
Hay personas que llegan a tu vida para salvarte.
Y hay otras que llegan solo para enseñarte cuánto puedes romperte antes de dejar de reconocerte frente al espejo.
A él lo conocí una noche cualquiera, de esas que parecen insignificantes hasta que terminan cambiándote la vida.
No hubo música épica ni señales del destino. Solo dos personas cansadas intentando esconder el desastre que llevaban dentro.
Supongo que así comienzan las tragedias más bonitas.
Con silencios.
Con miradas demasiado largas.
Con heridas que nadie pregunta cómo ocurrieron.
Si hubiera sabido aquella noche todo lo que iba a perder por quererlo… quizá, en otra vida, habría elegido diferente.
Hay recuerdos que no nacen contigo.
Y hay amores tan antiguos… que sobreviven incluso a la muerte.

