Resistiendo

1098 Palabras
Entramos a un elegante y bellísimo restaurante. - Domnule Dimitriu, vă rog - Dijo el camarero, nos indicó con una seña que lo siguiéramos. Solo pude comprender la palabra Dimitriu. Nos llevó a un saloncito privado con una mesa para dos, todo finamente puesto en orden e impecable. - Gracias – dije mientras Alexandru acomodaba mi silla. Estaba hipnotizada mirando sus ojos, cuando fuimos interrumpidos por el camarero que nos entregaba el menú. - Me traes agua por favor – dije con una voz casi ronca. - Imediat- su respuesta en rumano me dejó claro que me había comprendido. Después de mirar el menú por unos minutos sin comprender muy bien su contenido. - Me puedes ayudar con el menú, por favor – le confesé nerviosa, sentía el calor en mi rostro. Me observo detenidamente y me soltó una pequeña sonrisa, creo que se divierte con timidez. Entraron con una pequeña jarra de cristal llena de agua, me sirvieron en una copa de cristal y se dispuso a tomar la orden. La tomé casi por completo de un solo sorbo. - Două farfurii de Sarmale …- Siguió hablando con propiedad por unos minutos. Una vez se retiró el camarero, se quedó observándome y soltó una risotada. Mi cara debe ser un chiste – ¿De qué te ríes? – dije con un tono de molestia. Todos los sentimientos que sentía en ese momento tanto los buenos como los malos me hacían hostil y sensible a cada acto. - Lo siento – agachó la mirada. - Te burlas de mí – dije un poco más tranquila y tratando de sonreír. - No, eso nunca – respondió avergonzado. Estiré mi mano y con mis dedos rocé la suya – Esta bien – Su cuerpo se puso tenso y su mirada intensa. Se aclaro la garganta y se sirvió algo de agua. El ambiente se ha tornado algo tenso ¿Soy solo yo o está haciendo calor? Pensé mientras bebí el resto de mi copa de agua. Fue llegando plato tras plato mientras hablábamos amenamente de lo que vine hacer a Bucarest, me contó sobre sus negocios, reímos fuertemente como si fuésemos viejos amigos. Con algunos gestos que hacía mientras él hablaba podía sentir un cosquilleo entre mis piernas, realmente deseo a este hombre. - Si te sigues mordiendo el labio…- dijo con voz ronca y sus palabras sonaron casi amenazadoras. - Lo siento – dije mientras me removía en mi silla y el calor subía a mi rostro. Nos quedamos unos minutos incomodos en silencio – Debo ir al baño – dije mientras me levantaba y salía del salón casi corriendo. Vi al camarero que nos estaba atendiendo. – Domnișoară – dijo él con una sonrisa amable. - Me puedes indicar el baño, por favor – hablé lento para que me entendiera. - Bañoo – dijo con dificultad, haciendo una seña para que lo siguiera. - Aquí – dijo finalmente señalando la puerta. - Gracias – Dije con una sonrisa y un movimiento con mi cabeza. Me observé detenidamente en el espejo y mi rostro parece un tomate. Me lavé el rostro con agua fría para bajar el calor, me puse toallas húmedas en la nuca y cuello, trato de respirar profundamente para tranquilizarme. Retoco con cuidado mi maquillaje. Al entrar al saloncito veo otro plato puesto en cada lado. Y a Alexandru moviendo sus dedos de manera ansiosa. - Creo que no puedo más – dije sobando mi abdomen, Alexandru se levantó para acomodar nuevamente mi silla - Solo queda este, es el postre – dijo mientras tomaba su asiento – Por favor, solo pruébalo – suplicó con una sonrisa coqueta y tierna. - Esta bien – torné mis ojos en circulo y sonreí. Alexandru tomó su cuchara, partió el pastelillo crocante, por encima salía el queso derretido con salsa de moras, estiró su mano, lo acercó a mí boca y me lo ofreció. Instintivamente me acerqué y abrí un poco mi boca y llevé el bocado dentro, su mirada era intensa y se llenaba de lujuria, nuevamente subía la temperatura en la habitación. Cerré mis ojos ante la explosión de sabores dulce y salado. - Mm… - salió casi como un gemido de mi boca. Alexandru respiraba aceleradamente, se veía tenso, conocía muy bien sus gestos cuando estaba excitado. - Creeo, que… que debería irme – dije con dificultad tartamudeando. Asintió con la cabeza y se levantó con prisa de la silla. Con dificultad di pasos para salir del salón detrás de él. Alexandru se giró en sus dos pies y me tomó con toque de fuerza y delicadeza por la cintura, me atrajo hacía él, acercó su rostro al mío, podía sentir su agotada respiración, el calor de cuerpo y los latidos de su corazón con mis manos que reposaban en su pecho. - Alex… no, por favor – le susurré. Aunque en mi interior moría por sentir sus labios. - Yo… no… - pronunciaba lentamente – puedo, lo siento, Amelia – me soltó rápidamente y alisó su traje – Perdóname, por favor – dijo avergonzado. - Tu también a mí – contesté con tristeza. El resto del camino no hablamos, en la radio sonaba algo de Iron & Wine con una melodía algo triste. No me estas ayudado Alexandru, pensé mientras miraba por la ventana, es una ciudad hermosa, su arquitectura es fascinante, digna de cuentos e historias. - Es aquí la dirección que me enviaste, es un buen hotel – dijo finalmente después de aparcar. - Gracias por traerme y por la cena – agaché la mirada al recordar el suceso – Estaba deliciosa la comida - dije finalmente. Salí del coche rápidamente sin esperar a que me abriera la puerta, sacó las maletas de la cajuela y las puso en un carrito. - Te acompaño a dentro – dijo mientras impulsaba el carrito. - No, déjalo – quería terminar con la incomodidad. - Descansa, Amelia – respondió con seriedad. Nunca lo había visto de esa manera, me entristecía un poco la situación, ya no era más su chica sensual, ya no era más su ilusión y el hecho de acortar la distancia, había arruinado lo que existía entre los dos. - Descansa, Alexandru - dije suavemente. Nos miramos indecisos de cómo debía ser la despedida. Di un paso al frente y le besé suavemente la mejilla. Si era la última vez que nos íbamos a ver debía hacerlo. Me giré y entré al vestíbulo del hotel sin mirar atrás, mis ojos se llenaron de lágrimas. O último que quería era que esto terminara así.
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