Preparación para la boda

1086 Palabras
El día de la boda Emma se sentía la mujer más feliz del mundo, con sus veinte años aún parecía una jovencita de la secundaria, había terminado sus estudios muy rápido y a los diez y seis años ya estaba estudiando en la universidad. Ahora ya era toda una mujer pero con un rostro de niña inocente, su amiga Alba se burlaba de ella con frecuencia, especialmente por su candidez en las cosas de la vida. Siempre bromeaba con ella por eso y en algunas ocasiones la hacía sentir realmente incómoda con sus observaciones subidas de tono, como cuando le había dicho en la secundaria que sus senos eran los más llamativos de todo el colegio, lo que hizo que ella usara blusas más anchas para que nadie la viera. Ahora en el día de la boda, Alba había ido a pasar el día con ella para ayudarla a arreglarse, su amiga la estaba maquillando después de que se había bañado con todo cuidado después de que Alba hiciera un comentario malicioso sobre lo que podría "oler mal" durante la noche de bodas, y aún cuando salió de la ducha llevaba los cachetes encendidos por el rubor, lo que provocó nuevas risas de su amiga. —Sí eres tonta, Emma —le dijo conteniendo la risa a duras penas— Sólo bromeaba con lo del mal olor, así que no tenías que durar casi una hora en la ducha. —¡Ay, Alba! —le dijo dando una patadita en el suelo para mostrar su "enojo"— No seas exagerada, yo no tardé una hora en el baño y el olor no me preocupa porque soy aseada y saludable, no soy tan tonta, Alba —terminó diciendo en tono molesto, lo que provocó nuevas risas en su amiga. —¿Viste? Tantas veces que te dije que era mejor llegar al matrimonio con experiencia, así no andarías tan apurada y preocupada por la noche de bodas —esta vez Alba había cambiado el objeto de sus bromas. —¿Y quién te dijo que estoy preocupada? —le dijo arrugando la frente, porque sabía que ella no se iba a quedar tranquila éste día sin molestarla a fondo, porque Alba mismo se lo había dicho, que ella se iba a ir por un tiempo y entonces la molestaría lo suficiente para que la recordara— Sólo estoy un poco nerviosa como cualquier novia, Alba, y tú deberías estar apoyándome y no metiéndote conmigo. —Pero si no me meto contigo, querida —le dijo conteniendo la risa de nuevo— Solo te recordaba que yo quería ayudarte desde antes. —¿Cómo crees que me iba a costar con alguien por allí solo para tener experiencia? —le dijo algo escandalizada, recordando que un día, en una fiesta de la universidad ella le había dicho que porqué no se acostaba con Randy, un apuesto muchacho de la hermandad Delta Crom. —¡No con cualquiera! —le dijo como si estuviera espantada de que pensara eso de ella— ¡Te sugerí los mejores! Incluso te dije que te acostaras con Ryan, porque así podrían saber si eran compatibles. —¡Por Dios, Alba! —le dijo arrugando la cara un poco— Sabes muy bien que Ryan no está de acuerdo con esas cosas. —Pero hubiera sido de gran ayuda —dijo en tono como si estuviera reflexionando— Porque imagínate si Ryan lo tiene muy grande, eso va a ser medio doloroso. —¡Alba! —gritó Emma congestionada por el rubor y la vergüenza— ¿Cómo se te ocurre decirme eso? —Porque es algo natural y que puede pasar, ¿No? —le dijo poniendo cara de picardía al pensar en una nueva idea que se le había ocurrido— Además, pensándolo bien, no recuerdo haberle metido mano a Ryan para palpar su "paquete" y bailando conmigo no se lo noté, así que puedes estar tranquila, de seguro lo tiene chiquito. No como el bueno de Andy Rivas, que le decían el burro, ¿Lo recuerdas? —¡Dios mío, Alba! —le dijo como si estuviera molesta pero la realidad era que estaba con unas ganas horribles de reírse con las cosa s de su amiga, pero no podía dejar que se desmandara, porque Alba Morrison era terrible si se le daba rienda suelta— ¿Es que piensas estar hablándome de sexo toda la noche? —Bueno, querida —dijo afectando el tono de voz— Yo estoy hablándote de sexo pero es Ryan quien te lo va a dar. —a continuación soltó una gran caracajada que había aguantado durente mucho tiempo. Emma hizo el gesto de tomar uno de los cepillos de peinarse que tenía en su tocador como si estuviera a lanzarlo a la cabeza de Alba pero está ya ase había apartado de ella en medio de sus risas, por lo que Emma tampoco pudo contenerse y uniéndose a su amiga soltó unas grandes carcajadas que resonaron por toda la habitación de la chica. Así estuvieron un buen rato hasta que se quedaron tomándose del estómago para mitigar el dolor de tanto reír. —Sí que eres loquita, Alba —le dijo a su amiga mientras se levantaba para acercarse a ella y abrazarla— Sabes que eres mi mejor amiga te quiero muchísimo, en verdad no sabría qué hacer si no estuvieras aquí ahora. —Pues, seguramente habría alguien más ayudándote —le dijo suavemente pero luego una chispa de picardía se reflejó en su cara— Quizás tú dulce suegra. Emma miro a su amiga con seriedad pero luego una gran sonrisa distendió su rostro al recordar lo agria que era la mamá de Ryan. —Sí que eres mala, Alba —le dijo un poco seria— Tú sabes que ella no es más que una pobre viuda solitaria y que necesita mucho cariño. —¡Tú no crees eso! —le dijo con una mirada irónica— Tú sabes que ella es así de nacimiento y eso no lo va a cambiar nadie. Espero que no tengas que quedarte con ella cuidándola o que salga con que se va a mudar con ustedes. —No creo —le dijo pensativa, recordando— Ryan me dijo que viviremos en la casa del campo y ella la odia. Alba se quedó mirando a su amiga, sabía lo ingenua que era, y esperaba que fuera feliz con Ryan porque hacían una linda pareja.
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