Emma entró en la nave central de la iglesia y miró en el altar a su prometido que le sonreía en la distancia, eso le confortó el corazón y le redujo considerablemente los nervios que sentía, quizás por el viejo miedo de los novios de no encontrarse en la ceremonia nupcial, así que respiró un poco más tranquila antes de comenzar a caminar.
Detrás de su novio se veía el ministro que le sonreía con cariño y luego desvió la mirada un poco a la derecha, entonces vio al padrino, el mejor amigo de Ryan, vestido impecablemente en un smoking n***o que parecía que lo habían hecho exclusivamente para él. Sintió la misma vaga sensación de miedo e inseguridad que sentía cada vez que la miraba, o cuando entraba en algún lugar donde ella estaba. Siempre se había preguntado el porqué Luciano Martins la perturbaba tanto, pero de lo que si estaba segura era de que no le gustaba para nada, absolutamente para nada.
La ceremonia fue hermosa y luego la recepción estuvo espectacular, en un hotel de la ciudad, que sin ser un cinco estrellas al menos dió la talla, Emma de hecho se preocupó por el gasto, ella sabía que Ryan tenía su propio negocio pero tampoco era millonario, así que pensó en comentarle lo del gasto, como buena administradora que era.
—Mi amor —le dijo mientras bailaban una suave melodía en el salón después de llegar— No te parece que has gastado demasiado en esta recepción —le dijo un poco con timidez y o nsando en que ojalá él no se molestará por ello— Lamento fijarme en eso en lugar de disfrutar, pero me preocupa que hayas gastado tus ahorros en todo esto.
Ryan no contestó de inmediato, se separó un poco para mirarla divertido, con una gran sonrisa en los labios al ver la cara de preocupación de ella.
—Gracias por el crédito, cariño —le dijo conteniendo un poco la risa— Pero la verdad es que yo no puedo soportar un gasto como éste ¡y tampoco tengo tanto ahorrado! —terminó diciendo en medio de su risa.
—Y entonces —ella lo miró un tanto confundida— ¿De dónde salió todo el dinero para cubrir este gasto? —preguntó con curiosidad, aunque una sospecha se abría paso en su corazón.
—No te preocupes, mi amor, ya podrás revisar todas mis cuentas para que veas que no estoy metido con el narco tráfico —Ryan reía divertido de su propia broma.
Ella lo miró seriamente por lo que él se apresuró a dejar de reír y a explicarle lo que había sucedido.
—Lo siento, mi amor, porque debí decirte para que no te preocuparse, aunque pensé que casarte conmigo te iba a tener distraída, pero ya que no ha sido así te contaré —lo dijo todo atropelladamente para que ella escuchara todo de una vez— Todo esto ha sido un regalo de Luciano y su familia, es parte de nuestro regalo de bodas.
Una pequeña arruga se marcó en la frente de ella al pensar en lo que decía Ryan, o más bien por haber comprobado la sospecha que había tenido en su corazón.
—Me lo imaginé —fue todo lo que alcanzó a decir, para no soltar todo lo que tenía en su pecho desde hace bastante tiempo.
Para Emma la actitud de Ryan con respecto a su amigo Luciano nunca le había gustado mucho, porque sentía que era una especie de mala influencia para su novio. Pero Ryan lo adoraba, y ella entendía, en gran parte, las razones para ello, primero que Luciano era un par de años mayor que su novio, ahora su esposo, y Luciano siempre fue sobreprotector con él cuando Ryan entró en la universidad, porque algunos chicos lo molestaban por ser pueblerino, pero Luciano se había encargado de ponerlos en sus sitio adoptando a Ryan como a un hermanito menor.
Pero lo cierto era que, aparte de todo lo que Luciano había hecho por él, Ryan admiraba la seguridad y la forma de ser de su amigo, quizás porque era todo lo que él mismo no podía o no había podido ser. Ryan era sumamente tímido mientras que Luciano era totalmente extrovertido, era aventurero, bromista y bonachón, tenía un increíble sentido del humor y era muy inteligente, aparte de que físicamente era todo lo que hubiera deseado ser él mismo, Luciano le sacaba casi una cabeza de estatura y eso que el medía casi el metro ochenta de estatura.
Además, Luciano siempre andaba despreocupado por el dinero, mientras que su padre lo había enseñado a ser sumamente comedido en los gastos y en las cosas que podía permitirse para no incurrir en gastos innecesarios. Luciano nunca se jactaba del dinero que tenía él o su familia y no fue hasta que alguien le habló de los multi millonarios padres de Luciano, que supo de la fortuna que te iba su más querido amigo y protector.
—Espero que no te molestes mucho, mi amor —le dijo algo apenado— Pero tu sabes lo importante que es Luciano para mí, es mi mejor amigo. Emma suspiró ante el comentario de su esposo.
—Lo sé, amor —le dijo suavizando un poco el tono de voz, porque se había dado cuenta que las palabras que dijo habían salido con total frialdad, porque siempre le había molestado la influencia que Luciano ejercía sobre su esposo— Sé lo importante que es para tí y no tengo derecho a preocuparme, lo siento.
—Claro que lo tienes, mi linda tontita —le dijo Ryan conciliador— Eres mi esposa —le dijo ésto al mismo tiempo que le daba un tierno beso en los labios.
Emma cerró un poco los ojos mientras se dejaba besar por su ahora esposo, pero el instinto le hizo abrirlos solo para ver que Luciano los miraba con una sonrisa de diversión en los labios. La vaga sensación de desasosiego volvió a llenarle el estómago.
«Hasta cuando tendré que tenerlo cerca» —pensó— esperaba que después de la boda no estuviera cerca de ellos nunca más.