Entramos a un elegante y bellísimo restaurante.
- Domnule Dimitriu, vă rog - Dijo el camarero, nos indicó con una seña que lo siguiéramos.
Solo pude comprender la palabra Dimitriu.
Nos llevó a un saloncito privado con una mesa para dos, todo finamente puesto en orden e impecable.
- Gracias – dije mientras Alexandru acomodaba mi silla.
Estaba hipnotizada mirando sus ojos, cuando fuimos interrumpidos por el camarero que nos entregaba el menú.
- Me traes agua por favor – dije con una voz casi ronca.
- Imediat- su respuesta en rumano me dejó claro que me había comprendido.
Después de mirar el menú por unos minutos sin comprender muy bien su contenido.
- Me puedes ayudar con el menú, por favor – le confesé nerviosa, sentía el calor en mi rostro. Me observo detenidamente y me soltó una pequeña sonrisa, creo que se divierte con timidez. Entraron con una pequeña jarra de cristal llena de agua, me sirvieron en una copa de cristal y se dispuso a tomar la orden. La tomé casi por completo de un solo sorbo.
- Două farfurii de Sarmale …- Siguió hablando con propiedad por unos minutos. Una vez se retiró el camarero, se quedó observándome y soltó una risotada.
Mi cara debe ser un chiste – ¿De qué te ríes? – dije con un tono de molestia. Todos los sentimientos que sentía en ese momento tanto los buenos como los malos me hacían hostil y sensible a cada acto.
- Lo siento – agachó la mirada.
- Te burlas de mí – dije un poco más tranquila y tratando de sonreír.
- No, eso nunca – respondió avergonzado.
Estiré mi mano y con mis dedos rocé la suya – Esta bien – Su cuerpo se puso tenso y su mirada intensa. Se aclaro la garganta y se sirvió algo de agua. El ambiente se ha tornado algo tenso ¿Soy solo yo o está haciendo calor? Pensé mientras bebí el resto de mi copa de agua.
Fue llegando plato tras plato mientras hablábamos amenamente de lo que vine hacer a Bucarest, me contó sobre sus negocios, reímos fuertemente como si fuésemos viejos amigos. Con algunos gestos que hacía mientras él hablaba podía sentir un cosquilleo entre mis piernas, realmente deseo a este hombre.
- Si te sigues mordiendo el labio…- dijo con voz ronca y sus palabras sonaron casi amenazadoras.
- Lo siento – dije mientras me removía en mi silla y el calor subía a mi rostro. Nos quedamos unos minutos incomodos en silencio – Debo ir al baño – dije mientras me levantaba y salía del salón casi corriendo.
Vi al camarero que nos estaba atendiendo. – Domnișoară – dijo él con una sonrisa amable.
- Me puedes indicar el baño, por favor – hablé lento para que me entendiera.
- Bañoo – dijo con dificultad, haciendo una seña para que lo siguiera.
- Aquí – dijo finalmente señalando la puerta.
- Gracias – Dije con una sonrisa y un movimiento con mi cabeza.
Me observé detenidamente en el espejo y mi rostro parece un tomate.
Me lavé el rostro con agua fría para bajar el calor, me puse toallas húmedas en la nuca y cuello, trato de respirar profundamente para tranquilizarme. Retoco con cuidado mi maquillaje. Al entrar al saloncito veo otro plato puesto en cada lado. Y a Alexandru moviendo sus dedos de manera ansiosa.
- Creo que no puedo más – dije sobando mi abdomen, Alexandru se levantó para acomodar nuevamente mi silla
- Solo queda este, es el postre – dijo mientras tomaba su asiento – Por favor, solo pruébalo – suplicó con una sonrisa coqueta y tierna.
- Esta bien – torné mis ojos en circulo y sonreí.
Alexandru tomó su cuchara, partió el pastelillo crocante, por encima salía el queso derretido con salsa de moras, estiró su mano, lo acercó a mí boca y me lo ofreció. Instintivamente me acerqué y abrí un poco mi boca y llevé el bocado dentro, su mirada era intensa y se llenaba de lujuria, nuevamente subía la temperatura en la habitación. Cerré mis ojos ante la explosión de sabores dulce y salado.
- Mm… - salió casi como un gemido de mi boca.
Alexandru respiraba aceleradamente, se veía tenso, conocía muy bien sus gestos cuando estaba excitado.
- Creeo, que… que debería irme – dije con dificultad tartamudeando.
Asintió con la cabeza y se levantó con prisa de la silla. Con dificultad di pasos para salir del salón detrás de él. Alexandru se giró en sus dos pies y me tomó con toque de fuerza y delicadeza por la cintura, me atrajo hacía él, acercó su rostro al mío, podía sentir su agotada respiración, el calor de cuerpo y los latidos de su corazón con mis manos que reposaban en su pecho.
- Alex… no, por favor – le susurré. Aunque en mi interior moría por sentir sus labios.
- Yo… no… - pronunciaba lentamente – puedo, lo siento, Amelia – me soltó rápidamente y alisó su traje – Perdóname, por favor – dijo avergonzado.
- Tu también a mí – contesté con tristeza.
El resto del camino no hablamos, en la radio sonaba algo de Iron & Wine con una melodía algo triste. No me estas ayudado Alexandru, pensé mientras miraba por la ventana, es una ciudad hermosa, su arquitectura es fascinante, digna de cuentos e historias.
- Es aquí la dirección que me enviaste, es un buen hotel – dijo finalmente después de aparcar.
- Gracias por traerme y por la cena – agaché la mirada al recordar el suceso – Estaba deliciosa la comida - dije finalmente.
Salí del coche rápidamente sin esperar a que me abriera la puerta, sacó las maletas de la cajuela y las puso en un carrito.
- Te acompaño a dentro – dijo mientras impulsaba el carrito.
- No, déjalo – quería terminar con la incomodidad.
- Descansa, Amelia – respondió con seriedad.
Nunca lo había visto de esa manera, me entristecía un poco la situación, ya no era más su chica sensual, ya no era más su ilusión y el hecho de acortar la distancia, había arruinado lo que existía entre los dos.
- Descansa, Alexandru - dije suavemente.
Nos miramos indecisos de cómo debía ser la despedida. Di un paso al frente y le besé suavemente la mejilla. Si era la última vez que nos íbamos a ver debía hacerlo.
Me giré y entré al vestíbulo del hotel sin mirar atrás, mis ojos se llenaron de lágrimas. O último que quería era que esto terminara así.