Por su lado, Ryan Webster se sentía muy feliz ese día, iba a casarse con una hermosa mujer, demasiado hermosa más bien, pero al mismo tiempo era tan recatada y sensata. Nunca la había visto hacer algo incorrecto o comportarse de mala manera, ni en público ni en privado. Además era muy inteligente y muy buena conversadora aunque para eso tenía que abrirse con quién fuera a hablar porque era demasiado tímida.
Recordó la vez que le pidieron a ella que participará en el concurso de belleza de la universidad, las compañeras de hermandad la estaban proponiendo porque aseguraban que ella ganaría fácilmente el concurso por su marcada belleza. Y es que Emma Coldbridge había sido bendecida con un rostro sumamente hermoso, que parecía tallado por un artista genial quien no escatimó ningún detalle para que su rostro fuera casi perfecto, encima de eso, tenía un cuerpo esbelto pero no excesivamente alto, con su metro setenta y cinco centímetros tenía estatura de modelo. Sus brazos estaban hermosamente delineados al igual que sus piernas torneadas y de suaves músculos, porque adoraba caminar y andar en bicicleta, y cuando tenía oportunidad iba a excursiones con sus compañeros de clase.
Y luego venían los detalles que hacían resaltar todo el conjunto, su cabello era rubio como el trigo maduro y sus hermosos ojos verdes estaban enmarcados en una hermosas pestañas rubio claro, que junto con su nariz recta y su boca de labios voluptuosos y marcados le daban una apariencia sensual y muy llamativa. Aparte de eso era dueña de unos hermosos y grandes pechos de copa D que resaltaban contra su estrecha cintura y las amplias caderas. Eso sin nombrar que tenía un trasero de campeonato, como le decía su amiga Alba con frecuencia, cosa que le hacía sonrojar muchísimo.
Ryan estaba bastante consciente de los atributos físicos de su novia y futura esposa, él se había esforzado por respetarla siempre, aunque en una ocasión en que estaban en una pequeña expedición que habían organizado en la universidad, ambos decidieron caminar por un arroyo cercano al campamento pero luego se fueron alejando corriente abajo sin darse cuenta, se detuvieron en unas rocas grandes que ayer conversando se confesaron su mutuo amor, lo que no dejo de estar acompañado de unos tímidos besos al principio, pero que luego se fueron volviendo cada vez más ardientes.
Normalmente Emma no le gustaba que la besara mucho, por lo que los besos entre ellos eran bastante extraños y muy poco frecuentes, por eso su amiga Alba bromeaba muchísimo con ella de que iba a permanecer virgen aún en el matrimonio. Pero en esta ocasión ambos se besaron sin freno alguno, quizás por la situación o por el hermoso e idílico lugar donde se encontraban. La situación se fue poniendo rápidamente el rosa claro al tinto oscuro dónde incluso Ryan le tocó los senos tímidamente por encima de la ropa, a lo que ella accedió sin mucho problema, pero cuando él introdujo su mano por debajo de sus faldas fue como si despertaran una alarma dentro de ella.
De inmediato le quitó la mano a Ryan de su intimidad y lo empujó para alejarlo de ella, acto seguido recompuso sus ropas y con un rostro descompuesto le pidió a Ryan que la llevara hasta el campamento, durante el camino a Emma le brotaron algunas lágrimas de los ojos porque se sentía muy culpable de haber provocado a su novio ella resentía mucho esa naturaleza fogosa que tenía y que siempre trataba de reprimir.
Aún desde niña cuando descubrió sin querer qué tocándose ella misma sus senos y su entrepierna sentía un exquisito placer, por lo que siguió con esa práctica hasta que era un adolescente, y en un sermón del reverendo un domingo en la capilla, este hablo duramente contra las personas que practicaban la masturbación, Emma no sabía exactamente de qué se trataba de eso porque desconocía el término, pero cuando le pregunto su madre y ella le explicó que era tocarse a sí misma término de inmediato con esa práctica, y durante mucho tiempo se siente avergonzada e indigna por eso, aunque a veces se sorprendía a sí misma tocándose de esa manera, por lo que vivía bastante tiempo en conflicto con su naturaleza ardiente.
Ryan era muy consciente de la timidez y su novia, pero estaba seguro que con el correr del tiempo ellos se acoplaría muy bien a la vida de casados, aunque él era muy tranquilo y pasivo en esas cosas fisicas. En eso recordó que no le había comentado a Emma que había iniciado negocios con una firma que tenía su base en otro estado y que tendría que estar viajando con alguna frecuencia por razones de negocios, porque él quería salir adelante ampliando sus negocios y diversificando la mercancía con la que trabajaba. El esperaba que eso no fuera un motivo de contrariedad entre ellos o en su matrimonio.
Mientras terminaba de ponerse el pequeño lazo en el cuello de la levita que había alquilado para la boda le llegaron unos mensajes de texto a su móvil, él lo tomó y cuando iba a abrirlos sonó una llamada de su querido amigo Luciano.
—"Hola, viejo Bribón —le dijo llamándolo de una manera que a él no le gustaba pero la toleraba porque era su mejor amigo y casi el único a quien le tenía absoluta confianza— Ya estás preparado para "la matanza""
Esa manera de expresarse de su amigo no le gustaba mucho pero la encontraba bastante graciosa, su amigo Luciano era un hombre de mundo, un aventurero a quien la estricta disciplina con la que habían criado a Ryan le espantaba. Mucho se preguntaban como bien podido llegar a ser tan buenos amigos, si sus naturalezas y caracteres eran tan opuestos.