—"No seas tan soez, Luciano —le dijo con seriedad pero sin molestarse, como siempre— Mira que estás hablando de mi futura esposa."
—"Lo sé, pero eso no la va a salvar, ¿Cierto? —le dijo, entre risas, su amigo— Tendrá que pasar por "las armas" como todas las recién casadas que llegan vírgenes al matrimonio"
Luciano continuó haciendo gala de su humor n***o e irreverente con respecto al matrimonio, para él, los que se casaban muy jóvenes, eran unos tontos porque sostenía que, para estar casado con una mujer toda una vida, había que disfrutar mucho antes de casarse. Además que uno debía llevar mucha experiencia al matrimonio sino se corría el riesgo de aburrir a la pareja con los consecuentes problemas que ello implicaba, "cuernos y cosas de esas" —como decía él.
—Eres terrible, ¿Sabías? —le dijo Ryan, echándose a reír ante las locuras de su amigo.
—Posiblemente —admitió con descaro y con una sonrisa sardónica en su rostro que, menos mal, su amigo no podía ver— Pero al menos tengo los conceptos básicos bastante claros. Y tú, vas a pasar algo de dificultades en tu matrimonio, mi querido amigo.
—¿A qué te refieres? —preguntó Ryan con auténtica curiosidad.
—En que ustedes son dos perfectos desconocidos en el aspecto físico —comenzó diciendo— Y, además, ambos son vírgenes, ¿No?
—Tú sabes que sí —dijo Ryan con algo de fastidio— ¿Y eso que tiene que ver?
—Mucho, mi querido amigo —le dijo en tono serio— ¿No sabes que el entendimiento en la cama es la base para un buen matrimonio? A veces los problemas y las dificultades se ahogan con facilidad en una buena noche de sexo con tu pareja, ¿Y si no tienes eso? ¿A dónde rayos te vas a refugiar?
Ryan se quedó en silencio durante largos segundos, en realidad no sabía si su amigo estaba hablando en serio o estaba en medio de una de sus bromas, como casi siempre. Y si estaba hablando en serio era peor, porque no tenía una respuesta para eso.
—Pues no sé qué decirte, Luciano —le dijo algo preocupado— Pero dicen que en el camino se enderezan las cargas.
—Pues deberías haberle preguntado al forajido de tu abuelo si eso era cierto, Ryan —le replicó rápidamente— Porque de mis abuelos aprendí que si la carga está mal acomodada lo que suele suceder en el camino es que se caiga.
Como su amigo dijo eso sin reírse, la preocupación de Ryan aumentó unos cuantos puntos y una pequeña arruga se le hizo en la frente al tratar de concentrar sus pensamientos.
—Pues no lo sé —le dijo con absoluta franqueza— Nos amamos profundamente, y eso hará que podamos entendernos en la cama también.
Luciano, contrario a su costumbre decidió quedarse callado y no seguir molestando con sus cosas a su amigo, pero si le preocupaba un poco esa situación, pero se imaginó que lo resolverían como los antiguos, a quienes incluso casaban sin haberse conocido sino unos días antes del matrimonio, como sucedía entre sus antepasados italianos en el siglo pasado (y algunos aún en el presente siglo según había escuchado). Por lo tanto decidió más bien apostar por su amigo y darle ánimo.
—En fin, viejo —le dijo con tono paternalista y cariñoso— Igual no te preocupes, las cosas estarán bien para ustedes, ya yo te he dado bastantes consejos y ahora es tu turno de aplicarlos. Y además te casas con una chica super maravillosa, ¿No es así?
—Por supuesto que sí —dijo alegremente y cobrando ánimo— Gracias, amigo, y encima de todo te tengo a ti de mi lado para que me aconsejes en cualquier situación que necesite, ¿No es verdad?
—Por supuesto que sí, Ryan —le dijo un poco emocionado por la fe que su amigo le tenía— Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿No es así?
—Lo sé —dijo Ryan suspirando— Y ahora déjame en paz o llegaré tarde a mi propia boda, ¡y tú también!
—Es cierto —contestó Luciano riéndose— Nos vemos, viejo.
—Chau, viejo —dijo Ryan.
—Chau —se escuchó por la bocina del celular y justo luego se colgó la llamada.
Luego de unos momentos de reflexión sobre lo que su amigo le había dicho, terminó de vestirse y agarrando la chaqueta de la levita salió de su cuarto para ir a buscar a su madre, ésta ya lo esperaba en la sala de la casa de la ciudad, de allí se irían a la hermosa iglesia donde sería la hermosa ceremonia matrimonial.
—Tardaste demasiado, vas a llegar tarde a la ceremonia —le dijo su mamá en tono agrio— No me gusta que quedes mal delante de los demás —su mirada era dura y su semblante adusto y con aire ofendido, pero su madre era así casi todo el tiempo, por eso no le hizo mucho caso.
—Pero ya estoy listo, madre —le contestó— Vamos.
Cuando llegaron a la ceremonia habían ya unos cuantos invitados ocupando parte de la nave central de la iglesia. Ryan se encamino hacia el altar donde ya lo esperaba un sonriente Luciano Martins vestido correctamente en su smoking de corte regio, el cual acaparaba las miradas de la mayoría de las solteras, y de algunas casadas, que estaban presentes.
Conversaron por un rato mientras esperaban el inicio de la boda, ya el ministro estaba dispuesto y solo esperaban a la novia. Ryan no pudo dejar de sentir un pequeño frío en el estómago pensando en qué pasaría si no llegaba, pero luego espantó esos tontos pensamientos, él sabía que ella llegaría.
A los pocos minutos se escuchó un pequeño alboroto anunciando que la novia había llegado, de inmediato comenzó a sonar el imponente órgano con una melodía nupcial. La novia apareció, hermosa, radiante y con cara de felicidad y nervios al mismo tiempo. Ryan se sintió orgulloso y enamorado, y su amigo Luciano le puso una mano cómplice sobre el hombro.
—Hermosa chica te llevas, bribón —le dijo bromeando, aunque una extraña sensación llenó su estómago.