntó al verla quejarse. —¡Me duele todo! – dijo mientras se arreglaba la ropa y se limpiaba el polvo. Sentía que no se podría volver a sentar en un buen tiempo, además le había destrozado el hombro. Ya no sabía si ese sujeto era un hombre o un animal. —Creo que le debes una disculpa a Fenicia. – dijo Adrián, parándose frente a ella, con un rostro serio. Él no perdió su sonrisa. —Ella debe fijarse por dónde camina. – se encogió de hombros. La mandíbula de Adrián se tensó. Él sabía qué hacía esto a propósito, siempre buscaba desquitarse con Fenicia cuando no podía con él. Mientras más se acercará a la castaña, él la atacaría más, con el fin de destruirlo a él. Pero, no lo iba a permitir, estaba a punto de contrarrestarlo cundo una voz femenina los dejó a ambos estupefactos. —¿Debo fijarme? – pregunta indignada. - ¿Crees que por ser el vicepresidente puedes intimidar a los empleados? ¿Sabes que te puedo denunciar por acoso laboral? Hay cámaras en esta oficina donde se ve que lo hiciste apropósito. Además, yo me lleve el mayor daño de aquel golpe y no asumes, sino que me hechas la culpa, eres muy poco hombre. – destiló todo el odio que tenía hacia él. No era que quisiese buscarle problemas a su amigo, pero la actitud de ese tipo era insoportable para ella. Solo al soltarlo todo se sintió satisfecha. Y esperó gustosa el ser regañada o despedida, al menos valdría la pena. Sin embargo, el regaño que esperaba jamás llegó. Porque ambos se encontraban en shock. Todas las veces que Frederick había atacado a la chica, ella solo bajaba la cabeza y aguantaba, pues se veía a ella misma como polisón en su familia. Por esto siempre había sido Adrián quien la había defendido. No obstante, hoy la chica había enfrentado al pelinegro de frente y sin siquiera nerviosismo, era un cambio muy radical. Por lo que ambos tardaron en reaccionar e incluso se miraron entre ellos extrañados, antes de volver a mirarla. Adrián, rápidamente tomó la palabra antes de que el pelinegro pudiese decir algo que afectara a la chica. —Nos vemos en la sala de juntas. – dijo tomando la mano de la castaña y sacándole de allí. Solo entonces el pelinegro volvió en sí mismo, pero ya ellos se habían ido, lo cual lo enojo más ¿Qué se creía esa recogida para hablarle de ese modo? … Minutos después, todos los jefes de departamento y sus secretarios estaban esperando en la sala de juntas, mientras conversaban entre ellos. Hasta que vieron entrar a Adrián, al momento todos se levantaron y saludaron como si de una escuela se tratase, todos al unísono. —Buenos días señor Dell. Al ver esto ella estuvo a punto de reírse, era como si hubiera vuelto al jardín de infantes. Pero su humor cayó al ver a alguien en la sala, quien obviando todo lo que pasaba, no se había puesto de pie ni saludado como si no lo viese necesario, Frederick. Esto era ir en contra de la autoridad de Adrián, como si no lo respetara en absoluto, lo que la hizo fruncir el ceño. Sin embargo, Adrián, como si él realmente no estuviese ahí, solo pasó y se sentó en la silla a la cabecera. Esto pareció molestarle al pelinegro. — Buenos días a todos, pueden sentarse. – les indicó y todos volvieron a sus asientos y ella al lado de él, mientras tomaba apuntes. – El propósito de esta reunión, es el mismo que se estableció en la reunión anterior, discutir sobre la nueva colección que vamos a lanzar al mercado en invierno. Se trata de una línea de joyas elaboradas con los minerales más exclusivos y raros de nuestras minas, bajo la temática: sol de invierno. – explicó mientras recorría la sala con la vista – Queremos ofrecer un producto de alta calidad y valor adicionado a nuestros clientes. Por ello espero ver ideas innovadoras y bien estructuradas. Entonces, quiero escuchar sus ideas. Empecemos por el departamento de diseño. ¿Qué propuestas tienen para la colección? El jefe de departamento sonrió y se puso de pie y empezó hablar, mientras su secretaria proyectaba desde la computadora, algunas imágenes. — En el departamento de diseño, hemos trabajado en varios bocetos y modelos de joyas que combinan diferentes tipos de minerales, como el oro, la plata, el platino, el diamante, el rubí, el zafiro, la esmeralda, el topacio, el ópalo, el turquesa y el ámbar. – expresó transmitiendo seguridad en su hablar. – Hemos buscado crear diseños originales, elegantes y modernos que resalten la belleza y el brillo de los minerales. Aquí les mostramos algunos ejemplos acabados. Ella miró la pantalla y enseguida sus ojos se iluminaron, estaba demás decir que todos eran diseños asombrosos. Pero el que más le impresionó fue uno de una cadena de oro con un fénix de alas de rubí, ojos de esmeralda y en el centro un pequeño corazón de zafiro. El mismo tenía las alas abiertas y la mirada en alto. Era hermoso. — Muy bien, me parece que los diseños van de acuerdo con la temática solicitada y cumplen con los requisitos, lo que buscamos para la nueva colección. – dijo él, sacándole de sus pensamientos - ¿Los demás quieren añadir algo? La jefa de Marketing, una mujer de unos 30 años, de peinado corto y rubia, tomó la palabra al instante. — Me parecen muy atractivos y llamativos. Creo que podemos generar mucho interés y demanda por nuestra colección. – dijo con una sonrisa, solo que hubiese estado bien si solo se quedaba en eso, pero no fue así, después de todo esos departamentos vivían en constante discordia. – Sin embargo, ¿No serán demasiados caros los precios para el mercado? Esto me preocupa, quizás para clientes exclusivos esto no sea nada, pero para el mercado en general ¿Cómo sería? ¿Acaso lo han planeado? Además ¿Cuánto nos va a costar producir cada joya? Después de todo no queremos que esto resulte en pérdidas para la compañía. – concluyó aun con una sonrisa, mientras que el jefe de diseño la veía con mala cara. Enseguida ella supo que su relación no era armoniosa y que abría guerra en ese lugar.
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