Garrido nos vio como siempre, igual si no hubiera pasado nada. Sonriente, distendido, despeinado, con los ojos despreocupados y el rostro jovial e indiferente pese a los tubos en su boca y nariz, el suero y la infinidad de aparatos rodeando su cama. -Parece que no han dormido, chicos-, bromeó recostado a su almohada, respirando con dificultad. El doctor nos pidió no acercarnos mucho a él. -Nos asustaste-, le dije poniendo mis manos en la boca. -Bah, solo fue un rozón-, volvió a sonreír él. El médico nos informó que debía descansar por lo menos un par de meses. -Bien, teniente, estás a cargo-, sopló él tratando de ensanchar su pecho. El doctor exigió que Garrido no hiciera fuerza. -Será un honor, señor-, dije divertida. Garrido sacó fuerzas para hacer una broma pesada. -Pero por fav

