ENZO Ciento sesenta y ocho horas, siete días, una semana. Solo una semana había pasado desde que todo se volvió más complicado de lo que ya había sido, y sin embargo, algo en mí me decía que el tiempo estaba comenzando a estirarse, a arrastrarse, como si cada minuto se hubiera vuelto más denso, más pesado, más insoportable. Un minuto en esta casa se volvía una eternidad y donde ya ni siquiera me gustaba pasar, ya que no podía negar que algo había cambiado en el lugar. Había algo en el aire, algo en la manera en la que Kira caminaba por la casa, algo en su mirada cada vez que me encontraba con ella. Algo que me obligaba a cuestionar lo que estaba haciendo, lo que estábamos haciendo, pero a la vez, algo me mantenía firme, algo me decía que no debía dar un paso atrás y que debía mantene

